-Tenés que
luchar, volvé a mí -
Esa voz, no
puede ser, si él está… pero estoy segura, es Nath. Poco a poco comencé a abrir
los ojos, apenas podía mover mi cuerpo y algo me impedía hablar ¿dónde estoy?.
Estaba acostada, sólo podía ver un techo blanco en una habitación en penumbras.
-Por favor, abrí
los ojos, tenés que despertar-
Giré como pude
mi cabeza en busca de esa voz, estaba segura que era él. Con la cabeza oculta
entre sus brazos apoyados en la mitad de la cama, un chico rubio de cabellos
despeinados susurraba un ruego. ¡Es Nath! ¡está bien! ¡está a salvo!. Quise
gritar su nombre, pero el tubo en mi garganta me lastimó, me moví en la cama y
él levantó su mirada.
Su rostro se
iluminó de pronto, saltó de su silla y comenzó a llamar a gritos a la enfermera
mientras me acariciaba y me decía que me quedara tranquila y a su lado, que
todo estaba bien y que me amaba.
La calidez en su
voz me devolvió la paz, algunas lágrimas se escaparon sin permiso de mis ojos,
nublando un poco mi mirada. Dos enfermeras y un médico entraron a la habitación,
sobresaltados por causa de los gritos de Nath. Lo apartaron de mi lado mientras
me examinaban y me quitaban poco a poco y después de varias pruebas, los
distintos artefactos a los que estaba conectada. No podría decir con certeza
qué hicieron, ni cuánto tiempo estuvieron ahí. Sólo me limité a responder sus
preguntas mientras mis ojos seguían fijos en Nath, quien me observaba con una
sonrisa desde un extremo de la habitación.
Finalmente nos
dejaron nuevamente a solas. Tosí para aclarar mi garganta, aún entumecida por
el tubo de respiración. Nath se sentó a mi lado. Alcé mi mano y acaricié su
rostro, lucía tan cansado. Sus ojos mostraban las señales del sueño postergado
y la barba de varios días cubría su cara. Él me beso con gran cuidado y se disculpó
por estar tan poco presentable. Negué con la cabeza y una sonrisa y “Mi guardián”
fueron las primeras palabras que mis labios liberaron. Las lágrimas inundaron
mis ojos y él me besó nuevamente, con mucha más pasión pero con el mismo
cuidado que antes.
-¿Qué pasó?
¿dónde está Mini?- pregunté al fin
-¿No recordás
nada?-
Negué con la
cabeza. Suspiró y acarició uno de mis mechones con nostalgia, de pronto lo
noté, mis largos bucles ya no estaban, mi cabello apenas llegaba bajo mis
orejas.
-Tuvieron que cortarlo, pero hablé con una
enfermera y pude recuperarlo casi todo, lo tiene Mini en un cofrecito, ella
está con tus padres, está bien, es muy tarde ahora así que deben estar
durmiendo.-
Mi mirada atenta
le indicó que debía continuar, él suspiró.
-Estuviste 11
días en coma. De hecho…- su voz se quebró, pero agitando su cabeza de lado a
lado se sobrepuso nuevamente –estás bien y es todo lo que importa.-
-¿Coma? ¿y cómo
caí en coma?-
Respiró
profundamente antes de continuar –Imaginaba cómo iba a ser contarte esto cuando
despertaras, aunque los médicos perdieron las esperanzas con el transcurso de
los días. No pensé que me iba a costar tanto.-
Acaricié su
rostro y le sonreí, él me regaló una sonrisa de vuelta y continuó
-Estábamos
saliendo de la escuela cuando me di cuenta que me faltaba el celular, si tan
sólo no hubiese sido tan idiota como para olvidarlo en preceptoría, o si me
hubieses acompañado a buscarlo nada de esto hubiese pasado.-
-No es tu culpa
Amor- dije acariciándolo nuevamente, intentando calmar la culpa que lo carcomía
por dentro.
-Escuché un tiro
y cuando salí al patio te vi tirada en la entrada. Melody estaba conmigo y
llamó a la ambulancia, yo corrí hacia donde estabas, pero no pude hacer nada,
te dormiste en mis brazos.-
Dos lágrimas
corrieron por sus mejillas pero las secó rápidamente. Los recuerdos comenzaron
a volver poco a poco, sí, recordaba ese mediodía, había sido…
-¿Fue <él>
no?-
Nath asintió con
la cabeza –Cuando estaba a tu lado se escuchó otro tiro, te cubrí creyendo que
iba hacia nosotros pero cuando levanté la cabeza lo vi tirado en la vereda.-
-¿Se pegó un
tiro? ¡decime! ¿está bien? ¿Guido está bien?- Nath me miró con sorpresa e
interrogación.
-¿Todavía te
preocupás por él después de todo lo que te hizo?-
Bajé mi mirada
al comprender que quizás había sido demasiado cruel preguntarle a Nath, quien
me había cuidado todo este tiempo, por el bienestar del hombre que había
convertido mi vida en un cuento de horror, pero ni siquiera había controlado
mis palabras, habían salido sin permiso de mi boca. Mal o bien, él era el padre
de mi hija, necesitaba saber cómo estaba.
Nath me acarició
y levantó mi rostro hasta encontrarnos nuevamente frente a frente.
-Disculpame, no
te tendría que haber contestado así. Él no va a volver a molestarlas Sam. Se
mató ese día. Quería llevarte a vos con él, pero luchaste, y acá estás-
Una mezcla de
dolor y alivio recorrió mis venas -¿Cómo está Mini?-
-Triste, pero
bien, ella nos dio fuerzas a todos. Viene todos los días a verte y te habla y
almuerza a tu lado. Está esperando ir a las hamacas con su mamá otra vez.-
Lágrimas de
emoción escaparon esta vez por mis ojos. Mi mirada se nubló.
-Sam, ¿estás
bien?- me preguntó Nath con preocupación.
-Sí, pero tengo
sueño-
-Es normal,
descansá, fue demasiado esfuerzo todo esto. Tranquila, acá estoy y siempre voy
a estar. Te Amo.-