Sobre este blog

La novela presentada en este blog tiene sus orígenes como fan-fic inspirado en el juego "Corazón de Melón" adoptando sus personajes, sin embargo, la historia es totalmente original y propiedad absoluta de la escritora bajo el seudónimo de "Elwing de Darok".

Esta producción cuenta con una novela hermana escrita por una muy buena amiga, que ha tenido una participación activa en la construcción de esta novelita/fanfic y, particularmente, en el personaje de Alex (y que pueden leer en el siguiente blog http://defrentealaverdadayc.blogspot.com.ar/ )

Todo el contenido de este blog es propiedad de sus respectivos autores, no se pretende hacer plagio sino dar a conocer una producción aún en gestación, por lo tanto, no pretendo obtener crédito por producciones ajenas (imágenes, canciones, etc.) que, de ser así requerido, serán removidas inmediatamente de esta página web.

Sin más aclaraciones pendientes, les agradezco profundamente el formar parte de este humilde proyecto que he decidido llevar adelante. Gracias a todos aquellos que se toman el trabajo de leer. Y un Gracias especial a mi Nee-Chan, quien fue testigo de los inicios de esta obra y decidió subirse a esta montaña rusa que hoy por hoy nos llena de satisfacciones.

Y sobre todo lo demás, quiero dedicarle estas palabras a mi hijo, mi fuerza y mi motor para seguir adelante, por vos lucho peque...


*Por el diseño de blogspot, las últimas publicaciones se ubican en la parte superior, por este motivo, la lista de capítulos en orden está colocada en el extremo izquierdo de la página.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Capítulo 10 – Cadenas -


Eran pasadas las 12 cuando <Él> se fue, Mini ya dormía en su cama. Lo acompañé a la puerta y luego de acariciar mi cabello besó suavemente mis labios sin lograr siquiera inmutarme, y se alejó caminando, con la promesa de regresar al día siguiente. Hacía varias horas ya, que yo no hablaba más que lo imprescindible. Volvía a descubrir en mí aquella niña temerosa, aquella que cenaba en silencio, que limpiaba en silencio, que vivía en silencio… temiendo decir algo que afectara el momento, temiendo enojarlo; sabiendo que incluso, muchas veces, el propio silencio que guardaba era la causa de la siguiente bofetada.
Entré a mi departamento, Mini seguía durmiendo, tranquila, en paz, feliz de haber visto a su familia cenar junta una vez más, las lágrimas volvieron a inundar mis ojos. Busqué en mi cajón, en el último cajón el paquete de cigarrillos que hacía meses no tocaba, saqué de la heladera aquella botella de vino que había sobrado de la última cena con Alex y me senté en el piso del balcón, mirando caer suavemente las gotas de lluvia.
“Y me encuentro así aquí, como tantas otras noches, en las oscuras profundidades de mi mente viendo caer mis sueños y mis esperanzas con la lluvia, descubriendo mi alma herida, un alma que ya no tiene ganas de vivir ni esperanzas para seguir. El sueño apesadumbra mis párpados que quieren cerrarse arrullados por la dulce melodía de las gotas de lluvia, lágrimas del cielo que con su sacrificio purifican la Tierra y regalan la Vida. Lágrimas en las que veo caer mis sueños y estrellarse contra el suelo en un continuo baile eterno que durará una noche y que existirá para siempre… Sueños que se desvanecen en el viento… Las voces del aire me rodean, suspiro creador que me envuelve en una danza sin fin y me eleva y me lleva hacia un mundo antiguo. Murmullo de hojas agitadas por la dulce brisa que mueve mis cabellos. Danza del aire que me envuelve en un momento sin espacio ni tiempo…”

