Sobre este blog

La novela presentada en este blog tiene sus orígenes como fan-fic inspirado en el juego "Corazón de Melón" adoptando sus personajes, sin embargo, la historia es totalmente original y propiedad absoluta de la escritora bajo el seudónimo de "Elwing de Darok".

Esta producción cuenta con una novela hermana escrita por una muy buena amiga, que ha tenido una participación activa en la construcción de esta novelita/fanfic y, particularmente, en el personaje de Alex (y que pueden leer en el siguiente blog http://defrentealaverdadayc.blogspot.com.ar/ )

Todo el contenido de este blog es propiedad de sus respectivos autores, no se pretende hacer plagio sino dar a conocer una producción aún en gestación, por lo tanto, no pretendo obtener crédito por producciones ajenas (imágenes, canciones, etc.) que, de ser así requerido, serán removidas inmediatamente de esta página web.

Sin más aclaraciones pendientes, les agradezco profundamente el formar parte de este humilde proyecto que he decidido llevar adelante. Gracias a todos aquellos que se toman el trabajo de leer. Y un Gracias especial a mi Nee-Chan, quien fue testigo de los inicios de esta obra y decidió subirse a esta montaña rusa que hoy por hoy nos llena de satisfacciones.

Y sobre todo lo demás, quiero dedicarle estas palabras a mi hijo, mi fuerza y mi motor para seguir adelante, por vos lucho peque...


*Por el diseño de blogspot, las últimas publicaciones se ubican en la parte superior, por este motivo, la lista de capítulos en orden está colocada en el extremo izquierdo de la página.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Capítulo 36 – de espaldas -

Abrí los ojos lentamente y miré el techo blanco de la sala de hospital. Entonces ¿todo lo que había vivido en esa especie de dimensión alternativa había sido un sueño, una alucinación producto del coma? Pero se sentía tan real… no podía evitar sentir nostalgia, pero estaba feliz, como Selene lo había perdido todo, no tenía a Mini y Nath había sido arrancado de mí, como Samantha se me daba una nueva oportunidad. Pestañeé lentamente y miré hacia los lados.
-¡Está despierta!- gritó una dulce vocecita que yo conocía muy bien. La busqué con desesperación y la vi saltar de los brazos de Nath y correr a abrazarme, me incorporé de una vez en la cama a tal velocidad que me sentí muy mareada, pero nada de eso importó, mi hijita estaba al fin de nuevo en mis brazos. Las lágrimas comenzaron a correr una tras otra y ella me miró preocupada. –Son lágrimas de alegría hijita, te extrañé mucho- dije y la apreté una vez más contra mí.
Tras ese ansiado abrazo presté atención a las otras personas en la habitación, Nath estaba parado al lado de Mini, mirándome con una amplia sonrisa y los ojos húmedos. Alex y Castiel estaban cerca de la puerta, ella se acercó y mirándome de reojo me dijo -¡Nunca vuelvas a darnos un susto así!- riendo inmediatamente después y dándome un fuerte abrazo.
En el otro extremo de la habitación estaban mis padres, mi madre se acercó sollozando y me abrazó, hacía mucho tiempo que no sentía su calor. Nos habíamos distanciado tanto durante esos años, pero en cierto modo parecía que todo ese tiempo se desvanecía y se convertía en un suspiro que el viento podía borrar. Todos mis miedos habían muerto con él.
-Volvé a casa- me dijo mi madre al alejarse de mí. Miré a mi alrededor, a las personas en esa habitación -Estoy en casa- respondí con mis ojos  fijos en Nath.
-Nee-chan- dijo entonces Alex -¿Qué te parece si les mostramos a los chicos de dónde venimos haciendo un viaje, una vez que te recuperes del todo?-
-Sí, es una buena idea-


Quizás ahora mi vida tomaría otro rumbo, ya no tenía motivos para seguir huyendo. Durante todo este tiempo me había cerrado en mi misma, me había aislado de todo y todo había dejado de importarme. Mini era mi única razón para vivir, y rescatarnos a las dos de nuestro infierno había sido mi única meta. Pero ahora, ahora tenía a mi hermana, ahora tenía amigos, y lo tenía a Nath. De pronto me di cuenta, durante tanto tiempo había vivido dándole la espalda al mundo, de espaldas a mí misma. Ahora se me daba la gracia de una nueva vida, y esta vez, la viviría de frente.


Capítulo 35 – Abriendo los ojos -

-Tenés que luchar, volvé a mí -
Esa voz, no puede ser, si él está… pero estoy segura, es Nath. Poco a poco comencé a abrir los ojos, apenas podía mover mi cuerpo y algo me impedía hablar ¿dónde estoy?. Estaba acostada, sólo podía ver un techo blanco en una habitación en penumbras.
-Por favor, abrí los ojos, tenés que despertar-
Giré como pude mi cabeza en busca de esa voz, estaba segura que era él. Con la cabeza oculta entre sus brazos apoyados en la mitad de la cama, un chico rubio de cabellos despeinados susurraba un ruego. ¡Es Nath! ¡está bien! ¡está a salvo!. Quise gritar su nombre, pero el tubo en mi garganta me lastimó, me moví en la cama y él levantó su mirada.
Su rostro se iluminó de pronto, saltó de su silla y comenzó a llamar a gritos a la enfermera mientras me acariciaba y me decía que me quedara tranquila y a su lado, que todo estaba bien y que me amaba.
La calidez en su voz me devolvió la paz, algunas lágrimas se escaparon sin permiso de mis ojos, nublando un poco mi mirada. Dos enfermeras y un médico entraron a la habitación, sobresaltados por causa de los gritos de Nath. Lo apartaron de mi lado mientras me examinaban y me quitaban poco a poco y después de varias pruebas, los distintos artefactos a los que estaba conectada. No podría decir con certeza qué hicieron, ni cuánto tiempo estuvieron ahí. Sólo me limité a responder sus preguntas mientras mis ojos seguían fijos en Nath, quien me observaba con una sonrisa desde un extremo de la habitación.
Finalmente nos dejaron nuevamente a solas. Tosí para aclarar mi garganta, aún entumecida por el tubo de respiración. Nath se sentó a mi lado. Alcé mi mano y acaricié su rostro, lucía tan cansado. Sus ojos mostraban las señales del sueño postergado y la barba de varios días cubría su cara. Él me beso con gran cuidado y se disculpó por estar tan poco presentable. Negué con la cabeza y una sonrisa y “Mi guardián” fueron las primeras palabras que mis labios liberaron. Las lágrimas inundaron mis ojos y él me besó nuevamente, con mucha más pasión pero con el mismo cuidado que antes.
-¿Qué pasó? ¿dónde está Mini?- pregunté al fin
-¿No recordás nada?-
Negué con la cabeza. Suspiró y acarició uno de mis mechones con nostalgia, de pronto lo noté, mis largos bucles ya no estaban, mi cabello apenas llegaba bajo mis orejas.
 -Tuvieron que cortarlo, pero hablé con una enfermera y pude recuperarlo casi todo, lo tiene Mini en un cofrecito, ella está con tus padres, está bien, es muy tarde ahora así que deben estar durmiendo.-
Mi mirada atenta le indicó que debía continuar, él suspiró.
-Estuviste 11 días en coma. De hecho…- su voz se quebró, pero agitando su cabeza de lado a lado se sobrepuso nuevamente –estás bien y es todo lo que importa.-
-¿Coma? ¿y cómo caí en coma?-
Respiró profundamente antes de continuar –Imaginaba cómo iba a ser contarte esto cuando despertaras, aunque los médicos perdieron las esperanzas con el transcurso de los días. No pensé que me iba a costar tanto.-
Acaricié su rostro y le sonreí, él me regaló una sonrisa de vuelta y continuó
-Estábamos saliendo de la escuela cuando me di cuenta que me faltaba el celular, si tan sólo no hubiese sido tan idiota como para olvidarlo en preceptoría, o si me hubieses acompañado a buscarlo nada de esto hubiese pasado.-
-No es tu culpa Amor- dije acariciándolo nuevamente, intentando calmar la culpa que lo carcomía por dentro.
-Escuché un tiro y cuando salí al patio te vi tirada en la entrada. Melody estaba conmigo y llamó a la ambulancia, yo corrí hacia donde estabas, pero no pude hacer nada, te dormiste en mis brazos.-
Dos lágrimas corrieron por sus mejillas pero las secó rápidamente. Los recuerdos comenzaron a volver poco a poco, sí, recordaba ese mediodía, había sido…
-¿Fue <él> no?-
Nath asintió con la cabeza –Cuando estaba a tu lado se escuchó otro tiro, te cubrí creyendo que iba hacia nosotros pero cuando levanté la cabeza lo vi tirado en la vereda.-
-¿Se pegó un tiro? ¡decime! ¿está bien? ¿Guido está bien?- Nath me miró con sorpresa e interrogación.
-¿Todavía te preocupás por él después de todo lo que te hizo?-
Bajé mi mirada al comprender que quizás había sido demasiado cruel preguntarle a Nath, quien me había cuidado todo este tiempo, por el bienestar del hombre que había convertido mi vida en un cuento de horror, pero ni siquiera había controlado mis palabras, habían salido sin permiso de mi boca. Mal o bien, él era el padre de mi hija, necesitaba saber cómo estaba.
Nath me acarició y levantó mi rostro hasta encontrarnos nuevamente frente a frente.
-Disculpame, no te tendría que haber contestado así. Él no va a volver a molestarlas Sam. Se mató ese día. Quería llevarte a vos con él, pero luchaste, y acá estás-
Una mezcla de dolor y alivio recorrió mis venas -¿Cómo está Mini?-
-Triste, pero bien, ella nos dio fuerzas a todos. Viene todos los días a verte y te habla y almuerza a tu lado. Está esperando ir a las hamacas con su mamá otra vez.-
Lágrimas de emoción escaparon esta vez por mis ojos. Mi mirada se nubló.
-Sam, ¿estás bien?- me preguntó Nath con preocupación.
-Sí, pero tengo sueño-

