Sobre este blog

La novela presentada en este blog tiene sus orígenes como fan-fic inspirado en el juego "Corazón de Melón" adoptando sus personajes, sin embargo, la historia es totalmente original y propiedad absoluta de la escritora bajo el seudónimo de "Elwing de Darok".

Esta producción cuenta con una novela hermana escrita por una muy buena amiga, que ha tenido una participación activa en la construcción de esta novelita/fanfic y, particularmente, en el personaje de Alex (y que pueden leer en el siguiente blog http://defrentealaverdadayc.blogspot.com.ar/ )

Todo el contenido de este blog es propiedad de sus respectivos autores, no se pretende hacer plagio sino dar a conocer una producción aún en gestación, por lo tanto, no pretendo obtener crédito por producciones ajenas (imágenes, canciones, etc.) que, de ser así requerido, serán removidas inmediatamente de esta página web.

Sin más aclaraciones pendientes, les agradezco profundamente el formar parte de este humilde proyecto que he decidido llevar adelante. Gracias a todos aquellos que se toman el trabajo de leer. Y un Gracias especial a mi Nee-Chan, quien fue testigo de los inicios de esta obra y decidió subirse a esta montaña rusa que hoy por hoy nos llena de satisfacciones.

Y sobre todo lo demás, quiero dedicarle estas palabras a mi hijo, mi fuerza y mi motor para seguir adelante, por vos lucho peque...


*Por el diseño de blogspot, las últimas publicaciones se ubican en la parte superior, por este motivo, la lista de capítulos en orden está colocada en el extremo izquierdo de la página.

jueves, 30 de mayo de 2013

Capítulo 20- Junto a ti- (capítulo con contenido erótico)

Esperamos a los chicos para cenar todo el tiempo que pudimos, pero parecía que su “conversación” tenía para rato aún, así que preparamos una pizza y la comimos sentados en el piso de la galería, esta sería nuestra última noche aquí, mañana al mediodía emprenderíamos el largo viaje de vuelta a la rutina diaria. La lluvia nos había aguado todo el fin de semana, pero podría decirse que había sido algo bueno, ya que de otra manera no hubiésemos podido conocernos tanto.
Después de cenar nos quedamos unos largos minutos contemplando la lluvia, todo era tan pacífico, nuestras almas se llenaban del sonido de la noche; sólo lamentaba no haber podido ver las estrellas. Una mirada fue suficiente para saber que era hora de irnos a dormir; limpiamos un poco y fuimos a la habitación. Nath se bañó primero, mientras yo terminaba de acomodar mis maletas, luego fue mi turno. Cuando volví al dormitorio, él estaba recostado sobre la cama tendida, en pijama y leyendo la tercera novela policial desde que habíamos salido de casa.
Lo miré divertida y me respondió la mirada con una sonrisa repleta de incertidumbre
-No no no- le dije riéndome –no quiero quedarme dormida tan pronto, esta vez la lectura la elijo yo- él no pudo evitar soltar una carcajada al oír mis palabras, recordando aquella vez que nos habíamos quedado dormidos en el piso de mi departamento leyendo una de sus novelas policiales.
-¿Qué proponés entonces?- dijo mientras marcaba la página y cerraba el libro.
Me di vuelta y busqué en mi bolso de mano el paquete que había comprado esa mañana que los encontramos peleando. –Esto- le dije extendiéndoselo. Agarró el paquete intrigado y con una sonrisa rompió el papel y leyó en voz alta “El faro del fin del mundo” de Julio Verne. Entonces  extendió su brazo sobre la almohada, mientras con la cabeza me hacía una seña para que me sentara a su lado, y así lo hice, bueno, no exactamente. Comencé sentada a su lado, pero a medida que el tiempo pasaba y los calambres propios de las posiciones incómodas nos atacaban sin piedad, me descubrí sentada entre sus piernas y con mi espalda apoyada en su pecho.
Llevábamos casi media novela leída cuando ocurrió, sus brazos disminuyeron la tensión dejando colgar el libro de sus manos, mientras su rostro buscaba refugio en mi hombro. Incliné mi torso, él levantó su cabeza y nos encontramos uno frente al otro, sin ninguna otra barrera entre nosotros más que el aire que exhalaban nuestros pulmones, sentí el roce de su aura contra la mía, y en un momento sin tiempo nos fundimos en un beso, un beso tan ansiado, donde todo lo ajeno dejó de existir, donde no había más realidad que la de ese instante, donde todo, al fin, era perfecto.
Nuestros rostros fueron alejándose poco a poco, nuestras miradas se cruzaron y sonreímos sonrojados. Giré sobre mí misma y lo abracé fuertemente, quedando con mi cara contra su pecho. Permanecimos en silencio largo rato, uno en brazos del otro, casi temiendo hacer algo que rompiera ese momento de perfección. Él acariciaba mi cabello y yo me hundía más y más en el acompasado sonido de sus latidos.
Levanté mi mirada lentamente, hasta encontrarme nuevamente ante sus dulces ojos ambarados, una hermosa sonrisa se dibujó en su rostro. Lo besé una y mil veces, y una y mil veces me correspondió. Así, gota a gota dejamos correr por nuestras venas la pasión y la lujuria contenidas desde aquella primera mirada.
Sus caricias, tímidas al principio, comenzaron a recorrer sin permiso mi piel, mientras sus besos me embriagaban de pasión. Y la ropa se volvió una barrera demasiado molesta. Sus manos firmes las arrancaron de mi piel, mientras que las mías, algo torpes por la mezcla de timidez y ardor lo liberaron lentamente de las suyas.