Unos suaves golpecitos tras de mí me obligaron a abrir los ojos, lastimados por las luces del alba. Cuando dirigí mi mirada hacia el interior mi pequeña hija me sonreía tras el cristal, abrazando su osito preferido. Tras un largo abrazo, la ayudé a vestirse y le preparé su taza de leche con cereales.
Mientras ella desayunaba fui al baño, las bolsas bajo mis ojos develaban la pesadumbre que sentía en la profundidad de mi alma. No lo dudé, tomé mi teléfono y llamé a la escuela dando parte de enferma, aunque me descontaran el día, no podía estar frente a un curso en esas condiciones.
Me di una ducha rápida mientras mi hijita terminaba, busqué una vieja remera, recuerdo de mi primer concierto en 2004, Good Charlotte se leía bien grande en el frente mientras en la espalda, la letra de una vieja canción describía mis sentimientos una vez más… S.O.S. “It’s anybody listening?... I can’t make this on my own so I’m giving off myself, It’s anybody listening?”.
Trencé mi cabello, me calcé un jean y unas viejas zapatillas y llevé a mi hijita al jardín. Volví caminando, sintiendo la suave brisa que perduraba tras la tormenta en mi rostro. Creí haber escuchado mi nombre, pero esa suave voz no fue capaz de arrancarme de mi letargo. Llegué a mi casa, me saqué las zapatillas en la entrada, cambié mis jeans por el short de un pijama y me recosté en la cama.
Una media hora habría pasado cuando escuché que llamaban a la puerta, me mantuve en silencio, no estaba de humor para aguantar visitas, mucho menos a esa hora y mucho menos de improviso. Pero la persona tras la puerta no se rendía fácilmente; llamó una, dos, tres veces más antes que mi celular sonara, delatándome, un mensaje decía: “Sam, soy Nath, estoy afuera, ¿podemos hablar?” no pude hacer más que abrir la puerta, su rostro lucía entre aliviado por verme bien y perturbado al ver mis fachas. Ni siquiera dije hola, bajé la mirada y le hice una seña para que entrara.
-Son para vos- escuché mientras cerraba la puerta, al darme vuelta noté que me extendía una caja enorme de chocolates, no pude evitar sonreír.
-Te agradezco todo esto, que hayas venido y el regalo, pero tenés que volver a la escuela, van a descontarte el día si faltás- le dije apresuradamente.
-¿Creés que un día de salario me importa más que verte bien?- dijo mirándome fijamente a los ojos unos segundos antes de bajar su rostro, pensando quizás si había sido diplomática esa frase. Sonreí levemente, de la mejor manera que podía
 –Ponete cómodo- le dije mientras llenaba la pava con agua y la colocaba sobre el fuego.
Hablamos demasiado y de demasiadas cosas, nunca antes me había abierto tanto con alguien, ni siquiera a Alex le había contado todo lo que había sucedido en esos 5 años que habíamos estado alejadas. Él escuchaba pacientemente, asintiendo con la cabeza, guardando silencio, dándome lo que mi alma pedía a gritos a través de mi remera: comprensión y un hombro donde llorar.
Cuando mi espíritu estuvo en calma él rompió el silencio
-¿Sabés?- dejó caer como si estuviera dudando si decir algo o guardar silencio –creo entender en parte la forma en que te sentís-. Levanté mi mirada hasta alcanzar sus ojos, ahora él se notaba cansado, hundiéndose en lo profundo de sus memorias, recordando algo doloroso. Sus labios se despegaron poco a poco y comenzó a contarme su historia…
Su madre había muerto en un accidente cuando él tenía apenas 11 años y su hermana 8. Nath había insistido en ir al conservatorio a pesar de la fuerte tormenta y ella decidió acompañarlo. Un bache en el asfalto, un charco de agua y un semáforo que cambió a verde compusieron la ecuación que la alejaría para siempre. Ella era una mujer muy dulce, con duendes en los dedos a la hora de tocar el piano y con una sonrisa capaz de acabar con el mayor de los dolores.  Tras su partida, su padre se fue hundiendo más y más en la oscuridad, y así, poco a poco el dolor se convirtió en locura, y la bebida en su único consuelo. Sólo sonreía al ver a su hija, Ámber, quien era la viva imagen de su madre. Pero su semblante se teñía de odio al mirar al niño que según él le había arrancado a su amada. Casi de forma imperceptible comenzaron los malos tratos, y finalmente los golpes.
Cualquier docente sabe que un chico con problemas en la casa tiene problemas en la escuela. Lo que en su caso se había convertido en un círculo vicioso, el mal desempeño en la escuela enojaba más y más a su padre, y los constantes malos tratos en su casa influían directamente en sus calificaciones y en la relación con sus compañeros.
Poco a poco comenzó a ver la escuela como un escape, se inscribió en todas las actividades extracurriculares que pudo y comenzó a pasar gran parte del día en la biblioteca, estudiando. Cualquier cosa era mejor que estar en su casa. Sus calificaciones mejoraron notablemente, y llevó orgulloso su primer 10, pero nada era suficiente para un hombre perdido en su propio sufrimiento y autocomplacencia. Mirándolo por sobre el hombro menospreció el asunto, achacando que sacar buenas notas era su obligación, ya que la escuela era su única responsabilidad.
Los años pasaban pero las cosas no mejoraban, cuando terminó el secundario y contrario a los designios familiares empezó el profesorado, con la firme intención de ayudar desde su lugar de docente a los chicos que se encontraran en una situación como la que él vivía. Apenas tuvo el porcentaje de materias necesario para ejercer, llevó su currículum al instituto donde había estudiado y fue aceptado como profesor suplente, lo que le permitió comenzar a ahorrar. Cuando uno de los profesores se jubiló, la directora no dudó en llamarlo y así fue como, aún faltándole un año de carrera, obtuvo sus primeras horas provisionales. No lo pensó dos veces, armó su maleta, alquiló un pequeño departamento y junto a su hermana abandonaron la casa que tanto dolor les causaba. Ella siguió visitando a su padre hasta que terminó el secundario y fue a estudiar a La Plata, él nunca volvió a verlo.
El silencio inundó entonces la habitación, ambos con la mirada perdida en el infinito. Nuestros ojos se volvieron a encontrar y nada pudo detener ese abrazo contenido durante demasiado tiempo, las lágrimas comenzaron a aflorar. Y nos mantuvimos así, uno en brazos del otro, en un instante detenido en el tiempo, mientras la lluvia comenzaba nuevamente a caer.

martes, 26 de febrero de 2013

Capítulo 9 – Cuando la realidad golpea la puerta -


Al salir de la escuela Alex me acompañó al jardín a buscar a Mini. Almorzamos en un restaurante y luego fuimos a un parque. Mi hijita jugaba, inocente, sin preocupaciones. Mis ojos estaban agobiados, cansados, pero ya sin lágrimas. Ese viejo sentimiento recorría nuevamente mis venas, tenía miedo.
Al caer la noche volví a mi departamento, Alex quiso quedarse a pasar la noche, pero yo necesitaba estar sola, me dio un abrazo y se fue, obligándome antes a prometer que ante la menor cosita que sucediera iba a llamarla.
Bañé a Mini y me dispuse a preparar la cena. En eso estaba cuando escuché que llamaban a la puerta de mi departamento, era <Él> -¿Qué estás haciendo acá?- me apresuré a decir.
-¡Papi!- su voz atravesó mi alma, mi hijita corrió hacia <Él> y lo abrazó fuertemente, el brillo en sus ojos me derrumbó, yo le había robado a su papá. Lo invité a pasar y esa noche, como muchos meses atrás, cenamos juntos. Apenas probé bocado, la angustia me carcomía por dentro. Mini se veía tan feliz que dolía, dolía darme cuenta lo mucho que ella necesitaba a su papá, a sus papás juntos.
Ahora los veo jugar, como si nada hubiese pasado, como si el tiempo se hubiese detenido, pero nada es igual, todo era tan distinto entonces, ya no puedo sonreír, no tengo fuerzas, mi corazón se estruja con cada carcajada, mis miedos me invaden. <Él> parece ser el mismo chico dulce y alegre del que me enamoré pero no, no lo es, sé que no lo es, a no ser que estar solo lo hubiese hecho reflexionar, quizás es honesto. ¿Qué estoy diciendo? ¿acaso me estoy olvidando de lo que pasó en la escuela? <Él> no cambió, es solo  una fachada, es solo una máscara tras la que esconde su verdadero yo, no puedo dejarme engañar nuevamente. Pero Mini se ve tan feliz…
Las lágrimas empiezan a caer –Mami no llores- mi hijita me mira preocupada, -Está todo bien Amor- sonrío y le miento, le miento a mi propia hija, ¿cómo puede estar todo bien? Ella es demasiado pequeña para entender, quizás haya olvidado aquella vez, la última vez, cuando escondida bajo la mesa, llorando aterrada me vio devastada, convertirme en nada bajo el puño de su padre hasta que mis ojos cansados de derramar lágrimas de sangre se cerraron por un momento.
¿Cómo puede estar todo bien? ¿cómo puede mentir tan bien? ¿cómo puedo a pesar de todo esto seguir amándolo?


domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 8 – Memorias -


No sabría decir cómo fue que llegué a preceptoría, lo primero que recuerdo es estar sentada con mi mirada perdida en el infinito, mientras la directora injuriaba totalmente fuera de sí; alguien sostenía mi mano, era Nath quien en un momento alzó la voz para decir “no es su culpa”.
Unos golpes en la puerta me devolvieron a la realidad, entraron dos mujeres. Una se me acercó  y se presentó dulcemente, eran miembros de una entidad que lucha por los derechos de la mujer y la familia, habían asistido a la conferencia. -¿Querés contarnos qué pasó? te escucho-.
Mis labios se separaron lentamente, suspiré y dejé que las palabras que durante tanto tiempo había ahogado en mi corazón empezaran a salir lentamente, cada una ardiendo más que la anterior, dejando fuera de mí todo ese dolor que me acongojaba y me torturaba día tras día.
-Es mi marido- dije- bueno, al menos lo era. Dejó de serlo el día que decidí dejar mi pueblo y venir a la capital. Lo conocí cuando tenía 18 años y acababa de comenzar mi carrera, <Él> tocaba en una banda de rock, me enamoré perdidamente. – Bajé mi mirada conteniendo apenas las lágrimas, todos me observaban en silencio, Nathanael aún no había soltado mi mano. Respiré profundo y continué, ya no tenía sentido seguir ocultando la verdad a esas personas que habían sido testigos de todo y que merecían una explicación. –Llevábamos 3 meses de novios cuando descubrí que estaba embarazada, mi mundo se desmoronó. <Él> quiso abortar, yo me negué rotundamente, aunque no había llegado  en buen momento ese bebito era mi hijito, ¿cómo podría matarlo?. Lo mantuve oculto durante 2 meses, pero el tiempo corría y poco a poco empezaría a notarse mi vientre, ya no podía seguir ocultándoselo a mis padres, mis padres- suspiré- siempre esperaron demasiado de mí, ellos pretendían una hija perfecta, con calificaciones 10, una hija que llegara lejos y cumpliera todos sus sueños frustrados. Jamás logré alcanzar el nivel que ellos esperaban de mí, esta noticia terminaría de demostrarles que yo era un fracaso. Y así fue como mis mayores temores se hicieron realidad, una noche después de cenar, tomé coraje y les di la noticia “iban a ser abuelos” mi madre lloró, mi padre se levantó bruscamente de la mesa y fue a su estudio, un desgarrador silencio cortaba el aire, a los pocos minutos una cachetada llegaba a mi cara, seguida de miles de gritos y reproches. Un nuevo silencio me envolvió mientras corría lejos de mi casa “un fracaso”, “una vergüenza” eso era para mis padres, no era digna de ser su hija. No recuerdo cómo llegué a su puerta, sólo sé que a partir de esa noche <Él> se convirtió en mi marido.
Los meses fueron pasando y a medida que mi vientre crecía, crecía también el espacio entre nosotros. El chico dulce al que tanto amaba se iba convirtiendo poco a poco en un ser oscuro, que nunca estaba en casa y apenas hablaba. Comenzaron las discusiones.
Y llegó el día tan esperado, nació mi hijita, Minerva, Mini. Esa semana fue hermosa, parecía que todas las angustias del pasado habían sido borradas por una sonrisa de esa bebita, toda la familia estaba feliz, reunida de nuevo. Pero en relaciones enfermizas la felicidad dura poco, demasiado poco… Mini tenía tres meses la primera vez que <Él> me levantó la mano. – bajé nuevamente la mirada, ya no podía  contener las lágrimas que corrían una tras otra por mi rostro, y con la poca fuerza que me quedaba agregué –Ya no podía aguantar más, no tenía a donde ir y tuve que esperar a tener el título para poder mantenerme económicamente, no puedo creer que me haya seguido hasta acá-. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Capítulo 7- Presente y Pasado -


Apenas terminó la canción el público nos ovacionó, a la directora se la veía muy feliz y todos estaban contentos por la actuación. Pero había algo que yo debía hacer, tenía que saber si era <Él> y mientras lo buscaba en la multitud Nathanael se acercó para hablarme, pero yo estaba tan sumida en mis propios pensamientos que  ni siquiera noté su presencia.
De pronto todos mis miedos se hicieron realidad, a un costado de la entrada, esperándome estaba <Él>. Volví a sentir por mis adentros todo ese temor, esa impotencia, esas ganas desesperantes de llorar, pero ahogué todos mis sentimientos, tragué saliva y me dirigí directo hacia donde <Él> estaba.
-¿Qué estás haciendo acá?- le dije en voz baja pero firme,
-Vine a buscarte, a buscarlas, las voy a llevar de vuelta conmigo, este jueguito tuyo ya se terminó, tenés que volver a casa- fue su respuesta.
¿Mi jueguito? ¿volver a casa? ¿vos te olvidaste de todo lo que pasó? ¿creés que voy a volver con vos? Pensé en mis adentros –Este no es el lugar indicado para hablarlo, no tenés nada que hacer acá, andate, cuando viaje de nuevo para allá hablamos- contesté firmemente, pero <Él> no estaba dispuesto a echarse atrás, y yo lo sabía.
Nunca había tenido limitaciones, siempre hacía lo que quería, ¿por qué iba a ser distinto ahora?; me agarró fuertemente de un brazo como lo había hecho ya tantas veces antes y susurró entre dientes en mi oído – Agarrás tus cosas y te volvés conmigo ahora-.
Comenzó a caminar fuera del instituto, llevándome casi a rastras. Yo intentaba pasar desapercibida pero ya era tarde, alguien había sido testigo de toda la situación. -Soltala- escuché, al darme vuelta vi a Nath, mirándolo con una mirada penetrante, serio como nunca antes lo había visto, sus ojos ardían y su mano se cerró en un puño mientras repetía – Soltala-
Mi captor me miró con esos ojos fuera de sí que yo conocía tan bien y me dijo lo suficientemente fuerte como para que Nathanael (y todos los que estaban alrededor) escucharan –Decile a tu macho que no se meta si no quiere cobrar-
Le dedicó una sonrisa burlona y siguió arrastrándome. Nath se acercó y lo tomó por un hombro. Me sentí arrojada contra el muro exterior del instituto y tras el golpe perdí por un momento el sentido. Cuando abrí los ojos, Alex estaba a mi lado y pude ver a Nath recibir un golpe de lleno en su rostro -¡NO!- Grité y me interpuse entre ellos por lo que el siguiente golpe fue para mí. Castiel intercedió en ese momento, a diferencia de Nathanael, él sabía lo que era mantener una pelea callejera. No sé exactamente qué pasó en ese momento, como pude me arrastré hacia Nath. 
 -¿Estás bien?- me preguntó, sólo pude mirar su rostro lastimado y llorar. ¿Por qué había pasado todo esto?, ¿mi pasado nunca dejaría de perseguirme? Lo único que yo quería era comenzar una nueva vida en paz. Sentí unas manos moviéndose alrededor de mi cuerpo y apretándome en un abrazo, era Nathanael, me refugié en su pecho y dejé mis lágrimas correr libremente, a salvo en sus brazos. Una suave llovizna había comenzado a caer.