-Es normal, descansá, fue demasiado esfuerzo todo esto. Tranquila, acá estoy y siempre voy a estar. Te Amo.-

Capítulo 34 - Vida y Muerte -

Un estruendo se escucha en la distancia y una explosión, esta vez más cercana, me obliga a despertar de mi letargo –Corre al Templo- ordena mi padre. Tras un segundo de duda lo hago, Nath, Alex, Cas, ¿estarán bien? No puedo quedarme acá escondida ¡tengo que hacer algo!. Salgo del Templo y corro hacia la casa, en un pasillo encuentro a Desireé que me está buscando, me lleva al que había sido mi cuarto y abre un pasadizo que nos lleva a otra habitación. Allí hay un baúl con ropa, cambiamos nuestros vestidos por un traje de guerra y algo brilla en el fondo del baúl al sacar la última prenda. Extiendo mi mano, embrujada por el reluciente metal y saco una hermosa espada coronada por un rubí y un pentagrama en la empuñadura, la imagen de una serpiente asciende grabada en la hoja –Darok- pronuncian mis labios, Desi se vuelve hacia mí y con sorpresa exclama –Es la espada de tu madre-.
Un nuevo estruendo y un temblor nos obligan a apurarnos. Corremos hacia las murallas, aún no han sido penetradas pero nuestras tropas están en clara desventaja. Nos escabullimos hasta rodear la tropa enemiga -¿Qué hacen ustedes acá?- nos susurra una voz no muy amistosa, al girar descubrimos a Castiel que nos mira con cara de pocos amigos. Junto con Nath intentan derribar al comandante en jefe, al tremebundo maquinador de toda esta miserable matanza sin sentido. 
Nos acercamos sigilosos, cuidándonos las espaldas unos a los otros. Los chicos avanzan contra los guardias que protegen el carro imperial mientras Desi y yo vamos por el comandante. Es un ser despreciable, bebiendo y festejando mientras afuera se matan por su causa, parece un antiguo dios de la guerra, regocijándose con el olor de la sangre. Al vernos ingresar al coche se sorprende y su guardia personal se coloca delante suyo, el vil comandante dibuja entonces una mueca en su cara -Dos “nenitas” creen que pueden vencer al más fiero guerrero- dice mientras lanza una carcajada burlona. Su guardia personal nos ataca, obligándonos en un golpe a abandonar el carro. Las habilidades con la espada de Desi y mía parecen nulas al lado de tan poderoso guerrero, estamos exhaustas. Desi ataca, él la aparta con un golpe de puño y cae al suelo, desarmada pero a salvo. Castiel que se encontraba a punto de ingresar al carro se queda paralizado, pero al ver que ella se encuentra bien sigue su tarea y va por el comandante. El guardia lo ve entonces y camina hacia él. Me abalanzo sobre el guerrero con mi espada en alto, él gira velozmente, esquiva el golpe y lanza una estocada. Mi corazón parece detenerse, el tiempo corre más lento. Un grito de furia sale del coche, Castiel con su espada manchada con la sangre del comandante ataca al guerrero y lo decapita de sólo un golpe.  Debería estar muerta, no estoy herida ¿cómo? ¡NO!
Nath yace en el piso, con la espada del guerrero aún en su pecho, muriendo. La desesperación me inunda, las lágrimas no me dejan ver bien –Nath, amor, por favor, resistí, todo va a estar bien, vamos a ir con mi padre, él va a curarte, resistí amor mío, por favor.- no puedo contenerme, su vida se escurre entre mis brazos. Me dedica una mirada y sonríe tiernamente con las pocas fuerzas que le quedan, me acaricia y me dice:
-No llores pequeña mía, este no es el fin, solo otro camino. Vamos a encontrarnos de nuevo y estaremos juntos para siempre, hasta el fin de los tiempos y en lo que venga después.-
-¿Es una promesa?- digo sollozando y con la poca fuerza que le queda me sonríe
-Una promesa de amor-
Sus ojos se cierran lentamente, su mano resbala de mi rostro hasta detenerse finalmente contra el suelo, su respiración se corta, su corazón deja de latir, se ha ido.
La desesperación y el dolor me inundan, esto no puede estar pasando, no puede ser real, no, Nath, mi amor, mi único amor, mi salvador, mi fuerza, mi destino. Desi me toma por los hombros, la aparto. No puedo soltarlo, no puedo dejarlo ir, quiero ir con él…

No sé cuánto tiempo hace que estoy corriendo, no sé dónde estoy, no me importa tampoco, sólo quiero escapar, no hay vida para mí si no es a su lado, no puede estar pasando esto, es mi culpa, él no está por mi causa, si tan sólo…

Mi rostro se encuentra estrepitosamente contra el suelo, no tengo fuerzas para levantarme, sólo quiero dejarme morir. Y me quedo allí, hundiéndome más y más en el dolor, ahogando las lágrimas que caen una tras otra por mi rostro mientras lo apretó más y más contra mis puños cerrados. Allí tirada entre la hierba que mueve el viento, sola…




