Alex no había reparado en
gastos para su fiesta de bienvenida, había alquilado una sala vip en un
reconocido club de capital y al mostrar las invitaciones nos dejaron pasar por
la entrada exclusiva mientras todos los que estaban en la fila nos miraban, fue
realmente muy vergonzoso y genial al mismo tiempo, nos sentíamos como estrellas
de rock. La sala vip se encontraba en el primer piso del local, con una especie
de balcón desde donde podía verse la pista principal, contra la pared había
unos sillones de cuero negro, en uno de los laterales la barra de tragos,
mientras que en el otro extremo se había improvisado un pequeño escenario, en
el medio de la sala había una pequeña pista de baile con 3 bolas de espejos
donde ya había gente bailando. –¿De dónde conocés a toda esta gente? - le
pregunté a Alex –De todos lados, la mayoría los conocí por internet, y a un par
más como tu amigo serio que está allá los conocí apenas hoy- me dijo sonriendo,
como si invitar a completos desconocidos a tu fiesta privada fuera lo más
normal del mundo. Me di vuelta y vi a Nathanael parado al lado de las escaleras
con más cara de desconcierto que la que yo misma tenía. –¿Qué esperás para
saludarlo?- me dijo Alex mientras me arrastraba de la mano en su dirección y
guiñándome un ojo agregó –A leguas se nota que te gusta-. Me puse de todos
colores ante la inesperada frase ¿Nath me gustaba? Él me caía super bien, era
lindo, dulce, aplicado, responsable, respetuoso… ups, parecía que mi amiga no
había perdido su capacidad de ver dentro de mi alma aún mejor que yo misma. Un
codazo me devolvió a la realidad –¿Otra vez estás soñando despierta?, veo que
no cambiaste nada en estos años- me dijo Alex riéndose, y dando media vuelta
sobre sus pasos se perdió entre la gente dejándome a solas con Nath. –Hola- me
dijo sonriendo dulcemente –Ho-hola- le respondí tartamudeando mientras mi cara
pasaba por todos los colores posibles hasta sonrojarse completamente. Alex
había provocado una revolución sentimental en mi interior, no podía enamorarme,
había prometido no volver a hacerlo… *¡Basta Sam, tenés que sobreponerte! Es el
mismo chico con el que charlás todos los días en la escuela…*
-Y… ¿qué te parece la fiesta?- dejé caer las palabras como para
salir del momento incómodo en el que estaba sumergida sin que él siquiera se
percatara.
–Se ve entretenida, aunque no suelo salir demasiado… de hecho ni
siquiera sé bien qué estoy haciendo acá- dijo encogiendo los hombros y
sonriendo; no pude evitar reírme
–Estamos iguales, Alex invitó a todo el que se le cruzaba, así que
ustedes dos son los únicos que conozco, me siento re perdida-
-Entonces no puedo menos que invitarte algo para tomar… por
cierto, qué lindo traje-
Mis mejillas volvieron a teñirse color borgoña y esta vez no
fueron ignoradas por él ya que sonrió y
desvió su mirada.
Fuimos hacia la barra donde Alex hablaba con unos chicos, -¡Sam!
¡Vení! - Gritó al verme –Quiero presentarte a Lysandro, Iris y Castiel, son los
chicos de la banda que te conté hoy ¡vamos a poder recordar los recitales a los
que íbamos cuando éramos pendexs!- Iba a
saludarlos cuando noté que Nathanael estaba hablando amistosamente con Lysandro
mientras Castiel parecía contrariado, de hecho, juraría que ni siquiera se
habían saludado. –Está muy bueno- susurró Alex en mi oído mirando de una forma
muy poco disimulada a Castiel, no pude evitar sonreír. Era un rockero con todas
las de la ley y ella siempre había tenido debilidad por ese tipo de chicos, en
sus ojos podía ver el fuego que me decía que iba a conquistarlo costara lo que
costara.