lunes, 18 de febrero de 2013

Capítulo 6 – Sobre violencia -


Llegué temprano ese lunes al instituto, la llegada de la primavera podía sentirse en el aire, no sólo los días eran cada vez más cálidos sino que podía notarse un brillo especial en las personas y aún más en mis adolescentes alumnos. Y este era un día importante. El instituto había sido elegido como sede de un congreso en contra de la violencia social y se presentarían a lo largo de la semana distintas conferencias y talleres dictados por renombrados profesionales de distintas áreas. Ese día era la conferencia de apertura, el instituto se veía tan limpio y ordenado, todo transcurría tan pacíficamente pero
–Yamila, ¿estás bien? Se te ve muy triste- apenas con un hilo de voz me respondió
– Ay profe, como la directora se enteró que usábamos el sótano de la escuela para ensayar, nos obligó a preparar alguna canción acorde y a presentarnos hoy como cierre del acto de apertura, pero hace 2 días que apenas puedo hablar ¿cómo voy a poder cantar entonces?-
A pocos metros estaba Dante con su mente perdida en el horizonte.
-¿Hablaron con la directora?- les pregunté.
Él entonces levantó su mirada y rápidamente me dijo -¿Y eso de qué va a servir?, a ella no le interesa lo que nos pueda pasar, sólo es seguro que si no cumplimos hoy, nos va a suspender varios días, por mí no me importa, pero ella…- por un momento sus ojos perdieron la dureza, estaba preocupado, y con razón, si Yamila no mantenía su registro impecable corría riesgo de perder su beca.
Bajé la mirada, como buscando en mis adentros, ¿habría algo que yo pudiera hacer? Y se me ocurrió una idea, esos 6 años de conservatorio sumados a los 2 años de coro debían servirme para algo ¿no? Pero había un problema, mi pánico escénico. Jamás había podido cantar 2 notas seguidas como solista en un escenario... Volví a mirar a los chicos, se los veía desolados, dándole vueltas al asunto en sus mentes sin hallarle solución, casi en el borde de la desesperación. Mi boca comenzó a hablar – Y si… ¿si alguien cantara en lugar de Yami? Aún podés tocar el teclado y participar- ella levantó la mirada con los ojos lagrimeando pero repletos de nuevas esperanzas. Dante volvió su vista hacia mí y dijo
-¿Quién?.
-¿Cuál es la canción?- respondí instantáneamente.
–“Bella y Bestia” de Porta, no de la película cursi que seguro usted piensa-
Sonreí por dentro y clavando fijamente mi mirada en él comencé a cantar:- “este cuento, no es eterno, debo salir, ponerle un fin”. Me miraron asombrados, pero aliviados al fin.
Mientras armábamos el sonido los miré, y miré mi ropa, el trajecito negro y la camisa no encajaban para nada con el ambiente, pensé un poco y se me ocurrió una idea. Mientras los chicos terminaban, corrí al baño de damas. Una vez allí, me quité la chaqueta, me miré al espejo y suspiré, no tenía demasiado tiempo. Desabroché los dos primeros botones de mi camisa, doblé las mangas hasta dejarlas de largo 3/4 y agradecí a la fuerza cósmica que había hecho que usara botas ese día, como pude doblé mi pantalón hasta dejar las dos botamangas dentro de las botas. El sonido de un aplauso en la distancia me hizo volver en sí, debía darme prisa, saqué el delineador negro que siempre llevo en mi cartera y acentué el maquillaje de mis ojos. Me miré en el espejo y suspiré una vez más- estoy lista- dije en voz alta. Quité el palito que sujetaba mi pelo en un formal rodete y dejé que mis largos bucles ondearan libremente. Hacía demasiado tiempo que no soltaba mi cabello.
Guardé rápidamente mis cosas en preceptoría, ya no había nadie ahí, estaban todos en la conferencia. Corrí al salón de actos, los chicos estaban en un costado, Dante se notaba inquieto y furioso (probablemente por mi demora) me acerqué a ellos y sin poder disimular la risa que me causaba ver sus caras de asombro dije -Ahora estoy más presentable ¿no?- Yamila asintió con la cabeza mientras sonreía.
Nos quedamos todos juntos en un costado, escuchando la conferencia y esperando nuestro momento de actuar cuando escuché detrás de mí una voz conocida
-¿Sam? ¿sos vos?- era Nath con casi tanta cara de asombro como los chicos, sólo pude sonreír
-¿Tan ridícula estoy?- a lo que rápidamente contestó
–Para nada, todo lo contrario, pero creo poder darle un toque más rockero a tu vestuario- aflojó el nudo de su corbata y tras quitársela la colocó en mi cuello. Su perfume me paralizó, esa misma extraña sensación que recorrió mis venas la primera vez que lo vi me invadía ahora, estaba usando SU corbata. Sonrió –No hay dudas que te queda mejor a vos que a mí- agregó casi riendo –Sé que vas a cuidarla bien-lo miré a los ojos y con una sonrisa levanté mi pulgar y le guiñé un ojo. (Creo que todo este asunto está afectando mi personalidad, ¿desde cuándo soy tan confiada?).
-Está Alexa, ¿ya la habías visto?- dijo, negué con la cabeza y señalando la última fila agregó en voz baja–Está allá, con ese…- Al parecer mi primera impresión no había sido tan errada ya que efectivamente, Alex estaba sentada al lado de Castiel y el semblante de Nath se fue endureciendo a medida que hablaba. Enseguida supe por qué estaba él ahí, Dante es el hermano menor de Castiel. Algo que me llama poderosamente la atención de ellos es que por fuera parecen machos duros, a los que nada les afecta. Yo conozco más a Dante porque es mi alumno y a pesar de ser el típico “chico-problema” y de la primera impresión que me llevé de él el primer día de clases apenas entré al instituto, hay momentos claves donde se nota que por dentro es un chico muy dulce y lleno de amor para dar, además de ser super inteligente. Castiel parece mucho más cerrado, pero aún así, dudo que sean tan distintos. En definitiva, él había ido a ver a su hermanito actuar y Alex aprovechó la situación para tener una cita con él.
La conferencia terminó y la directora subió al escenario, y tras el protocolar discurso de cierre, nos presentó como un grupo de alumnos que con la colaboración de una docente (en ese momento comencé a dudar si había sido buena idea “lookearme” de ese modo) iban a deleitarlos con una interpretación de un tema musical acorde al evento.
Yamila comenzó a hacer correr sus dedos sobre el teclado mientras la base rítmica pregrabada sonaba de fondo, y Dante empezaba a rapear la letra. A pesar que esta canción no correspondía con el estilo musical de ninguno de ellos, pude entender muy bien la razón por la que la habían elegido, la letra hablaba por sí misma…
Llegó el momento de mi parte en la canción, respiré profundo, miré hacia el horizonte y canté  como nunca antes lo había hecho, con toda la emoción y los sentimientos que esa canción revolvía en mi interior. *Siempre la sentí tan cercana y hoy la canto, aquí, como un triunfo sobre mi vida pasada, como una reivindicación del camino que hoy sigo, como…. ¡¿qué?! ¿puede ser que sea <Él>?¡No! esto no puede estar pasando, ¿cómo me encontró?, no no, tranquila Sam, concentrate en la canción, debe ser tu imaginación…* mi sonrisa se esfumó, mi mirada recorrió el público y encontré a Nath, mirándome con cierta preocupación, como si hubiese percibido mis sentimientos, le sonreí levemente y seguí cantando, mientras por dentro me carcomía la incertidumbre…