Entonces sus besos abandonaron mi boca y corrieron por mi cuello, mientras sus manos, ya sin recaudos, me envolvieron en caricias que me ataban con cuerdas invisibles a su cuerpo. Y la danza continuó, y antes de darme cuenta me encontré en su poder, embriagada de deseo, dejándome llevar por ese hombre a un paraíso terrenal en el que no había más que dos mortales fusionados en uno.

jueves, 16 de mayo de 2013

Capítulo 19 – Acompáñame a estar sólo -

Eran cerca de las 2 cuando Castiel finalmente abrió la puerta, Alex fue tras él y Nath y yo aprovechamos la situación para irnos a dormir. Nos despedimos en la puerta de mi habitación con un abrazo y tras compartir una leve mirada y una sonrisa desde la puerta entré a la habitación, me puse mi pijama y me acosté.
Cuando desperté eran pasadas las 11, estaba segura que Alex no se había acostado. Me peiné, me vestí y fui a la cocina, donde estaba ella tomando mates; nuestras miradas se cruzaron, ambas estábamos preocupadas por los chicos. Me preguntó sobre lo que había pasado, pero yo le había prometido a Nath no decir nada del asunto, y ni siquiera por mi nee-san podía romper esa promesa.
El aire durante el almuerzo podía cortarse con cuchillo, nadie quiso o fue capaz de romper el silencio, incluso Alex que siempre era tan efusiva estaba perdida en sus propios pensamientos. Después de almorzar y limpiar un poco, Castiel fue a la galería con su guitarra y Nath se recostó en un sillón a leer.
Al quedar solas, Alex me guiñó un ojo y sonriendo dijo –Tengo un plan- y, como siempre, temblé.
Preparé los ingredientes y horneé una torta mientras mi hermanita hacía y deshacía dibujos en su cuaderno. En cierto modo, parecía que los cuatros intentábamos relajarnos a nuestra manera.
Llegaron las 5 de la tarde. Alex preparó el mate y a viva voz nos citó en la galería y no  permitió siquiera que alguien osara insinuar una palabra en contra de la idea. Y entre mate y torta comenzó el temido juego: “Verdad-Consecuencia”. Las preguntas comenzaron inocentes pero se iban agudizando vuelta a vuelta, hasta que Alex dio el golpe en la herida: -Cast ¿cómo conociste a tu primera novia?-, su rostro pasó de la sorpresa a la ira en cuestión de segundos, clavó la mirada en Nath, luego en Alex y se paró rápidamente, gritando casi que el juego era realmente estúpido, antes de alejarse hacia el monte que había a pocos metros de la cabaña sin inmutarse siquiera por la copiosa lluvia que aún caía. Al cabo de unos minutos de silencio, Alex fue tras él.
Nath y yo nos miramos entonces, los dos sabíamos por qué esa pregunta lo había herido tanto, pero no nos atrevimos a hablar del asunto. Nath bajó la cabeza,  y llevó a la cocina la bandeja del mate, yo hice lo mismo con la de la torta.
Fui a mi habitación y busqué mi notebook, al volver a la sala, vi que él estaba acostado en el sillón mirando el techo. Prendí mi pc y puse música, una vieja canción que calmaba mis nervios. Me senté en el piso, cerré los ojos y dejé que la música inundara hasta lo más profundo de mi ser y sin darme cuenta siquiera, mi cuerpo comenzó a recordar aquello que tanto amaba, aquello a lo que había renunciado al descubrir mi embarazo. Y con mis ojos aún cerrados, como si el tiempo se hubiese detenido comencé a bailar.