Capítulo 33 - La leyenda de Ileana -

Una silueta en la puerta nos devuelve a la realidad, es Dimitri, mi padre, quien nos mira con cierto recelo. Me pongo de pie y me dirijo hacia él, y en un acto que ni yo misma esperaba lo abrazo y lloro en sus brazos. Me siento protegida, como una nena que se despierta en la noche tras una pesadilla. –Te recuerdo Padre-
Puedo sentir su corazón acelerando su ritmo, mientras sus brazos me estrechan aún más fuerte contra él. Cuando nos separamos, Nath no se encuentra más allí. Lo busco desesperada con la mirada, inquieta. Mi padre intenta distraerme hablándome del jardín, mostrándome flores y plantas exóticas.
Caminamos algunos minutos, no sabría decir cuántos, y llegamos al Templo. Mi mirada se fija en el Tyet dibujado en el frontispicio y soltando la mano de mi padre me siento arrastrada hacia adentro, me aíslo del mundo, atravieso la puerta y llego hasta una piedra piramidal azul que hace los modos de altar. Elevo mi mirada al cenit, el techo es de cristal por lo que puedo ver el cielo nocturno. Una ráfaga de viento me envuelve, una voz femenina me susurra “bienvenida a casa hija” y caigo en trance.
Abro los ojos, todo vestigio de mi vida como Samantha ha quedado en el recuerdo, soy Selene. Salgo del Templo y encuentro a mi padre sentado bajo un árbol, luce tranquilo. Corro a abrazarlo lo más rápido que puedo.
-¡Padre! ¡ya recuerdo! ¡recuerdo todo!- grito alegremente mientras él me abraza y sonríe feliz. -Eso quiere decir que…- mi mente se pierde otra vez en mis propios pensamientos y mi rostro se vuelve tosco una vez más. -¿Qué pasó con mi vida como Sam? Todos los que conocí, todos los que amé, Mini, mi hijita, quiero a mi hijita conmigo, no puedo renunciar a ella, no pudo haber sido un sueño, yo la llevé en mi interior, la tuve en mis brazos, ella es real, lo sé, lo sé en lo profundo de mi ser.- Caigo llorando al piso, Dimitri se agacha a mi lado
–Hija, hay algo que te he ocultado, ya es tiempo de que lo sepas- levanto mi mirada repleta de lágrimas y lo miro a los ojos, puedo ver el dolor surcar los suyos, nos sentamos bajo un árbol y él comienza a narrar la historia –Tu madre fue una sacerdotisa, al igual que tu mi niña. La Hija de los Dioses la trajo a este Templo cuando era una bebita recién nacida, nunca supimos quiénes eran sus padres. Ella creció aquí, en este mismo jardín. Y fue aquí donde la descubrí cuando yo rozaba los 22 años y ella los 11. Nos convertimos en amigos muy cercanos, llegamos a llamarnos hermanos, y a medida que los años pasaban, ese amor fraternal fue creciendo hasta convertirse en amor verdadero. Pero ella era una sacerdotisa, era un bien demasiado preciado para que un aprendiz de guerrero la poseyera. Así que cada noche, en silencio, nos encontrábamos en una pequeña cascada en el bosque, sí hija, la misma cascada donde vos te encontrabas con Nathanael.- dijo adivinando mis pensamientos tras la sorpresa que no pude disimular.
-Así como yo siempre lo supe, la Hija de los Dioses también lo supo entonces, pero por alguna razón guardó silencio. Al igual que hoy, una guerra nos mortificaba en aquel entonces. Esta ciudad no es una fortaleza, nunca estuvo preparada para la batalla, pero es el corazón y el alma de los pueblos libres y por eso fue entonces, como lo es ahora, codiciada por aquellos que pretenden el control sobre todos y todo. Al final, la guerra tocó estas puertas- suspira y el dolor en sus ojos se vuelve más profundo, me dedica una mirada y acaricia mi rostro antes de continuar -Sos tan parecida a ella, el día que naciste las murallas cayeron, yo partí a la guerra, pero nada podía detener al enemigo. Cuando todo parecía perdido, ella caminó al frente de batalla y entregó su vida a los Dioses a cambio del fin de la guerra. Una potente luz brotó entonces iluminando la noche y cuando se extinguió, el enemigo había desaparecido y ella se encontraba tendida en el suelo, muriendo.
Corrí hacia ella y le prometí que iba a protegerte de todo mal. Entonces me dijo que tú estabas atada a su mismo destino, que cargabas el mismo don y el mismo peso. Hija mía, tú hablas de Mini, tu hija. Cuando cumpliste once años lo supe, las fronteras de este mundo no son barrera para tu espíritu como tampoco lo eran para tu madre. Ella vivió su vida en dos mundos distintos, viajando en sueños de uno a otro, no sabiendo nunca cuál era el real y cuál el de ensueño. Esa noche me lo confesó, ninguno es más real que otro, pero sólo en tu interior sabrás a cuál perteneces.-

Una gruesa gota corre ahora por mi mejilla derecha, estoy pasmada, no puedo emitir sonido, no sé qué decir, qué sentir. ¿Acaso debo elegir entre este paraíso mágico y el mundo capitalista? La elección no sería difícil si no fuera por Mini, jamás voy a renunciar a mi hija. Mini… ¿estará atada ella también a este crudo destino?. Ya no sé qué hacer ni que pensar, siento un gran peso en mi alma. 