jueves, 14 de febrero de 2013

Capítulo 5 – Amaneceres -

La fiesta continuó sin contratiempos, la banda sonaba realmente muy bien y Alex aprovechaba cada instante para acercarse a Castiel, y de paso, para empujarme hacia Nath cada vez que tenía oportunidad.
-Qué tarde se hizo- dije mirando tristemente mi reloj –va a ser mejor que me vaya-
-Es una pena, ¿querés que te acompañe?- indagó Nath
–No es necesario, me tomo un taxi y listo-
-Insisto, es muy tarde y… quiero quedarme tranquilo que llegues bien a casa-
Nuevamente había logrado dejarme sin palabras –Bueno, si en verdad no te molesta- dije sonriendo mientras intentaba disimular mi vergüenza.
Busqué a Alex con la mirada, estaba sentada en los sillones hablando con Castiel, parecían estar discutiendo y no sabría decir cuál de los dos disfrutaba más ese tire y apriete al que estaban jugando. Nos despedimos de ellos y Alex insistió en que nos sacáramos una foto los cuatro juntos, aunque creo que no llegó a notar que tanto Nathanael como Castiel parecían muy poco felices con la idea.
Finalmente nos dirigimos hacia la puerta de salida, un empujón casi me hizo caer, Nath detuvo mi caída, tomó mi mano y me sentí flotar tras suyo, en un mundo donde sólo estábamos él y yo, donde nada podía hacerme daño mientras él me sujetara la mano.  Salimos del local y aún no me había soltado
–Es una noche hermosa- pensé en voz alta
–Sí, lo es, ideal para un paseo- agregó él, asentí con la cabeza y comenzamos a caminar en dirección a mi casa, aún tomados de la mano.
A pesar que el edificio donde yo vivía no quedaba cerca del boliche, el camino se me hizo muy corto, hipnotizada por las palabras con las que ese rubio me envolvía en un sueño del que no quería despertar. Hablamos de libros: él, fanático de Conan Doyle; yo, de Julio Verne, uno analítico, lógico, certero; la otra soñadora, mirando más allá de los límites del mundo; ambos firmes y fuertes, ambos heridos, en busca de algo perdido en nuestro interior, unidos a través de los trazos de Edgar Allan Poe.
Llegamos a mi casa tras hora y media de caminata, el frío se hacía notar cada vez más y tímidamente lo invité a tomar algo calentito, él aceptó con gusto. Subimos las escaleras y llegamos a la puerta del monoambiente donde yo vivía. Entramos y encontramos a Lucía muy entretenida jugando en mi notebook, ni siquiera se había percatado de la hora, me saludó, le pagué como de costumbre por haber cuidado a Mini y la acompañé a la puerta.
–¿Así que ella es Mini?- dijo en voz baja Nath señalando a la pequeña niña que dormía en la parte inferior de una cama superpuesta, asentí con una sonrisa, él volvió a mirarla y respondió –Es hermosa, igual a su mamá- en la tenue luz de la habitación pude notar sus mejillas sonrojarse levemente. Mini se movió en la cama –Parece que le molesta que hablemos- me dijo casi en un susurro –Si te parece mejor, puedo irme -.
Agité mi cabeza de lado a lado mientras ponía la pava sobre el fuego y preparaba el mate al tiempo que me quitaba mis zapatos –No te preocupes, aunque es cierto que ella no está acostumbrada a oír voces mientras duerme…-
-Podríamos tomar mates en el balcón- me interrumpió dulcemente Nath.
Y así lo hicimos, llevamos una frazada y nos sentamos en el piso del balcón, bajo la tenue luz de las pocas estrellas que la contaminación lumínica de capital no conseguía acallar. Y mate tras mate, palabra tras palabra, transcurrieron las horas, mientras el firmamento parecía girar tras el punto oscuro que marca el polo sur celeste, inmutable ante estos dos pequeños seres que se encontraban ahora aislados del mundo, en su propio universo, apenas conscientes que quien giraba no era el cielo, sino ellos mismos en una espiral que los iba envolviendo cada vez más en un sueño que empezaba a ser compartido.
Abrí los ojos, un tenue haz de luz me indicaba que la noche había comenzado a morir y un cálido hombro me prestaba el favor de ser mi almohada -¿Te despertaste?- una dulce voz rozó mi alma, era Nath, me sonrió tiernamente y agregó –Justo a tiempo para ver el amanecer- dirigió sus ojos al horizonte, yo hice lo mismo, y allí nos quedamos, en silencio, sintiendo la caricia de los primeros rayos de sol, viendo nacer el día, juntos…

