Nueve días
pasaron ya desde la última vez que fui Samantha. Poco a poco los recuerdos de
mi vida como Selene comienzan a regresar a mi mente y mi vida “real” parece
convertirse en un sueño.
La tarde
transcurre pacíficamente, como todas hasta ahora. Nath lee recostado en el
pasto mientras yo me hamaco suavemente. Sentarme en esta hamaca me hace sentir
tan bien, cuando me columpio el tiempo se detiene, sólo soy yo con mis
pensamientos, yo, ni Sam ni Sel, simplemente yo.
El sonido de
unos cascos chocando contra el suelo en la distancia se vuelve más y más
cercano, hasta revelarnos un jinete que se aproxima a toda velocidad a nuestra
pequeña casa. -¿Castiel?-Nath y el jinete me miran sorprendidos.
-Parece que la
princesita empieza a recordar- dice con cierta ironía Castiel, mientras Nath
asiente con una sonrisa; la expresión de su rostro devela un gran alivio, como
si poco a poco se liberara de un profundo peso depositado en sus espaldas.
Nuevamente estoy confundida ¿empiezo a recordar? ¿qué es lo que tengo que
recordar? ¿Por qué tanta sorpresa cuando llamé Castiel, precisamente a Castiel?
Intercambian unas miradas serias y entramos a la casa.
-Es hora- dice
de pronto Castiel –El Lord nos está convocando, se acerca el final-
La mirada de
Nath se hace más profunda y se pierde en un punto en la pared minutos antes de
mirarme, sus ojos destilan ahora una antigua preocupación, algo que parecía
haber querido olvidar. Se pone de pie de pronto, me toma de una mano y me lleva
arriba, a nuestra habitación. Una vez allí me estrecha en un fuerte abrazo.
-¿Recordás algo
Sel?-
No puedo
mentirle, no tengo idea qué está sucediendo por lo que bajo la mirada y niego
con la cabeza. Él suspira y me abraza nuevamente.
-Tu padre,
tenemos que ir a ver a tu padre- dice con un profundo pesar que se acrecienta
con cada una de sus palabras. Lo abrazo.
-Todo va a estar
bien, mientras esté a tu lado- le digo justo antes de besarlo.
Nos miramos a
los ojos y nos ponemos en acción, él prepara unas mochilas mientras yo cambio
mi vestido por ropa de viaje.
Bajamos la
escalera, Castiel está recostado en una silla, masticando un palillo. –Ya era
hora- musita –Voy a adelantarme para despejar el camino y avisar que ustedes
están yendo- Y apenas termina de decirlo, sale por la puerta, sube a su caballo
y se pierde en el horizonte.
Nath va entonces
en busca de Trueno, su caballo, mientras yo termino de poner a dormir nuestra
casa. Ese había sido mi hogar y ahora debía abandonarlo para reencontrarme con
un padre que no podía recordar y por circunstancias que, aunque no conocía,
sentía que no eran buenas. Una lágrima rueda por mi mejilla derecha, siento un
calor conocido que me aprieta en un abrazo. –Tengo miedo de perderlo todo- digo
dejando finalmente paso libre a mis lágrimas que caen una tras otra sin permiso
y sin pausa mientras él me aprieta contra su pecho.
Sube luego a su
corcel y me extiende la mano para ayudarme a subir detrás de él y así lo hago.
Cabalgar es algo que sé hacer bien, ya que lo hacía todos los fines de semana
en casa de mis abuelos durante mi niñez y adolescencia.
Ninguno ha
pronunciado palabra aún, nos encontramos sumidos en nuestros propios
pensamientos cuando el crepúsculo nos encuentra llegando a una encrucijada.
Nath detiene el caballo.
-Sel, si
seguimos por ese camino llegaremos a la ciudad en más o menos una hora, pero
quiero ir a otro lugar antes, si te parece bien claro.-
Asentí, confío
plenamente en él, ¿por qué no habría de hacerlo?
Cabalgamos largo
rato hasta llegar a un bosque, nos internamos poco a poco en él y llegamos a un
claro con una pequeña cascada. Este lugar, hay algo demasiado familiar en este
lugar.
-¿Recordás
algo?- me dice Nath mientras baja del caballo, yo lo había hecho segundos
antes.
Mis ojos
escrutan todo a mi alrededor -Sí, sí recuerdo- Mis labios comienzan a
pronunciar sin permiso los pensamientos que llegan lento pero sin pausa a mi
mente -Recuerdo haber salido a escondidas aquella noche de luna de la ciudad,
recuerdo haber llegado hasta este mismo lugar, al igual que muchas otras veces
antes. Pero esa noche algo había sido distinto, había sentido una presencia
tras de mí, siguiéndome a pocos metros. No me asusté, su esencia era pura y
curiosa, no había en su aura más que calor y amor. Al llegar al bosque corrí
hacia este claro y entré en una cueva tras la cascada- Camino hacia la oscura
masa montañosa de la que brota el agua, inspecciono la piedra y corriendo unos
arbustos que esconden la entrada, encuentro una pequeña cueva. Nath me mira
sereno y en silencio. –Recuerdo que pocos minutos después mi persecutor llegó
hasta este lugar, sus ojos brillaron cuando los tenues rayos de luna lo
rozaron, él miró la cascada y tras unos segundos de duda comenzó a alejarse
cabizbajo. Me sentí embrujada, abandoné mi escondite y caminé hacia él, que
giró hasta encontrarnos frente a frente.-
Por un segundo
vuelvo a la realidad y miro a Nath, una
dulce sonrisa se dibuja en sus labios, mientras la tenue luz de la luna brilla
en sus cabellos y en sus ojos. Camino hacia él y lo abrazo. –Fue en este lugar
donde nos conocimos ¿no?- le pregunto. Él me aprieta aún más fuerte entre sus
brazos y en mi oído susurra. –Este es el lugar donde mi corazón volvió a
latir.-