Capítulo 32 – Revelaciones -

Camino por inercia mientras Nath me guía de la mano por los extensos pasillos. Esto está superando todos los límites, va mucho más allá de un viaje astral, es todo tan real, se siente tan real, tengo miedo, tanto miedo. Extraño a mi hijita, ¿alguna vez volveré a verla?. Me siento prisionera, atrapada en esta realidad, en esta dimensión. Y confundida, sobre todo confundida. ¿Cuál es la realidad? Ya no puedo decir con certeza que mi vida como Samantha es la tangible y mi historia como Selene es el recuerdo. Estoy viviendo en el recuerdo, literalmente viviendo, en carne y hueso, sintiéndolo real. Cada día que pasa olvido algo de mi vida como Samantha, es como si poco a poco me fuera alejando de esa realidad. Pero tengo que seguir luchando, no puedo renunciar a mi vida. No voy a renunciar a Mini.
Atravesamos una puerta, nos encontramos en un balcón con piso de mármol blanco y mucha vegetación alrededor que lo aísla de vistas externas, solo quedamos Nath y yo. Él me suelta y camina unos pasos hasta apoyar sus manos en la baranda, agacha su cabeza, parece estar lidiando con los pensamientos en su mente, eligiendo las palabras justas. Me acerco entonces a él, coloco mi mano en su hombro, él levanta su rostro y me mira, sus ojos revelan un profundo pesar, lo abrazo y él me aprieta con fuerza contra su pecho, como si en ese abrazo pudiésemos escapar de la realidad, pero no podemos. Nuestros cuerpos se alejan lentamente, su mirada es ahora más calma, pero aún revela una profunda tristeza.
Me lleva hacia un banco blanco que hay en un costado y nos sentamos.
-Perdoname- dice entonces; mi mirada se llena de interrogantes, él sigue hablando con la mirada perdida en un punto más allá de sus pies, recuerdo esta situación, es la misma en la que estuvimos aquella vez, cuando me confesó aquello que opacaba su espíritu, pero esta vez algo era sustancialmente distinto, esta vez su confesión me inmiscuía por completo.
-Perdón Sel- reitera mirándome, esta vez a los ojos; los suyos están húmedos, luchando contra las lágrimas que ahogan su corazón, aprieto con más fuerza su mano y con una leve sonrisa asiento con la cabeza indicándole que todo está bien, y que continúe.
-Tendría que haberte dicho esto antes, mucho antes, pero no me atreví, no tuve el coraje. No podía arriesgarme a perderte- levanta sus enormes ojos de miel y me mira, un escalofrío recorre mi alma. -Sel… esta es tu casa, ese hombre, Dimitri, es tu padre. Y yo… yo no soy más que un extranjero, un exiliado, no soy digno de tu amor, no soy digno de mirar siquiera a los ojos a una sacerdotisa. Pero aquella noche… ver tu silueta iluminada apenas por la luna… había algo en vos que me obligó a seguirte… -
Me siento confundida, completamente perdida, ¿una sacerdotisa? como Samantha tuve siempre una percepción distinta del mundo, aún desde niña, pero nunca creí que alguna vez tendría el nivel suficiente para tener el honor de convertirme en sacerdotisa. La incertidumbre en mis ojos lo hace suspirar y continúa.
-Hace mucho tiempo desde aquella noche, tres años exactamente. Hacía poco que la invasión había vuelto a comenzar y yo llegué a esta ciudad, a devolverle a tu padre el favor que me había hecho 8 años antes, al darme refugio cuando mi ciudad fue destruida. Me puse a su servicio y Castiel fue mi compañero y maestro en el arte de la guerra. Dimitri procuró esconderte bien de mis ojos, jamás había sabido siquiera que tenía una hija, hasta aquella noche. –
Hace una larga pausa y suspira una vez más antes de continuar, parece buscar las palabras correctas con la paciencia y el compromiso con que un músico hila las notas, como temiendo pronunciar algo incorrecto, o quizás, intentando suavizar una realidad que se niega a aceptar y que yo tengo miedo de conocer.
-Sel, muchas noches después de esa nos encontramos en ese lugar. Pero la guerra se aproximaba más y más y debí partir. Pensaba en vos cada día, en tus ojos, en tu pelo bañado por la luz de luna. Cada noche veía la Madre Celestial y te sentía cerca, conmigo en la distancia. Y una noche volviste a mí. Habías tenido una visión donde me herían y habías cabalgado en secreto para advertirme. Llegaste justo cuando éramos emboscados y…-
Su voz se quiebra, sus ojos están llorosos, los míos también, un profundo pesar oprime ahora mi corazón -¿qué pasó entonces?- pronuncio ansiosa con un nudo en la garganta mientras unas lágrimas escapan de la contención de mis ojos. Ahora quien parece quebrarse es su espíritu, y por primera vez veo caer lágrimas de sus ojos.
–Una flecha iba hacia mí, no sé cómo hiciste para percibirla o para moverte tan rápido pero… te hirieron Sel, te hirieron y vi la luz escaparse de tus ojos. Esa flecha era mi destino, no el tuyo. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te pusiste delante?- sus ojos ya no pueden contener sus lágrimas y cae sollozando sobre mi regazo. 
Nos quedamos así, en este momento que se suspende en el tiempo, una suave brisa sopla aislándonos aún más del mundo. Levanto su rostro y miro sus ojos, un profundo remordimiento lo carcome por dentro, mi mirada se serena –¿Así perdí la memoria?- asiente levemente y quita su vista de la mía, levanto su rostro hasta encontrarnos nuevamente frente a frente, y lo beso con toda la fuerza de mi espíritu.
Nuestros labios se separan en un suspiro, dibujo una sonrisa y sus labios me regalan, al fin, otra de vuelta, sus ojos se ven más aliviados. –El amor que siento por vos fue capaz de sobrevivir a todos mis demás recuerdos, te amo y esa es la única certeza en mi vida de ensueño. No te sientas mal mi Amor. Todo está bien, estamos juntos y vamos a estarlo para siempre.-
Sus ojos se vuelven sombríos nuevamente y suspira antes de perder su mirada, otra vez, en el punto infinito tras sus pies –Tu padre jamás me perdonó eso, mucho menos lo que vino después-
Debo confesar que no esperaba eso, ¿después? ¿hay algo peor?

–Llegamos cuando estaba amaneciendo, cuando él vio te vio así, con apenas un hilo de vida en mis brazos, la desesperación lo inundó. Te arrancó de mí y te mantuvo alejada, en secreto, no sabía si estabas viva siquiera, la oscuridad me carcomía y cada día moría un poco más de mí. Una mañana, Desireé vino a despertarme, Castiel iba con ella pero esperó afuera mientras hablábamos, respiré al saber que te encontrabas bien, despierta y sana, pero sin memoria. Tu padre te mantenía encerrada en la casa y la tristeza te estaba destruyendo, no comías, no dormías y luego… tomaste el cuchillo que venía con la cena y esa noche en tu cuarto cortaste tus muñecas. Desireé ante eso hizo lo que creyó correcto y recurrió a mí y me ayudó a llegar esa noche a tu cuarto, y entonces la luz y la alegría volvió a tus ojos y a mi vida. Te besé y te amé como nunca antes esa noche, y las siguientes. Hasta que me rogaste que te sacara de ahí. Con la ayuda de Castiel y Desireé escapamos y te llevé al único lugar seguro que conocía, la que había sido la casa de mis abuelos.-

