Eran cerca de las 2 cuando Castiel finalmente
abrió la puerta, Alex fue tras él y Nath y yo aprovechamos la situación para
irnos a dormir. Nos despedimos en la puerta de mi habitación con un abrazo y
tras compartir una leve mirada y una sonrisa desde la puerta entré a la
habitación, me puse mi pijama y me acosté.
Cuando desperté eran pasadas las 11,
estaba segura que Alex no se había acostado. Me peiné, me vestí y fui a la
cocina, donde estaba ella tomando mates; nuestras miradas se cruzaron, ambas
estábamos preocupadas por los chicos. Me preguntó sobre lo que había pasado,
pero yo le había prometido a Nath no decir nada del asunto, y ni siquiera por
mi nee-san podía romper esa promesa.
El aire durante el almuerzo podía
cortarse con cuchillo, nadie quiso o fue capaz de romper el silencio, incluso
Alex que siempre era tan efusiva estaba perdida en sus propios pensamientos.
Después de almorzar y limpiar un poco, Castiel fue a la galería con su guitarra
y Nath se recostó en un sillón a leer.
Al quedar solas, Alex me guiñó un ojo
y sonriendo dijo –Tengo un plan- y, como siempre, temblé.
Preparé los ingredientes y horneé una
torta mientras mi hermanita hacía y deshacía dibujos en su cuaderno. En cierto
modo, parecía que los cuatros intentábamos relajarnos a nuestra manera.
Llegaron las 5 de la tarde. Alex
preparó el mate y a viva voz nos citó en la galería y no permitió siquiera que alguien osara insinuar
una palabra en contra de la idea. Y entre mate y torta comenzó el temido juego:
“Verdad-Consecuencia”. Las preguntas comenzaron inocentes pero se iban
agudizando vuelta a vuelta, hasta que Alex dio el golpe en la herida: -Cast
¿cómo conociste a tu primera novia?-, su rostro pasó de la sorpresa a la ira en
cuestión de segundos, clavó la mirada en Nath, luego en Alex y se paró
rápidamente, gritando casi que el juego era realmente estúpido, antes de
alejarse hacia el monte que había a pocos metros de la cabaña sin inmutarse
siquiera por la copiosa lluvia que aún caía. Al cabo de unos minutos de
silencio, Alex fue tras él.
Nath y yo nos miramos entonces, los
dos sabíamos por qué esa pregunta lo había herido tanto, pero no nos atrevimos
a hablar del asunto. Nath bajó la cabeza,
y llevó a la cocina la bandeja del mate, yo hice lo mismo con la de la
torta.
Fui a mi habitación y busqué mi
notebook, al volver a la sala, vi que él estaba acostado en el sillón mirando
el techo. Prendí mi pc y puse música, una vieja canción que calmaba mis
nervios. Me senté en el piso, cerré los ojos y dejé que la música inundara
hasta lo más profundo de mi ser y sin darme cuenta siquiera, mi cuerpo comenzó
a recordar aquello que tanto amaba, aquello a lo que había renunciado al
descubrir mi embarazo. Y con mis ojos aún cerrados, como si el tiempo se hubiese
detenido comencé a bailar.
Abrí los ojos
poco después que los últimos acordes dejaron de sonar. Poco a poco volvía en
sí, volvía a la realidad, al momento presente del que me había abstraído por
completo. Nathanael estaba sentado en el sillón mirándome sonriendo. Bajé mi
mirada en una sonrisa nerviosa y sonrojada al descubrir sus ojos fijos en los
míos.
Alex volvió
entonces, con su semblante triste, y sin
Castiel. No dijo una palabra y se encerró en el baño. Puse otra canción y me
senté al lado de Nath, recostando mi cabeza en su hombro mientras él me
acariciaba dulcemente. Estaba a punto de quedarme dormida cuando vimos entrar a
Castiel, ni siquiera nos dedicó una mirada, Alex acababa de salir de darse una
ducha y lo miraba desde el pasillo, él entró sin más al baño y cerró la puerta
tras de sí. Ella se detuvo unos segundos con la mirada perdida en un punto en
la pared y luego entró a la habitación. Nath y yo contemplamos la escena sin
atrevernos a respirar casi, con miedo de que el menor movimiento generara una
bola de nieve sin retorno.
Poco más tarde
la vimos salir sin decir palabra a la galería con su guitarra, seguida minutos
después por Castiel. Nath y yo nos quedamos sentados en el sillón, escuchando
música, sin atrevernos a romper el silencio, ninguno pronunció palabra, no las
necesitábamos, por algún motivo en nuestro interior sabíamos que en cierta
forma, al final, todo iba a estar bien. Ninguno de nosotros estaba sólo ahora,
ni Alex, ni Cast, ni él, ni yo.
Había pasado
cerca de una hora, mi “almohada” que había comenzado siendo el hombro de Nath
era ahora sus rodillas, él aún me acariciaba el pelo mientras leía. Vimos
entrar entonces a Castiel, inmutable como siempre, seguido por Alex que me
dedicó una sonrisa antes de entrar a nuestra habitación. Y ahí fue cuando
ocurrió, Castiel echó al pasillo las maletas de Nath mientras Alex entraba a la
que había sido la habitación de los chicos con las suyas a tal velocidad que ni
Nathanael ni yo pudimos siquiera decir
“a”. Nos pusimos de pie y fuimos hacia el pasillo, en la puerta de la
habitación en la que ellos estaban había un cartel pegado donde claramente se
leía con letra de Alex “NO MOLESTAR” y una divertida carita chibi guiñando un
ojo. Nath y yo nos miramos desconcertados, bueno, realmente no estábamos tan
desconcertados, teníamos edad suficiente para darnos cuenta lo que esa
situación significaba, así que tomamos las cosas de Nath que estaban
desperdigadas por el piso del pasillo y las llevamos a la otra habitación.