domingo, 10 de febrero de 2013

Capítulo 4 – La Fiesta -


Alex  no había reparado en gastos para su fiesta de bienvenida, había alquilado una sala vip en un reconocido club de capital y al mostrar las invitaciones nos dejaron pasar por la entrada exclusiva mientras todos los que estaban en la fila nos miraban, fue realmente muy vergonzoso y genial al mismo tiempo, nos sentíamos como estrellas de rock. La sala vip se encontraba en el primer piso del local, con una especie de balcón desde donde podía verse la pista principal, contra la pared había unos sillones de cuero negro, en uno de los laterales la barra de tragos, mientras que en el otro extremo se había improvisado un pequeño escenario, en el medio de la sala había una pequeña pista de baile con 3 bolas de espejos donde ya había gente bailando. –¿De dónde conocés a toda esta gente? - le pregunté a Alex –De todos lados, la mayoría los conocí por internet, y a un par más como tu amigo serio que está allá los conocí apenas hoy- me dijo sonriendo, como si invitar a completos desconocidos a tu fiesta privada fuera lo más normal del mundo. Me di vuelta y vi a Nathanael parado al lado de las escaleras con más cara de desconcierto que la que yo misma tenía. –¿Qué esperás para saludarlo?- me dijo Alex mientras me arrastraba de la mano en su dirección y guiñándome un ojo agregó –A leguas se nota que te gusta-. Me puse de todos colores ante la inesperada frase ¿Nath me gustaba? Él me caía super bien, era lindo, dulce, aplicado, responsable, respetuoso… ups, parecía que mi amiga no había perdido su capacidad de ver dentro de mi alma aún mejor que yo misma. Un codazo me devolvió a la realidad –¿Otra vez estás soñando despierta?, veo que no cambiaste nada en estos años- me dijo Alex riéndose, y dando media vuelta sobre sus pasos se perdió entre la gente dejándome a solas con Nath. –Hola- me dijo sonriendo dulcemente –Ho-hola- le respondí tartamudeando mientras mi cara pasaba por todos los colores posibles hasta sonrojarse completamente. Alex había provocado una revolución sentimental en mi interior, no podía enamorarme, había prometido no volver a hacerlo… *¡Basta Sam, tenés que sobreponerte! Es el mismo chico con el que charlás todos los días en la escuela…*
-Y… ¿qué te parece la fiesta?- dejé caer las palabras como para salir del momento incómodo en el que estaba sumergida sin que él siquiera se percatara.
–Se ve entretenida, aunque no suelo salir demasiado… de hecho ni siquiera sé bien qué estoy haciendo acá- dijo encogiendo los hombros y sonriendo; no pude evitar reírme
–Estamos iguales, Alex invitó a todo el que se le cruzaba, así que ustedes dos son los únicos que conozco, me siento re perdida-
-Entonces no puedo menos que invitarte algo para tomar… por cierto, qué lindo traje-
Mis mejillas volvieron a teñirse color borgoña y esta vez no fueron ignoradas por él ya que sonrió  y desvió su mirada.
Fuimos hacia la barra donde Alex hablaba con unos chicos, -¡Sam! ¡Vení! - Gritó al verme –Quiero presentarte a Lysandro, Iris y Castiel, son los chicos de la banda que te conté hoy ¡vamos a poder recordar los recitales a los que íbamos cuando éramos pendexs!-  Iba a saludarlos cuando noté que Nathanael estaba hablando amistosamente con Lysandro mientras Castiel parecía contrariado, de hecho, juraría que ni siquiera se habían saludado. –Está muy bueno- susurró Alex en mi oído mirando de una forma muy poco disimulada a Castiel, no pude evitar sonreír. Era un rockero con todas las de la ley y ella siempre había tenido debilidad por ese tipo de chicos, en sus ojos podía ver el fuego que me decía que iba a conquistarlo costara lo que costara.

Capítulo 3 – Alex -


Esa tarde con Alex se pasó rapidísimo, hacía demasiado que no me divertía tanto. Mate de por medio me contó de su vida en Japón:
- Tratando de acostumbrarme a la vida de allí, empecé a recorrer las calles mientras tomaba fotografías para poder realizar mi primer proyecto de Shoujou Manga. Fue toda una aventura ya que necesitaba hacerlo bien para poder empezar a trabajar en lo que me gustaba, pero antes necesitaba encontrar editores que estuviesen dispuestos a trabajar conmigo. A los pocos días me enteré que iba a haber una fiesta y decidí ir. Ahí conocí a los dos editores con los que trabajo actualmente (Oda-sempai & Saga-sempai) ellos son los mejores editores del departamento Esmeralda de Shoujou manga en la editorial Onodera.
Me presenté ante ellos y les dije que me gustaría que vieran mi trabajo, Saga-sempai me dijo que era imposible pero Oda-sempai pensó que podría darme una oportunidad, así fue como les entregue una copia de mi primer manuscrito. Dos semanas después, y cuando ya empezaba a perder toda esperanza, me llamaron para que empezara a trabajar con ellos.
Me presentaron un grupo de dibujantes colaboradores y al cabo de 5 meses tuve que mudarme a un departamento más grande, dado que los trabajos cada vez se volvían más y más complicados y había que dedicarles tiempo. Aunque no puedas creerlo Sam-nee, ¡estuve todo 1 año sin salir a fiestas! hasta que por fin me acostumbré al trabajo y al pasar del tiempo.
Obviamente causé problemas a mis editores, pero es muy difícil cumplir con los plazos de entrega de los manuscritos muertos. Jaja, ya sé que no tenés idea de qué estoy hablando, los manuscritos muertos son los manuscritos que se entregan para que el editor los revise y les haga las correcciones que crea necesarias, una vez aprobadas y hechas las correcciones se envía el manuscrito limpio al departamento de impresión.
Y como sabrás mis mangas son muy famosos en muchos lugares y hace poco me presentaron un proyecto para traducirlos al inglés y así entrar en el mercado estadounidense. Y es por esa razón que estoy de visita acá, me tomé unas vacaciones antes de tener que ir a Estados Unidos para ultimar los detalles antes de la presentación de mi manga.
Después de mi primer año de trabajo como mangaka, asistí a muchísimas fiestas y conciertos. De hecho pasaba gran parte del tiempo en internet o viajando, inspirándome.
Por internet conocí a muchas personas, algunas de acá. Hay un chico que junto a unos amigos tiene una banda, se llama Lysandro y los invité a tocar en la fiesta de esta noche ¡vas a ver que va a ser super divertido!
También me hubiese encantado que estuvieras conmigo en el ultimo concierto al que fui, me hizo recordarte mucho… y bueno, así fue que terminé por decidirme que iba a venir de visita durante mis vacaciones. –
Estábamos tan entretenidas que no notamos que se había hecho de noche, cenamos algo rapidito, nos cambiamos de ropa, nos maquillamos y luego de dejar a Mini con Lucía (mi vecina que la cuidaba cuando yo tenía que salir), llamamos un taxi y partimos hacia la fiesta.