Capítulo 31 – Sombras -

El alba nos descubre abrazados, acostados en el pasto al refugio de la montaña.
-Tenemos que irnos, debíamos haber llegado anoche y van a empezar a preocuparse- me dice mientras ensilla nuevamente a Trueno.
Atravesamos el bosque que cada vez se hace menos espeso y tras media hora de caminata llegamos a una muralla. La rodeamos hasta encontrar una enorme puerta grabada con símbolos que, aunque no puedo descifrar, en lo profundo de mi ser comprendo.
La puerta comienza a abrirse y entramos. La ciudad es hermosa, está construida en piedra blanca y la Naturaleza se abre camino con sus enredaderas y sus flores componiendo un paisaje propio de un libro de hadas. Caminamos en silencio por las angostas calles hasta llegar a una construcción más elegante que las anteriores. Castiel nos espera recostado contra una pared mientras una doncella camina inquieta frente a él.
-¡Selene!- Grita ella al verme, corre hacia mí y me abraza muy efusivamente.
-¿Alex?- digo al darme cuenta que esta joven de largo cabello y vestido elegante es idéntica a mi amiga, bueno, sólo en sus rasgos, Alex nunca usaría ropa tan formal y femenina.
-Sel, me alegra que me recuerdes, pero por favor, no me llames por mi primer nombre que ¡lo odio!- ante mi mirada de incertidumbre me dice con preocupación –Soy Desi, Desireé, ¿no te acordás?- niego con la cabeza, no tengo forma de mentirle. Ella suspira y de la mano me lleva hacia adentro.
Siendo honesta, este asunto de que todo el mundo esté esperando que yo recuerde cosas está empezando a molestarme, pero lo que más me molesta es que nadie se toma el trabajo de explicarme qué es lo que está pasando y qué es lo que pretenden que recuerde.
Llegamos a un balcón donde un hombre de cabellos largos y castaños se encuentra sentado, observando el infinito. Nath y Cas se quedan en la puerta mientras Alex/Desireé se acerca a él y le dice algo al oído.
Él se pone de pie, Desireé amaga una pequeña reverencia y Nath y Cas se arrodillan, yo permanezco firme, el asombro me paraliza, en especial cuando él gira y me mira, sus labios esbozan una sonrisa y sus ojos lucen cansados pero aliviados al fin. Se acerca a mí y me toma de las manos. –Selene, hija mía, ¿me recuerdas?- Mis labios se separan, intento decirle que sí, que reconozco su rostro aunque juraría que nunca antes lo había visto, pero el sonido se rehúsa a abandonar mi garganta. Él suspira entonces –Tu mente aún se encuentra vagando a través de las fronteras del mundo-
Mi rostro cambia en una mueca de interrogación y finalmente grito las palabras que ahogo desde el momento en que desperté en esta realidad -¡¿Alguien puede explicarme qué corno está pasando acá?! ¡¿Qué es lo que se supone que tengo que recordar?! ¡Por qué todos parecen conocerme y yo no logro hacerlo?! ¡¿Quién soy?! ¡¿Qué está pasando con mi mente?!- Mis rodillas no son capaces de seguir soportando el peso de mi alma y caigo envuelta en llanto al piso, Nath se acerca y me abraza, por lo que el Lord le dedica una mirada cargada de ira. -¿No fuiste capaz de explicarle lo que estaba pasando antes de traerla aquí? Dejar que te la llevaras fue un error muy grande que no cometeré de nuevo-
-No quería atormentarla con fantasmas del pasado, cada día recupera un poco más de memoria y con el tiempo suficiente, ella misma podría haber recordado todo- contesta sumisamente Nath
-Ahora esa opción no existe, repara tu error y ponla al tanto de la situación. ¡Salgan todos de mi vista ahora mismo!- dice el Lord antes de volver a su silla y a su letargo, su mirada recupera ese profundo pesar y esa dureza que indica que ha sufrido mucho. Nath me levanta con cuidado y entramos nuevamente a la casa.


Capítulo 30 - El jinete -

Nueve días pasaron ya desde la última vez que fui Samantha. Poco a poco los recuerdos de mi vida como Selene comienzan a regresar a mi mente y mi vida “real” parece convertirse en un sueño.
La tarde transcurre pacíficamente, como todas hasta ahora. Nath lee recostado en el pasto mientras yo me hamaco suavemente. Sentarme en esta hamaca me hace sentir tan bien, cuando me columpio el tiempo se detiene, sólo soy yo con mis pensamientos, yo, ni Sam ni Sel, simplemente yo.
El sonido de unos cascos chocando contra el suelo en la distancia se vuelve más y más cercano, hasta revelarnos un jinete que se aproxima a toda velocidad a nuestra pequeña casa. -¿Castiel?-Nath y el jinete me miran sorprendidos.
-Parece que la princesita empieza a recordar- dice con cierta ironía Castiel, mientras Nath asiente con una sonrisa; la expresión de su rostro devela un gran alivio, como si poco a poco se liberara de un profundo peso depositado en sus espaldas. Nuevamente estoy confundida ¿empiezo a recordar? ¿qué es lo que tengo que recordar? ¿Por qué tanta sorpresa cuando llamé Castiel, precisamente a Castiel? Intercambian unas miradas serias y entramos a la casa.
-Es hora- dice de pronto Castiel –El Lord nos está convocando, se acerca el final-
La mirada de Nath se hace más profunda y se pierde en un punto en la pared minutos antes de mirarme, sus ojos destilan ahora una antigua preocupación, algo que parecía haber querido olvidar. Se pone de pie de pronto, me toma de una mano y me lleva arriba, a nuestra habitación. Una vez allí me estrecha en un fuerte abrazo.
-¿Recordás algo Sel?-
No puedo mentirle, no tengo idea qué está sucediendo por lo que bajo la mirada y niego con la cabeza. Él suspira y me abraza nuevamente.
-Tu padre, tenemos que ir a ver a tu padre- dice con un profundo pesar que se acrecienta con cada una de sus palabras. Lo abrazo.
-Todo va a estar bien, mientras esté a tu lado- le digo justo antes de besarlo.
Nos miramos a los ojos y nos ponemos en acción, él prepara unas mochilas mientras yo cambio mi vestido por ropa de viaje.
Bajamos la escalera, Castiel está recostado en una silla, masticando un palillo. –Ya era hora- musita –Voy a adelantarme para despejar el camino y avisar que ustedes están yendo- Y apenas termina de decirlo, sale por la puerta, sube a su caballo y se pierde en el horizonte.
Nath va entonces en busca de Trueno, su caballo, mientras yo termino de poner a dormir nuestra casa. Ese había sido mi hogar y ahora debía abandonarlo para reencontrarme con un padre que no podía recordar y por circunstancias que, aunque no conocía, sentía que no eran buenas. Una lágrima rueda por mi mejilla derecha, siento un calor conocido que me aprieta en un abrazo. –Tengo miedo de perderlo todo- digo dejando finalmente paso libre a mis lágrimas que caen una tras otra sin permiso y sin pausa mientras él me aprieta contra su pecho.
Sube luego a su corcel y me extiende la mano para ayudarme a subir detrás de él y así lo hago. Cabalgar es algo que sé hacer bien, ya que lo hacía todos los fines de semana en casa de mis abuelos durante mi niñez y adolescencia.
Ninguno ha pronunciado palabra aún, nos encontramos sumidos en nuestros propios pensamientos cuando el crepúsculo nos encuentra llegando a una encrucijada. Nath detiene el caballo.
-Sel, si seguimos por ese camino llegaremos a la ciudad en más o menos una hora, pero quiero ir a otro lugar antes, si te parece bien claro.-
Asentí, confío plenamente en él, ¿por qué no habría de hacerlo?
Cabalgamos largo rato hasta llegar a un bosque, nos internamos poco a poco en él y llegamos a un claro con una pequeña cascada. Este lugar, hay algo demasiado familiar en este lugar.
-¿Recordás algo?- me dice Nath mientras baja del caballo, yo lo había hecho segundos antes.
Mis ojos escrutan todo a mi alrededor -Sí, sí recuerdo- Mis labios comienzan a pronunciar sin permiso los pensamientos que llegan lento pero sin pausa a mi mente -Recuerdo haber salido a escondidas aquella noche de luna de la ciudad, recuerdo haber llegado hasta este mismo lugar, al igual que muchas otras veces antes. Pero esa noche algo había sido distinto, había sentido una presencia tras de mí, siguiéndome a pocos metros. No me asusté, su esencia era pura y curiosa, no había en su aura más que calor y amor. Al llegar al bosque corrí hacia este claro y entré en una cueva tras la cascada- Camino hacia la oscura masa montañosa de la que brota el agua, inspecciono la piedra y corriendo unos arbustos que esconden la entrada, encuentro una pequeña cueva. Nath me mira sereno y en silencio. –Recuerdo que pocos minutos después mi persecutor llegó hasta este lugar, sus ojos brillaron cuando los tenues rayos de luna lo rozaron, él miró la cascada y tras unos segundos de duda comenzó a alejarse cabizbajo. Me sentí embrujada, abandoné mi escondite y caminé hacia él, que giró hasta encontrarnos frente a frente.-

