Luego de
desayunar, Nath toma un arco, un saco de flechas y cabalga hacia un bosque que
se divisa en la distancia. Es el momento perfecto para explorar y ponerme al
corriente de toda la situación.
Recorro la casa,
es una pequeña cabaña de madera de dos pisos. La planta baja está compuesta
principalmente por un solo ambiente que cumple la función de cocina, comedor y
sala de estar, un enorme hogar a leña se alza a pocos metros de la puerta en el
lugar opuesto a la escalera y unos almohadones se esparcen por el piso delante,
entre ellos encuentro un libro de leyendas con un marcador cerca del final.
Camino hacia un pequeño pasillo que tiene dos puertas, una lleva al baño, la
segunda a una pequeña galería abierta que conecta con el patio trasero donde
hay una mesa y una batea. Vuelvo a entrar a la casa, subo las escaleras, un
pequeño recibidor separa dos puertas, la primera lleva a la habitación donde
desperté, la segunda a una habitación más pequeña, vacía.
Abro las
ventanas y tiendo la cama, una suave brisa recorre las habitaciones como un
soplo de vida. Me siento tan bien.
Bajo la escalera
y ordeno la cocina, coloco en un fuentón los utensilios usados durante el
desayuno y salgo al patio, a lavarlos en la bomba manual. La brisa juega ahora
con mis cabellos, Nath los había dejado sueltos, sostenidos apenas por dos
pequeñas trenzas que comenzaban en mis sienes y se unían en mi nuca. Apenas
termino de lavar los utensilios, los coloco sobre la mesa del patio para que se
sequen. La casa está rodeada por una pequeña cerca que cumple una función más
decorativa que de protección, sólo hay un árbol cerca, ese majestuoso sauce que
se agita levemente, la casa se encuentra a la sombra de la montaña. Poco más
allá observo una pequeña huerta, y me acerco. Las plantas parecen irradiar luz
propia, sus hojas son de un verde brillante, sus tallos fuertes y carnosos y
sus frutos grandes y sin imperfecciones. Las que puedo distinguir son de
tomates, zanahorias, lechugas, zapallos, frutillas y frambuesas.
Junto algunas
fresas y voy a la cocina, busco en la alacena hasta encontrar un poco de miel y
preparo una mermelada. También hay algo de harina así que decido preparar unos
ñoquis de calabaza, pongo una olla con agua sobre la cocina, mientras vuelvo al
huerto en busca de las verduras que necesito.
Nath regresa en
ese instante, y al verme tan concentrada en mi tarea no puede evitar sonreír.
Trae consigo una botella con leche, algunos huevos y una bolsa de tela con una
mancha de sangre.
-¡¿Qué es eso?!-
digo con una expresión entre sorpresa y espanto.
-Tranquila, es
el almuerzo, no te preocupes, yo lo preparo, ya sé que no te sentís cómoda
haciéndolo vos- responde sonriente y se dirige a la batea de la galería.
Decido
mantenerme alejada, vuelvo a la cocina, amaso los ñoquis y los pongo en la
cacerola que ya se encuentra en ebullición.
Tras poner la
mesa y mientras espero a Nath, voy hacia el patio y me siento en el columpio,
todo es tan pacífico aquí. Cierro mis ojos y mi mente comienza a recordar:
Mini, Alex, Cast, mis alumnos, mi familia… Casi los siento un sueño, las
realidades comienzan a confundirse en mi interior, ¿cuál es la verdad y cuál el
sueño? ¿soy Samantha o Selene?.