Abrí los ojos poco después que los últimos acordes dejaron de sonar. Poco a poco volvía en sí, volvía a la realidad, al momento presente del que me había abstraído por completo. Nathanael estaba sentado en el sillón mirándome sonriendo. Bajé mi mirada en una sonrisa nerviosa y sonrojada al descubrir sus ojos fijos en los míos.
Alex volvió entonces, con  su semblante triste, y sin Castiel. No dijo una palabra y se encerró en el baño. Puse otra canción y me senté al lado de Nath, recostando mi cabeza en su hombro mientras él me acariciaba dulcemente. Estaba a punto de quedarme dormida cuando vimos entrar a Castiel, ni siquiera nos dedicó una mirada, Alex acababa de salir de darse una ducha y lo miraba desde el pasillo, él entró sin más al baño y cerró la puerta tras de sí. Ella se detuvo unos segundos con la mirada perdida en un punto en la pared y luego entró a la habitación. Nath y yo contemplamos la escena sin atrevernos a respirar casi, con miedo de que el menor movimiento generara una bola de nieve sin retorno.
Poco más tarde la vimos salir sin decir palabra a la galería con su guitarra, seguida minutos después por Castiel. Nath y yo nos quedamos sentados en el sillón, escuchando música, sin atrevernos a romper el silencio, ninguno pronunció palabra, no las necesitábamos, por algún motivo en nuestro interior sabíamos que en cierta forma, al final, todo iba a estar bien. Ninguno de nosotros estaba sólo ahora, ni Alex, ni Cast, ni él, ni yo.
Había pasado cerca de una hora, mi “almohada” que había comenzado siendo el hombro de Nath era ahora sus rodillas, él aún me acariciaba el pelo mientras leía. Vimos entrar entonces a Castiel, inmutable como siempre, seguido por Alex que me dedicó una sonrisa antes de entrar a nuestra habitación. Y ahí fue cuando ocurrió, Castiel echó al pasillo las maletas de Nath mientras Alex entraba a la que había sido la habitación de los chicos con las suyas a tal velocidad que ni Nathanael ni yo  pudimos siquiera decir “a”. Nos pusimos de pie y fuimos hacia el pasillo, en la puerta de la habitación en la que ellos estaban había un cartel pegado donde claramente se leía con letra de Alex “NO MOLESTAR” y una divertida carita chibi guiñando un ojo. Nath y yo nos miramos desconcertados, bueno, realmente no estábamos tan desconcertados, teníamos edad suficiente para darnos cuenta lo que esa situación significaba, así que tomamos las cosas de Nath que estaban desperdigadas por el piso del pasillo y las llevamos a la otra habitación.

viernes, 10 de mayo de 2013

Entrada especial: ¡Feliz Cumple Sam!