Por un segundo vuelvo  a la realidad y miro a Nath, una dulce sonrisa se dibuja en sus labios, mientras la tenue luz de la luna brilla en sus cabellos y en sus ojos. Camino hacia él y lo abrazo. –Fue en este lugar donde nos conocimos ¿no?- le pregunto. Él me aprieta aún más fuerte entre sus brazos y en mi oído susurra. –Este es el lugar donde mi corazón volvió a latir.- 

Capítulo 29 – Nueva rutina, otra vez -

Luego de desayunar, Nath toma un arco, un saco de flechas y cabalga hacia un bosque que se divisa en la distancia. Es el momento perfecto para explorar y ponerme al corriente de toda la situación.
Recorro la casa, es una pequeña cabaña de madera de dos pisos. La planta baja está compuesta principalmente por un solo ambiente que cumple la función de cocina, comedor y sala de estar, un enorme hogar a leña se alza a pocos metros de la puerta en el lugar opuesto a la escalera y unos almohadones se esparcen por el piso delante, entre ellos encuentro un libro de leyendas con un marcador cerca del final. Camino hacia un pequeño pasillo que tiene dos puertas, una lleva al baño, la segunda a una pequeña galería abierta que conecta con el patio trasero donde hay una mesa y una batea. Vuelvo a entrar a la casa, subo las escaleras, un pequeño recibidor separa dos puertas, la primera lleva a la habitación donde desperté, la segunda a una habitación más pequeña, vacía.
Abro las ventanas y tiendo la cama, una suave brisa recorre las habitaciones como un soplo de vida. Me siento tan bien.
Bajo la escalera y ordeno la cocina, coloco en un fuentón los utensilios usados durante el desayuno y salgo al patio, a lavarlos en la bomba manual. La brisa juega ahora con mis cabellos, Nath los había dejado sueltos, sostenidos apenas por dos pequeñas trenzas que comenzaban en mis sienes y se unían en mi nuca. Apenas termino de lavar los utensilios, los coloco sobre la mesa del patio para que se sequen. La casa está rodeada por una pequeña cerca que cumple una función más decorativa que de protección, sólo hay un árbol cerca, ese majestuoso sauce que se agita levemente, la casa se encuentra a la sombra de la montaña. Poco más allá observo una pequeña huerta, y me acerco. Las plantas parecen irradiar luz propia, sus hojas son de un verde brillante, sus tallos fuertes y carnosos y sus frutos grandes y sin imperfecciones. Las que puedo distinguir son de tomates, zanahorias, lechugas, zapallos, frutillas y frambuesas.
Junto algunas fresas y voy a la cocina, busco en la alacena hasta encontrar un poco de miel y preparo una mermelada. También hay algo de harina así que decido preparar unos ñoquis de calabaza, pongo una olla con agua sobre la cocina, mientras vuelvo al huerto en busca de las verduras que necesito.
Nath regresa en ese instante, y al verme tan concentrada en mi tarea no puede evitar sonreír. Trae consigo una botella con leche, algunos huevos y una bolsa de tela con una mancha de sangre.
-¡¿Qué es eso?!- digo con una expresión entre sorpresa y espanto.
-Tranquila, es el almuerzo, no te preocupes, yo lo preparo, ya sé que no te sentís cómoda haciéndolo vos- responde sonriente y se dirige a la batea de la galería.
Decido mantenerme alejada, vuelvo a la cocina, amaso los ñoquis y los pongo en la cacerola que ya se encuentra en ebullición.

Tras poner la mesa y mientras espero a Nath, voy hacia el patio y me siento en el columpio, todo es tan pacífico aquí. Cierro mis ojos y mi mente comienza a recordar: Mini, Alex, Cast, mis alumnos, mi familia… Casi los siento un sueño, las realidades comienzan a confundirse en mi interior, ¿cuál es la verdad y cuál el sueño? ¿soy Samantha o Selene?.

Capítulo 28 – Ensoñación -

-Buenos días hermosa-
-¿Qué? ¿dónde estoy?-
-Jaja, todavía estás dormida Sel, arriba, vamos, que ya es tarde-
-¿Sel?-
-Selene, ¿estás bien?-
-Sí, yo… tuve un sueño-
-Tranquila, todo está bien ahora, acá estoy-
Miro a mi alrededor, estoy en la habitación que visité tantas veces en sueños ¿estoy soñando? Esta vez todo se siente distinto, ¿esto es real? No, no puede ser, esto es un recuerdo, un recuerdo aún más vívido que los anteriores. Sí, definitivamente eso debe ser. Pero, yo estaba en el instituto, no recuerdo haberme acostado a dormir.
Nath me está mirando con preocupación, será mejor que siga la corriente hasta que pueda despertar. Sonrío y lo beso.
-Disculpame Amor, no quería preocuparte, tardé más que lo habitual en despertarme por completo, sólo fue eso.-
Él sonríe, parece convencido y me besa tiernamente. Esos besos, se sienten tan cálidos, tan dulces, tan míos, tan nuestros. Amo la forma en que me besa, es capaz de detener el tiempo, y en esos instantes, no me importa en qué dimensión nos encontremos, somos sólo él y yo, más allá de los nombres que nos dieron al nacer. Más allá de los límites del espacio y el tiempo.
Una amplia sonrisa se dibuja en nuestros rostros. -¿Vamos?- me dice. Asiento y salgo de la cama. Miro cuidadosamente alrededor, no puedo permitir que se dé cuenta que no conozco demasiado el lugar en el que me encuentro. Voy hacia el  ropero ¡Wau! ¡qué belleza! ¡estos vestidos son hermosos!
-Que rara te levantaste hoy- me dice riendo mientras yo disimulo muy mal mi asombro. Elijo un vestido al azar y me visto. Él me toma de la mano y me lleva frente a un espejo donde me indica que me siente, destrenza mi cabello y comienza a peinarme, con cuidado cepilla cada uno de mis mechones. Realmente parece disfrutarlo, algo me dice que esto es parte de una especie de ritual cotidiano.
Salimos de la habitación y bajamos por unas escaleras de madera hasta llegar a una acogedora cocina-comedor. Nath se acerca a la cocina a leña para encenderla al tiempo que me alcanza una jarra vacía, dudo un momento, y ante su mirada inquieta me dejo llevar, abro la puerta y salgo. Es un día hermoso, el sol brilla alto en el cielo y la temperatura es ideal. Miro a mi alrededor, la pequeña cabaña está situada en la ladera de una montaña de piedra gris azulada, a los costados de la entrada hay canteros con hermosas flores de colores y más allá una pequeña y gastada bomba manual, voy hacia ella con la intención de obtener agua para el desayuno y algo me paraliza. ¿Será posible? Al costado de la casa hay un árbol, un magnífico sauce que con las puntas de sus ramas que bailan al compás del viento acaricia suavemente la fina hierba, y en su rama más fuerte, cuelga un columpio.
Lo conozco, no es la primera vez que estoy acá, recuerdo a Nath sentado en ese columpio, me recuerdo sentada en sus piernas, me recuerdo ¿embarazada?, es raro, porque en esta dimensión todo parece indicar que no tengo hijos, que Mini aún no ha llegado a mí. Siento un abrazo por la espalda que me devuelve a la realidad ¿a la realidad?, Nath corre mi cabello y besa mi mejilla.

