Sobre este blog

La novela presentada en este blog tiene sus orígenes como fan-fic inspirado en el juego "Corazón de Melón" adoptando sus personajes, sin embargo, la historia es totalmente original y propiedad absoluta de la escritora bajo el seudónimo de "Elwing de Darok".

Esta producción cuenta con una novela hermana escrita por una muy buena amiga, que ha tenido una participación activa en la construcción de esta novelita/fanfic y, particularmente, en el personaje de Alex (y que pueden leer en el siguiente blog http://defrentealaverdadayc.blogspot.com.ar/ )

Todo el contenido de este blog es propiedad de sus respectivos autores, no se pretende hacer plagio sino dar a conocer una producción aún en gestación, por lo tanto, no pretendo obtener crédito por producciones ajenas (imágenes, canciones, etc.) que, de ser así requerido, serán removidas inmediatamente de esta página web.

Sin más aclaraciones pendientes, les agradezco profundamente el formar parte de este humilde proyecto que he decidido llevar adelante. Gracias a todos aquellos que se toman el trabajo de leer. Y un Gracias especial a mi Nee-Chan, quien fue testigo de los inicios de esta obra y decidió subirse a esta montaña rusa que hoy por hoy nos llena de satisfacciones.

Y sobre todo lo demás, quiero dedicarle estas palabras a mi hijo, mi fuerza y mi motor para seguir adelante, por vos lucho peque...


*Por el diseño de blogspot, las últimas publicaciones se ubican en la parte superior, por este motivo, la lista de capítulos en orden está colocada en el extremo izquierdo de la página.

domingo, 7 de julio de 2013

Capítulo 23 – Pesadilla -

Los viernes entraba una hora más tarde a dar clases, así que ese día llevé a Mini al jardín, compré unas cosas de vuelta a casa y me puse a ordenar un poco el departamento antes de irme. Miré el reloj, se me había hecho tarde, tenía sólo 10 minutos para llegar al instituto. Me puse un saquito y cuando estaba por agarrar el maletín sonó el timbre ¿a esta hora?. Abrí la puerta y un empujón me tiró contra el piso.
-Qué te pensás que sos, paseando de la manito con ese pelotudo y con mi hija. Me tenés harto pendeja-
Intenté gritar, no pude. Intenté ponerme de pie, un golpe me devolvió al suelo. Sólo pude cerrar mis ojos y rogar.
No sé cuánto tiempo pasó desde que se fue, tampoco sé decir con exactitud cuánto tiempo estuvo golpeándome. Mi mente se extravió y cuando abrí los ojos, estaba sola. Un punzante ardor se agudizó en lo profundo de mi alma, y me derrumbé en llanto. Estaba devastada, no era nada. No importaba qué tan lejos intentara escapar, él tenía total dominio sobre mi vida y mi muerte, aún hacía lo que quería y yo aún no podía ser libre, de hecho, empezaba a sospechar que nunca lo sería.
El sonido del timbre me despertó de mi letargo, me acurruqué aún más sobre mí misma, estaba aterrada.
-Sam, soy yo, Nath. ¿Estás bien? Hace 2 horas que te estoy llamando al celular, por favor abrime-
El llanto me desbordó una vez más, no podía abrirle, no podía permitir que me viera de ese modo. Y, además, no podía permitir que otro hombre se acercara a mí. Recordé todos esos viejos miedos, ¿y si Nath era como él? ¿y si la pesadilla se volvía a repetir?. Por eso no podía enamorarme, por eso no tenía que haberme acercado tanto a Nathanael.
-Sam, por favor, sé que estás ahí, por favor, confiá en mí-
 No, Nath era distinto, él siempre me cuidaba y siempre estaba ahí cuando más lo necesitaba.
Intenté pararme, un fuerte dolor en mi costado derecho me hizo volver a caer, recordé una patada, la última antes de irse. Me apoyé en una silla y me puse de pie –Pasá- grité antes de dejarme caer en la cama.
Nath entró y su cuerpo se paralizó al ver las gotas de sangre en el piso y luego corrió hacia mí. Me acarició con dulzura y desesperación. –Sam ¿qué pasó?-
Desvié la mirada -¿No es obvio?-
Sus ojos se llenaron de ira y nuevamente de dolor y preocupación. Corrió mi pelo y me dio un tierno beso en la frente. Luego fue al baño y trajo un balde con agua y una esponja. Poco a poco fue lavando mis heridas. Miré entonces el reloj.
–Tengo que ir a buscar a Mini al jardín-
-Tranquila, yo me encargo- Tomó su teléfono –Mierda, no tengo batería, ¿puedo usar el tuyo?-
Asentí y le señalé mi bolso sobre la mesa, marcó un número –Alex… ¿Castiel?, no cortes, soy Nathanael… ¿podés decirle a Alex que vaya a buscar a la nena de Sam al jardín y la cuide un par de horas?... ¡Por una vez en tu vida no seas tan cabeza dura! ¡Sam no está bien! … Gracias, te debo una.-  cortó y me acarició nuevamente. –Ya está solucionado, Alex va a cuidar a Mini. Ahora tenemos que ir al hospital-
Llamó un taxi y me ayudó a incorporarme, apenas podía mantenerme en pie. Guardó las llaves de mi departamento, mi celular y mi documento en su campera y me alzó en sus brazos. Bajó llevándome así los 4 pisos por escalera. Varios vecinos nos miraron con preocupación, en especial porque, según me enteré después, algunos habían escuchado mis gritos.
Cuando llegamos a la vereda, el taxi nos estaba esperando. Nath me ayudó a entrar con cuidado y se sentó a mi lado. Para complicar aún más las cosas, el hospital de la zona estaba de paro, hacía meses que el gobierno no enviaba suministros y los médicos, enfermeros y auxiliares no habían cobrado aún sus sueldos. Así que el camino se hizo más largo que lo esperable.
Apenas era consciente de lo que sucedía a mi alrededor, me sentía débil, muy débil, pero sobre todo vulnerable. Incluso vulnerable ante Nath, él era mi guardián, mi protector, y yo, la nena tonta a la que tenía que rescatar siempre de sus propios fantasmas. El vaivén del auto me estaba adormeciendo, recosté mi cabeza en el hombro de Nath y cerré los ojos, él me acariciaba y me hablaba dulcemente para que no me durmiera.
Llegamos al fin al hospital, a pesar de mis quejas, Nath me cargó en sus brazos nuevamente. Una vez dentro me depositó con cuidado en una silla y fue hacia mesa de entrada. Bastante tiempo después volvió. –Hay que esperar un rato más- se sentó a mi lado, con su brazo rodeó mi cuerpo y me llevó dulcemente a recostarme en su hombro mientras me acariciaba con ternura.

Tras una larga espera, desde la guardia gritaron mi apellido y me atendieron. Tenía algunos golpes fuertes y varios cortes, pero nada que revistiera gravedad. Una policía de la división de familia, entró a la habitación y se acercó a hablarnos, tomó nuestros datos y los testimonios de lo sucedido, así como el diagnóstico de los médicos.

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