Hoy, 10 de mayo de 2013, Sam está cumpliendo 24 añitos ^^
¡Qué lindo celebrarlo leyendo sus mensajes! ¡Gracias por tanto apoyo!
¿Les cuento algo? Sam es un personaje que creé hace muchos años ya, y no era muy parecida a la Sam que ha aparecido hasta ahora en el fic, con el tiempo quizás vaya mutando hacia aquella que era en un principio, ya veremos...
Por eso, en honor a este día, hice un (intento de) dibujo de las dos Sam's, la que nació hace mucho tiempo en mi mente, y la que es protagonista hoy de esta historia...

jueves, 9 de mayo de 2013

Capítulo 18 – Conociéndote -


Estábamos llegando a la cabaña de vuelta de nuestro paseo de compras, cuando escuchamos una muy fuerte discusión. Corrimos lo suficientemente rápido para ver a Nath y Castiel insultándose bajo la lluvia, tenían las ropas desacomodadas, por lo que no puse en duda que la pelea hubiese sido más que verbal. Cuando Castiel nos vio giró sobre sí y entró a la cabaña, Alex corrió tras suyo llevando las bolsas de compras.
Nath se me acercó y cabizbajo se disculpó por habernos arruinado el fin de semana. Negué con la cabeza  –No pasa nada, ¿estás bien?- dije mientras lo cubría con mi paraguas. Asintió levemente y en silencio. -¿Damos una vuelta?- agregué. Comenzamos a caminar sin rumbo fijo, por los senderos pedregosos y bajo esa garúa que constantemente golpeaba el paraguas que nos cubría. Lo miré de reojo, él caminaba en silencio, cabizbajo y con la mirada perdida.
Llegamos a una pequeña gruta y nos sentamos al abrigo de la sierra, mientras la lluvia poco a poco iba parando.
–Disculpá- reiteró.
–Está todo bien, pero, ¿puedo saber qué pasó?, no es la primera vez que pelean y hay que ser muy ingenuo para no notar lo mal que se llevan, si querés contarme, claro-
Nath suspiró –Es una larga historia-
-Tiempo es lo que sobra- agregué rápidamente mientras lo miraba con una sonrisa y cerraba el paraguas.
Él finalmente me miró a los ojos y una leve sonrisa se dibujó en su rostro antes de volver a mirar sus pies. Así supe que él y Castiel eran amigos desde muy pequeños, vivían en el mismo edificio y se habían criado prácticamente juntos, Nath, Cas, Dante y Amber. A medida que los años pasaron, la amistad entre Cas y Amber fue convirtiéndose en algo más, en mucho más, y cuando ella tenía 13 años y él 16 se pusieron de novios. Pero las malas compañías influyen demasiado, y a medida que la popularidad de ella aumentaba en la escuela, la relación con sus amigos de la infancia descendía proporcionalmente.  Nath suspiró. Ella estaba fuera de control.
Un día llegaron como de costumbre a la escuela y notaron cómo sus compañeros los señalaban y se reían por lo bajo. Amber recorrió el pasillo con la cabeza baja. Más allá de eso el día transcurrió normalmente. Al finalizar la jornada, Nath y Amber volvieron solos a su casa ya que Castiel y Dante tenían clases en el Conservatorio. La casa estaba sola, su padre había salido y probablemente no regresaría hasta entrada la noche. Luego de almorzar, Amber salió con unas amigas y Nath se puso a hacer los deberes. No había pasado una hora cuando escuchó llamar violentamente a la puerta, era Castiel, buscaba a Amber totalmente fuera de sí.
Nath suspiró una vez más, y su mirada se hundió aún más en el punto infinito más allá de sus pies; ella lo engañaba, lo había convertido en el hazmerreír de la escuela y Castiel había ido a exigirle explicaciones. Y a pesar del profundo dolor y desesperación que brotaban por sus ojos, Nath no pudo hacer otra cosa que interceder a favor de su hermanita. Discutieron, incluso llegaron a golpearse en el pasillo del edificio, hasta que fueron separados por los vecinos. Desde ese día, esa profunda amistad que los había unido desde niños se convirtió en rencor y Castiel poco a poco se fue cerrando en sí mismo hasta convertirse en la fría persona que es hoy.
Volvió a respirar profundo y guardó silencio unos instantes antes de mirarme nuevamente a los ojos. Se notaba muy perturbado y con un dejo de arrepentimiento que lo carcomía desde entonces. Nunca habían tenido oportunidad de aclarar la situación y cada una de sus conversaciones terminaba indefectiblemente en discordia.
Hacía unos minutos que la lluvia había vuelto a caer sobre nosotros, pero apenas nos habíamos dado cuenta. Las gotas se escurrían por sus rubios mechones, recorriendo su rostro y estrellándose finalmente contra el suelo, el cielo lloraba las lágrimas que el dolor de su pecho no lograba liberar.
Me puse de pie en una actitud que podría esperarse de Alex mas no de mí. -¿Y qué esperan para hablar y arreglar las cosas? ¿o piensan pasar la vida entera resentidos por una pelea de adolescentes de la que ni siquiera tienen la culpa? Aprovechen este finde que Alex es como mi hermana, así que se van a tener que seguir viendo las caras si quieren estar con nosotras- me arrepentí cuando era demasiado tarde de la última frase, pero lo olvidé por completo cuando él soltó una breve carcajada. -¡Vamos! – le dije –que el día está hermoso y Alex ya debe estar comiéndole la cabeza a Cast por lo mismo-
Ya sin poder contener la risa dijo -¿Día hermoso? Desde que llegamos que no para de llover-
-Con este calor la lluvia es una bendición, ¿damos una vuelta? Total, ya estamos empapados-
Asintió divertido y de la mano caminamos durante largo rato, mientras las gotas de lluvia caían acompasadamente sobre nuestras cabezas.
 Era casi de noche cuando volvimos a la cabaña. Castiel había estado encerrado durante todo el día en el dormitorio, así que Nath no pudo entrar para sacar ropa seca, fue imposible contener las risas cuando salió del baño usando mi bata rosa.