–¿Segura que estás bien?- asiento con una sonrisa y lo beso, ¡me encanta besarlo!

viernes, 9 de agosto de 2013

Capítulo 27- Finales -

Y el año iba llegando a su fin, era 21 de diciembre y yo salía de mi última mesa de examen, sólo tres alumnos se habían presentado y uno de ellos no debía haberlo hecho. Fui hacia preceptoría, Nath estaba agobiado entre planillas, carpetas y papeles.
Saqué mi agenda y releí la lista de compras, ese día era el solsticio y, por lo tanto, había preparado todo para hacer el ritual correspondiente que, aunque no era tan complejo ni con tantos materiales como el del 31 de octubre, había que hacerlo bien. Tanto Mini como Nath estaban muy entusiasmados por la idea, sobre todo porque al fin pondríamos en el árbol del solsticio (pinito de navidad) las cintas que habíamos trenzado en nuestro primer Ritual de Tres.
Cuando Nath hubo terminado de ordenar los papeles salimos del edificio para ir a buscar a Mini al jardín. Apenas llegamos a la reja de entrada Nath tanteó sus bolsillos y descubrió que no tenía su celular. –Lo debo haber dejado en la mesa de preceptoría cuando lo agarré para mirar la hora, esperame, en seguida vuelvo-.
Volvió entonces a buscarlo mientras yo lo esperaba en la vereda. De pronto sentí un golpecito en mi hombro, al girar me paralicé.
-¿Qué hacés acá?- le dije a <Él> que me miraba con sus ojos fuera de sí.
-Te estuve buscando, ¿dónde te metiste? ¿quién te creés que sos para desaparecer así con mi hija cuando se te canta? Se te terminaron los jueguitos Samantha.-
-Yo no estoy jugando a nada, date cuenta, te quiero fuera de mi vida.-
Di media vuelta y comencé a caminar nuevamente hacia dentro del instituto, mi corazón saltaba fuera de control en mi pecho, estaba aterrada, un mal presentimiento recorría mis venas y sólo quería encontrarme en los brazos de Nath, sólo quería sentirme a salvo, sólo…
*estruendo* la fuerza abandona mi cuerpo, el mundo gira a mi alrededor, me siento caer…
-¡SAM!¡NO!- Esa voz, Nath, acá estoy… *estruendo* -¡SAM! ¡Por favor Sam! ¡No! ¡SAM! ¡Sam! ¡sam! ¡sa…! … … …- Oscuridad.


Capítulo 26 – Tuya - (capítulo con contenido erótico)

Las 21 era el horario en el que la fiesta comenzaba, 21:20 Alex pasó a buscarnos con Castiel en un auto que había alquilado. Unos minutos más tarde entramos al gimnasio del instituto donde se habían dispuesto las mesas y una improvisada pista de baile. Melody se acercó a saludarnos y nos presentó a su novio, a la hora de la cena nos sentamos con ellos.
La directora fue entonces y preguntó a Alex por su acompañante, quien le resultaba “tenebrosamente familiar”, reímos y Nath confirmó las sospechas de Aída asintiendo con la cabeza. Fue entonces cuando su aguda mirada se clavó en nosotros y después de engrandecer mi ego hablando de lo bonita que era mi hijita codeó a Nath y le dijo por lo bajo antes de irse –Te queda bien el papel de papá-.
La cena transcurrió entre risas, charlas y algún que otro vaso que se volcaba sobre la mesa. Luego del postre, comenzó el baile. Alex saltó de la silla, y nos instó a acompañarla, pero nadie le hizo caso, por lo que tomó a la directora de un brazo y la llevó a la pista. Mini dormía en mis brazos, con todo el asunto de la mudanza no había dormido siesta y estaba agotada, Nath habló con el profesor de educación física que me dio una colchoneta que colocamos sobre dos sillas para que mi hijita estuviera más cómoda, y Nath la tapó con el saco de su traje para que no tuviese frío.
Aída y Alex regresaron después de un rato, ambas despeinadas y con una botella de vodka. A pesar de mi insistencia ambas parecían haberse puesto como meta emborracharnos a Melody y a mí. Un par de copas más tarde, las cuatro bailábamos en la pista. De ahí en más no sabría decir con exactitud qué fue lo que pasó. Recuerdo que Aída insistía con que Nath y yo confirmáramos nuestra relación, y recuerdo una canción bastante vieja…
Bailé con todas mis energías y luego caminé hacia donde el rubio preceptor estaba sentado charlando con el profesor de historia. Me senté sobre sus piernas y lo besé ardientemente, justo antes de arrastrarlo a la pista de la corbata. Una vez allí guiñé un ojo a Aída y dije -¿Esta es suficiente confirmación?- Ella asintió con una sonrisa, satisfecha.

La mañana siguiente desperté casi en un sueño. Boca abajo, desnuda en su cama, su respiración en mi oído al tiempo que el peso de su cuerpo retozando sobre mi espalda fueron razones más que suficientes para ponerme de buen humor -buen día- dije sonriendo –buen día- contestó mientras sus dulces labios se alimentaban con cada centímetro de mi cuello. Intenté acariciar su cabello, no pude, algo me impedía mover las manos. Una corbata azul, su preferida, sujetaba mis muñecas a la cabecera de la cama, con la soltura suficiente para no lastimarme de modo alguno, pero con la firmeza necesaria para que no pudiera liberarme.
El placer comenzó a recorrer mis venas al tiempo que él comenzaba a moverse sobre mí,  el roce de su piel me embriagaba completamente. Sus manos iban y venían sobre mi cuerpo y el sonido de su respiración se hacía cada vez más y más intenso. En la posición que me encontraba no tenía más remedio que entregarme al placer absoluto que este hombre provocaba en mí.
–Sos mía- susurró, mientras yo me sentía cada vez más y más presa de mis instintos animales. –Soy tuya, suya, mi señor, mi Amo- dije jadeando casi, sin poder controlar mis palabras.
Controló mi cuerpo hasta lograr que alcanzáramos el momento cúlmine, juntos. Y quedé allí acostada en la cama, inmóvil, sintiendo el peso de su cuerpo extasiado sobre el mío. Y allí nos quedamos durante minutos enteros, entregándonos al placer tras el placer, a la intimidad más allá de la intimidad.
-Te Amo- susurró en mi oído, antes de colocarse a mi lado y mirándome a los ojos mientras corría un rebelde mechón de pelo de mi rostro repitió –Te Amo-
Sonreí, apenas podía creer lo que estaba sucediendo, intenté besarlo cuando sentí nuevamente su corbata sosteniendo mis manos sobre mi cabeza. Él se percató y estiró sus brazos con el fin de desatarme –Te Amo- pronunciaron esta vez mis labios. Un profundo beso nos unió mientras con mis manos, ya libres, lo abrazaba fuertemente, acercándolo un poco más a mí, como si temiese soltarlo, como si temiese despertar y que todo fuera un sueño, como si temiese que algo lo arrancara de mi, que algo arruinara ese momento. Pero nada de eso pasó.
Sólo dos personas, anónimas para el resto del mundo, se descubrían unidas con los lazos del sentimiento más profundo que podían anhelar, solos en el universo, el uno para el otro, más allá de todo tiempo y espacio, más allá de toda realidad ajena a ese instante que permaneció detenido en el tiempo.