#nota de la autora: este capítulo fue escrito casi en su totalidad por mi Nee-Chan, ya que Alex es el personaje principal del fanfic que ella escribe y que está conectado a este (aunque aún no se ha decidido a hacerlo público)

Capítulo 2 – Más allá de las distancias -

Hacía poco más de tres meses que me encontraba dando clases en el instituto. Estaba feliz, los chicos (en general) cumplían con los objetivos, sólo tenía algunos inconvenientes de disciplina en el 5to, pero por lo demás todo iba viento en popa. Además, cuatro días a la semana tenía horas intermedias sin clases que pasaba en la biblioteca o en preceptoría.
Era una ya entrada noche de jueves, y contrario a lo que uno esperaría de una jornada de mediados de junio, hacía calor. Antes de acostarme revisé mi casilla de email, tenía un mensaje de Alexa diciéndome que al día siguiente iba a estar en la capital, que nos encontráramos para almorzar y ponernos al día. Hacía cinco años que no nos veíamos.
Nos conocimos en el secundario, éramos tan parecidas y tan distintas que asustaba a veces, ella siempre fue mucho más libre, actuaba por impulso y no se ponía tabúes, para ella el límite estaba tras el horizonte; esa era nuestra principal diferencia, yo era, y aún soy, mucho más reservada y discreta, así que gracias a ella y a su espíritu libre viví momentos y aventuras que perdurarán para siempre en mi memoria y que no puedo evitar sonreír al recordar. Al terminar el secundario, yo decidí estudiar el profesorado como había planeado desde la primaria. Ella amaba la cultura oriental y como hablaba muy bien el inglés, durante el secundario se dedicó a dar clases particulares y con el dinero ahorrado se fue a Japón. Allí su principal hobbie se convirtió en su forma de vida, los bocetos en su cuaderno se convirtieron en mangas y varios de ellos resultaron muy exitosos en Europa. Contesté el mail, apagué la pc y me acosté, tenía clases temprano por la mañana al día siguiente.
Todo transcurrió con normalidad ese día en el instituto, antes de irme, devolví unos libros en la biblioteca y fui a firmar mi asistencia en preceptoría, sólo estaba Nathanael, siempre era el último en irse. Lo ayudé a ordenar unas planillas de calificaciones y salimos del instituto cuando ya no quedaba casi nadie. La conversación estaba tan entretenida que fue casi un shock sentir a esa chica abrazándome por la espalda, ¡era Alex! No sé cuánto tiempo estuvimos abrazadas en silencio, esos largos 5 años lejos parecían desvanecerse, nada había cambiado, teníamos algunas ojeras más y una que otra cana, pero éramos las mismas chicas que pasaban noches enteras entre rock, video-juegos y anime.
Tras ese interminable abrazo, me dirigí a Nath que había permanecido en silencio y sonriendo durante todo ese tiempo, y le presenté a mi amiga. Alex lo saludó tan entusiasta como siempre y le dijo: -Esta noche organizo una fiesta por mi regreso, ¡tenés que ir!- y le entregó una tarjeta. Cuando el asombro por la inesperada invitación pasó, él sonrió y asintió con la cabeza –Es una fiesta cosplay, el tema es “Vuelta a la prepa”- agregó ella y guiñándome un ojo dijo–para recordar viejos tiempos-. Yo estaba paralizada, no había cambiado en nada, es más, juraría que se había vuelto aún más extrovertida, mientras que yo cada día caminaba un paso más en la dirección contraria, cerrando poco a poco mi corazón. Un dejo de nostalgia cruzó mis ojos, yo en algún momento también había sido una chica alegre y sin preocupaciones, empecé a sentir que había envejecido demasiado rápido…
Cuando volví a la realidad, los dos me estaban mirando. –Seguís soñadora como siempre- se rió Alex; Nath me sonrió y dijo –Nunca fui a una fiesta de este estilo, ¿cómo debo ir vestido?.- A Alex se le iluminaron los ojos, diseñar vestuarios cosplayers era su especialidad. Sospechando las ideas de vestuario que ella podría tener dije –Alex, él es un chico discreto, no creo que quiera usar alguno de los trajes en los que vos seguramente estás pensando- ella me miró de costado y bufó de la misma manera que lo hacía cuando éramos chicas, lo que fue tiernamente cómico –Vestite como quieras- le dije a Nath –con camisa y corbata vas a estar bien-.
Nos despedimos hasta la noche de él, y caminamos hasta mi departamento, recordando viejos tiempos, poniéndonos al día en definitiva. -¿Sabés qué traje quiero que usemos?- me dijo de repente; yo me quedé en blanco, como cada vez que ella decía una frase similar, era tan vasta su imaginación que podía esperarme cualquier cosa. –El uniforme de colegiala, el que usamos para ir a nuestro primer evento anime, ¿te acordás?- ¡cómo no iba a recordarlo!, ese había sido uno de los días más felices de mi adolescencia. El día del evento salimos muy temprano en colectivo hacia capital, era un festival por el día de la primavera; aún hacía algo de frío, lo que fue bueno al fin ya que los tapados disimulaban el traje que llevábamos debajo. Aunque una vez dentro del complejo parecíamos personas normales al lado de tan extravagantes vestuarios; creo que desde ese momento Alex se convirtió completamente en una Otaku. Yo le tenía tanto cariño a ese traje que había sido de las primeras cosas que había empacado cuando dejé mi pueblo para venir a capital.