Capítulo 17- Córdoba -


Finalmente, después de 10 horas de viaje, llegamos a Córdoba. Uno de los organizadores del evento nos estaba esperando en la estación. Esa noche la pasaríamos en Córdoba Capital, ya que la agenda de Alex para el día siguiente estaba completa. Pero para los días siguientes, ella había alquilado una cabaña en un pueblo a unos 20 minutos.
Cenamos en el hotel con más sueño que hambre y nos acostamos temprano. Las habitaciones eran dobles, por lo que los chicos volvieron a acuchillarse con las miradas al descubrir que deberían compartirla. Por alguna extraña razón, Alex parecía disfrutar poner de mal humor a Castiel (lo que no era demasiado difícil) y el pobre Nath era su herramienta predilecta para hacerlo.
Aún no sabíamos a qué se debía la tensión entre ellos, pero era claro que aquella primera impresión durante la fiesta no había sido errónea, cada vez que se miraban volaban chispas y el aire podía cortarse con cuchillo. Hablamos bastante del asunto Alex y yo antes de quedarnos dormidas, bueno, antes que ella se durmiera porque su última frase me dejó preocupada bastante tiempo, ella estaba dispuesta a averiguar qué pasaba entre ellos costara lo que costara.
Me despertó un sacudón, Alex estaba levantada y lista para ir al evento aunque aún faltaban algunas horas, y debo decir que despertar a manos de una chica de pelo multicolor y con orejas de gato es una experiencia que hace que te preguntes ¿estoy despierta o sigo durmiendo? o ¿qué me fumé anoche?.
Después de desayunar partimos hacia la convención en el auto del mismo organizador que nos había ido a buscar a la estación la noche anterior. Mi amiga llevaba consigo una mochila enorme que por algún motivo me daba desconfianza (y con razón) ya que al descubrir mi intriga la abrió develando el secreto, estaba repleto de sombreros de la forma y color que se pudiera imaginar.
A penas pusimos un pie en el evento la perdimos de vista. Por lo que quedé a cargo del dúo macabro. Nath se mostraba muy relajado y disfrutando todo lo que podía del paseo, incluso compró en un puesto de recuerdos un peluche con forma de osito panda para Mini. Castiel era un tema aparte. Yo no había tenido hasta ese momento demasiado trato con él y sabiendo lo mal que se llevaba con Nath me resultaba muy incómoda la situación de estar en cierto modo mediando entre ellos, aunque casi no se hablaran, lo que en gran medida me evitó el tener que lidiar con la pelea que esperé con temor todo el día pero que por suerte nunca llegó; mientras cuidaba también mis palabras para no alterar el susceptible humor del pelirrojo. Todo fue mejor durante la conferencia de Alex, de hecho, nos quedamos los tres de piedra, ya que quien hablaba no parecía ser nuestra amiga. Era medida en sus comentarios, hacía las bromas justas y si no hubiese sido por las orejas de pikachu que llevaba en su cabeza, habría pasado por una persona muy seria y centrada (nada más lejos de la realidad).