http://www.youtube.com/watch?v=b30GJWEnOK0

Capítulo 1 – Nueva rutina -


Y allí estaba, parada con mi traje negro y mi maletín repleto de libros y tizas, paralizada ante el enorme edificio que se encontraba frente a mí. Quién hubiese pensado que sólo cuatro días atrás había llegado a la capital y ya me encontraba ante uno de los institutos más respetables de la provincia, donde había sido convocada para dar clases.
Respiré profundo, tragué saliva y comencé a transitar el largo camino hasta la puerta de entrada al edificio, observando con curiosidad los muchos alumnos que iban y venían a lo largo del patio. Algunos se saludan con la alegría de reencontrarse tras  el período vacacional, mientras que otros parecían tan perdidos como yo entre la gente.
La emoción me desbordaba pero intenté contenerme, ¿quiénes serían mis alumnos?, ¿cómo sería el curso?, ¿serían ordenados, revoltosos?, ¿toda la teoría aprendida durante los 5 años de carrera serían suficientes para lograr que estos chicos aprendieran?, ¿sería capaz de lograr que la Matemática dejara de ser una materia tabú?, ¿sería capaz de transmitirles a estos chicos toda la pasión y el amor que siento hacia esta ciencia?. Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me había dado cuenta que ya me encontraba frente a la gran puerta de entrada, volví a respirar y entré.
El instituto era enorme, me quedé paralizada (¿y ahora a dónde voy?). Se me acercó una señora mayor, que yo había conocido en una entrevista a la que había asistido durante el verano, era Aída, la directora. Me dio la bienvenida alegremente y me indicó que me dirigiera a preceptoría para revisar mis horarios y llenar mi ficha.
Le agradecí y respiré aliviada mientras se alejaba, -Creo que lo peor ya pasó- pensé. Pero… ¿qué es eso? Se escucharon unos gritos, giré sobre mis talones y pude ver a la directora transformada, gritándole a un alumno. No tenía idea qué podía haber pasado, pero por ser mi primer día, lo mejor sería que me mantuviese alejada de los problemas.
A preceptoría entonces… me acerqué y golpeé la puerta suavemente. Desde adentro se escuchó una voz suave y dulce que dijo –Adelante-. Giré el picaporte y con mis rodillas temblando entré. *Hay momentos como este donde siento que mis pies se piden permiso mutuamente antes de dar cada paso, y al mismo tiempo mi mente me dice “Dale tonta, mostrate segura, no tenés que ser tan débil”*.
Un chico rubio estaba sentado revisando unos papeles, levantó la mirada un momento y con una sonrisa me dijo:- ¿en qué puedo ayudarte?, entonces respondí:- Si si, hola, mi nombre es Samantha Black, soy la prof… la nueva profesora de Matemáticas.
*Pero ¿qué me pasa?¿por qué estoy tartamudeando? ¿qué hay en los ojos de este chico que me inquieta tanto?.*
Sonrió nuevamente y se presentó, su nombre era Nathanael,  el preceptor general. Me indicó una silla vacía para que tomara asiento mientras él revisaba unas carpetas, al fin encontró los registros que correspondían a mis cursos y se sentó a mi lado para revisarlos juntos.
*Mi corazón palpita rápidamente, no puedo evitarlo, hay algo en él que inquieta mi espíritu, Nathanael, ese nombre, estoy segura que ese nombre tiene un significado
antiguo, será que acaso…* -¿Estás bien?- me dijo con una mirada un tanto inquieta interrumpiendo mis pensamientos y devolviéndome a la tierra, -Sí, disculpá, son los nervios- respondí disimulando lo mejor que podía.
Mientras rellenaba el formulario con mis datos, él archivó las planificaciones de los tres cursos en los que daría clases este año, un 2do, un 4to y un 5to. Terminé la ficha y se la entregué, tras revisarla me entregó mis horarios y mientras los agarraba escuché el timbre que indicaba que mi jornada laboral debía comenzar. Respiré profundo por enésima vez esa mañana, saludé a Nathanael que me deseó suerte con una sonrisa y me dirigí a mi primer salón de clases.


#nota de la autora... como se habrán dado cuenta, cambié el nombre de Nathaniel por Nathanael, espero que nadie se enoje, es que en un primer momento había hecho el cambio en forma intencional, pero después se fue ese capítulo y para esa altura, me había encariñado con llamar a nuestro Nath por la variante latina de su nombre.

Capítulo 0 – Sam –


“Casa nueva, vida nueva” dice el refrán.  Con esas palabras como meta dejé mi pueblo y llegué a la capital, buscando un nuevo comienzo, una nueva vida, lejos de todo lo que conocía, lejos de mi familia, de mis amigos, lejos de quien fui, lejos de quien hace tiempo dejé de ser.
Pero paso a paso. Aquí comienza mi historia…
Mi nombre es Sam, tengo 23 años y soy profesora de Matemáticas, me recibí el año pasado porque la carrera me llevó un año más que lo previsto, cosas de la vida supongo.
Nací en una pequeña ciudad a unas 3 horas de la capital, mi vida allí se desarrolló todo lo normalmente esperable hasta que cumplí 18 años. Los acontecimientos ocurridos desde entonces, me llevaron a estar hoy, 5 años después, a las puertas de una nueva vida, muy lejos de mi pueblo, sola (o no tanto) frente a las puertas de una nueva oportunidad.

sábado, 9 de febrero de 2013

Prólogo


Miro mi rostro reflejado en el espejo como cada noche, mis ojos lucen hoy un poco más cansados, las lágrimas derramadas han dejado huella en mi piel y en mi alma… ¿dónde se escondieron mis sueños? Quiero reencontrarlos, pero ya no logro verlos, mi destino siguió adelante mientras yo me perdía en la niebla y me encontré caminando, paso a paso, en el mismo lugar, estancada eternamente, rasguñando el muro que cada día parecía más y más alto, aislándome del mundo, aislándome de mí misma…
Gota a gota, paso a paso… enjuago mi rostro y vuelvo a mirar el espejo, mi mirada está vacía, ya no hay sueños, ya no hay nada. Ni siquiera logro encontrar el terror que me había acostumbrado a ver cada día en mis ojos. Estoy vacía…
Todo cambio duele, cada elección implica la renuncia a todas las oportunidades menos una. No se puede volver atrás, porque la vida es un continuo andar hacia adelante. Mi reloj biológico nunca se detiene, segundo a segundo me vuelvo más vieja, segundo a segundo me acerco un poco más al final último al que todos los mortales nos dirigimos. La única certeza que tenemos en la vida, así como venimos nos vamos… lo único que perdura es el amor…
El Amor…  y qué puedo decir del amor que no se haya dicho antes… siglos y milenios de historias, siglos y milenios de la misma historia repetida desde el principio de los tiempos hasta la actualidad y que existirá así hasta el fin de los tiempos y seguramente en lo que venga después.
Si desde el génesis mismo de la humanidad se ve el dolor que trae aparejado el amor, la dicha efímera, la puñalada eterna en el corazón… no importa a qué mitología, a qué religión o a qué historia nos remontemos encontramos siempre la historia de la pasión desmedida, el corazón roto, las lágrimas innumerables, las sonrisas eternas, la despedida, la muerte… palabras que van siempre de la mano de aquel sentimiento inexplicable en cuyo seno confluyen todos los demás.
Hoy algo empieza a cambiar en mí… esperanzas, fantasías entretejidas en la realidad de un ser misterioso
Me siento en la oscuridad, como tantas otras noches, pensativa, recordando… tal vez sólo eso, recordando los momentos tristes, recordando los momentos felices, y pensando en vos.
Caminos que se cruzan, historias compartidas, momentos detenidos en el ayer… ¿será que te conozco de otros tiempos? ¿o quizás en una mirada pude ver tu ser?.
Me pierdo en las inmensidades de tus ojos y me siento transportada a un mundo nuevo y conocido al mismo tiempo, un mundo extraño donde el ayer es hoy y el futuro se deja adivinar tras los velos de lo místico y lo esencial.
Lágrimas que exponen mi alma y me dejan indefensa ante tu presencia, paz que me envuelve en un abrazo y logra atravesar los muros bajo los que escondo un corazón herido y vulnerable. Un corazón agonizante de dolor que de a poco comienza a latir con un sentimiento conocido, un sentimiento tan ansiado como temido, una pequeña llama que tal vez, en un futuro desconocido, pueda llamar amor, quizás…