Eran pasadas las 8 cuando nos encontramos nuevamente los cuatro. Alex estaba muy feliz pero destruida de cansancio, por lo que le pidió al organizador que había sido nuestro chofer todo este tiempo que nos hiciera el favor de alcanzarnos a la cabaña, aunque el sueño la venció a medio camino. Unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a golpear sobre el auto, confirmando aquel pronóstico con el que el cielo había amenazado todo el día.
El lugar donde Alex había hecho las reservas era verdaderamente un paraíso terrenal. Se accedía por un camino de piedra y rodeando una pequeña colina y pasando un pequeño planterío se encontraba la cabaña. Pero había olvidado un pequeño detalle, en la casa no había más comida que yerba. Así que preparamos el mate y con las galletitas que nos habían quedado en las mochilas tuvimos nuestra segunda cena.
Pero la mayor sorpresa fue a la hora de irnos a acostar. No sólo porque la casa contaba con dos habitaciones, sino porque en ambas había una cama de dos plazas. Alex me tomó del brazo y señalando una habitación dijo –Esta es la nuestra nee-chan-
Los chicos intercambiaron miradas y Castiel comenzó a lanzar improperios al aire dirigidos directamente a Alex e indirectamente a Nath. Sin embargo, nadie pudo refutar la lógica de Alex al decir que ahí no había parejas por lo que lo correcto sería dormir separados por género.
Finalmente y después de tantas vueltas, nos acostamos.
Desperté de un salto cuando aquel pelirrojo despeinado y en pijama irrumpió con los ojos llenos de ira en nuestra habitación. Un almohadazo en la cara que partió del fuerte y preciso brazo de mi amiga lo hizo retroceder unos pasos y luego, con la almohada bajo el brazo dio un portazo y se alejó refunfuñando. Alex me miró entonces muerta de risa. Al parecer, mi amiga no había tenido mejor idea que configurar el teléfono del pobre chico para que sonara la alarma a todo volumen a las 5 de la mañana.
Desperté por segunda vez a las 9 y media de la mañana en el borde de la cama y destapada. Alex aún estaba dormida, con un brazo en el piso, abrazando las mantas con el otro y cruzada a lo ancho de la cama.
Me levanté con cuidado para no despertarla, y luego de vestirme y arreglar un poco mi pelo fui a la cocina. Nath me recibió con un mate alejando por un momento la vista de su libro.
-¿Ya descubrieron al asesino?- dije riendo .
-Están presentando las evidencias, al parecer el tipo que atraparon hace 2 capítulos era un chivo expiatorio- contestó divertido pero con pasión en los ojos.
Un abrazo por la espalda que me hizo perder el equilibrio me sobresaltó, Alex ya estaba despierta y con sus energías renovadas. –Hoy vamos de compras nee-chan, pero solas, estos dos tienen que hablar- dijo guiñándome un ojo mientras Castiel se detuvo de golpe al entrar a la cocina y escuchar esas palabras, murmuró por lo bajo y se sentó en el sillón a tocar su guitarra.
Un par de mates después, Alex y yo tomamos un paraguas, ya que la leve llovizna que había empezado la noche anterior no parecía tener intenciones de parar, y partimos hacia la parada de colectivo que nos llevaría a la capital.