Capítulo 25 – A tu lado -

La alarma sonó a las 7 de la mañana, lentamente abrí los ojos y lo primero que vi fueron esos hermosos ojos de miel, somnolientos aún, mirándome. Me acarició con dulzura, y me besó suavemente. Yo lo besé entonces y beso tras beso, la situación pasó a mayores. Mi cuerpo estaba bastante dolorido pero hasta el mayor dolor parecía extinguirse con el roce de su piel.
Finalmente nos levantamos, y tomamos una ducha juntos. Mientras yo preparaba el café para el desayuno vestida con su bata, él fue a la habitación de su hermana y tras revolver bastante volvió con un jean y una blusa marrón con detalles turquesa. –Probate esto, no es muy lindo pero creo que es de tu talle- Le di un beso en la mejilla y tomé la ropa, el jean me quedaba bastante bien, pero la remera era algo grande. Volví a la cocina y di una vuelta, intentando hacer un modelaje exagerado, Nath se atoró con la tostada que estaba comiendo al intentar contener la risa.
Después de desayunar fuimos hasta el departamento de Alex. Mini aún dormía y mi amiga estaba en pleno malhumor matutino. Nuevamente tuve que convencerla para que no buscara a mi atacante para hacer justicia por mano propia. Tomamos unos mates y ella me recordó la fiesta de esa noche, lo había olvidado por completo. Era la cena de fin de curso que todos los años realizaba el instituto para los docentes y personal auxiliar y administrativo. Comencé a dudar si asistir o no pero Alex insistió en que sería bueno para despejarnos y debí admitir que tenía razón.
Mini se despertó a las 9 y media y cuando me vio corrió a abrazarme, su carita mostraba una gran preocupación al verme así lastimada, pero intenté minimizar la situación. Después de que desayunara su leche con cereales la llevé nuevamente a la habitación para hablar a solas con ella. No quería tomar ninguna decisión sin consultarla antes. Hablamos de todo lo que había ocurrido ese año, de nuestra vida en nuestra ciudad de origen con su padre, de las cosas que habíamos vivido con <él>, de nuestra partida… -Papá te pego de vuelta ¿no mami?- me congelé, ella realmente entendía lo que había pasado, y no era de extrañar, ya que había sido testigo de los golpes que él me propinaba cuando vivíamos juntos. No pude contener las lágrimas y la abracé. Luego comencé a hablar de Nath, a Mini le caía realmente muy bien; finalmente, le pregunté su opinión sobre pasar unos días en casa de él. Ella se quedó en silencio, y luego hizo una pregunta que me paralizó -¿Nath va a ser mi nuevo papá?-
-Nath es un amigo muy cercano hijita, que nos quiere mucho. Tu papá es tu papá, no importa lo que pase y él te ama y te va a amar siempre. Nath no va a reemplazarlo nunca.- Mi voz se quebró, eran tantas las ocasiones en las que deseaba haber elegido distinto, haberle dado un buen padre a Mini, ya que era ella quien, en definitiva, cargaba el mayor peso de mis errores. Nos abrazamos y fuimos a la cocina donde Alex y Nath tomaban mates. Y minutos más tarde salimos los tres hacia mi departamento.
Armé las valijas con nuestras pertenencias que no eran tantas, ya que los muebles eran del departamento, puse llave con nostalgia y nos despedimos de mi vecina Lucía. Mientras Nath llamaba a un remis, fui hasta el departamento de la dueña que vivía en la planta baja, para devolverle las llaves y anunciarle mi mudanza. La noticia del ataque que había recibido había llegado a sus oídos y dándome su bendición me pidió que la visitara de vez en cuando para que Mini jugara con su nieto.
Guardé silencio todo el camino, Nath llevaba a Mini a upa y ella nos contaba de las peripecias que había pasado con Alex, Castiel y Demonio. Una vez en el departamento, Nath la llevó a la habitación de Ámber -¿Te gusta tu dormitorio Peque? Es todo para vos- Mini no podía contener la alegría, me acerqué a Nath y le pregunté si su hermana estaría de acuerdo –Ella tiene su departamento en La Plata, casi no viene a Capital, sólo para algún cumpleaños y las fiestas de fin de año, Mini va a aprovechar mejor la pieza- me dijo con una sonrisa mientras sacaba de los cajones las pocas pertenencias de su hermana que quedaban y las guardaba en una  caja que luego colocó sobre el ropero. –Listo, oficialmente es tu pieza- le dijo a Mini con complicidad. Guardé la ropita de mi hijita en los cajones y cuando terminé Nath nos esperaba con el almuerzo listo. Después de comer, Mini fue a jugar a su nueva habitación y Nath y yo acomodamos mis cosas en su cuarto.

Finalmente, un nuevo mecanismo estaba en marcha, cuáles serían los resultados era imposible decirlo con certeza, sólo me quedaba tener fe.

Capítulo 24 – Sueños -

Cuando salimos del hospital eran las 5 de la tarde. Nos sentamos en una placita que había en frente y llamé a Alex. Le expliqué lo que había pasado y tuve que convencerla para que no fuera ella misma a cobrar venganza. Hablé con Mini que estaba sorprendida mas no preocupada, Alex la había mantenido ocupada para que no pensara y no preguntara demasiado. Mi amiga se ofreció a cuidarla esa noche para que no me viera herida de ese modo. Yo no había tenido oportunidad de mirarme en un espejo, pero la tristeza en los ojos de Nath dejaba claro que mi rostro estaba bastante maltratado.
-Sam- dijo Nath una vez que corté la llamada –es muy peligroso que se sigan quedando en tu departamento. No me perdonaría nunca si algo llegara a pasarte, dejame protegerte.- y tras un breve silencio de los dos agregó –Venite a vivir conmigo, mi departamento no es muy grande, pero podemos arreglarnos.-
Me paralicé, realmente no esperaba esto, pero era claro que sólo lo decía por preocupación y porque se compadecía de mí -Nath, te agradezco de corazón todo lo que estás haciendo por mí, pero yo puedo arreglármelas sola, siempre lo hice. Veré de buscar otro depto, o lo que sea. Pero no quiero que sientas lástima por mí-
Me besó con pasión y me dejé perder en sus brazos. Nos separamos finalmente poco a poco.
-Auch- dije con una sonrisa a modo de broma, aunque realmente el beso había sido un poco doloroso por culpa de los golpes que tenía en mi rostro. Él me acarició.
-No te pido esto por lástima, quiero que estemos juntos, vos, Mini y yo, para siempre.-
Lo abracé fuertemente y lo besé durante largo rato. Mis ojos apenas podían contener las lágrimas que se escurrían sin permiso y caían una tras otra sobre el cálido hombro de mi amado.
Nos pusimos de pie cuando la tarde comenzaba a caer, y bajo la luz del crepúsculo caminamos hacia el departamento de Nath. El manto nocturno nos cubría y los tenues rayos de luna nos acariciaban mientras nos aislábamos más y más del mundo que nos rodeaba.
Entramos a su departamento, a pesar de que había ido en muchas oportunidades esta sería la primera vez que me quedaría a dormir. Nath me dijo que me pusiera cómoda y fue hacia una habitación, volvió con un pijama rosa de fresitas –Es de mi hermana, creo que va a quedarte bien- Sonreí y agarré el pijama, fue entonces hacia el baño y llenó la bañera, luego me dio un beso y me dijo que me tomara mi tiempo y me relajara, me besó una vez más antes de dejarme sola en el baño.
Suspiré y me miré en el espejo por primera vez desde el altercado. Tenía un corte importante en mi ceja derecha donde me habían dado 3 puntos, otro corte en el labio, varios moretones, y el pómulo izquierdo hinchado. Me quité la ropa y miré mi cuerpo, mi abdomen y espalda habían recibido la peor parte, mientras que en los brazos tenía las marcas de la fuerza con la que me había sujetado y algunos moretones más en mis piernas, sobre todo en mis rodillas.
Entré entonces en la bañera y cerré mis ojos, comencé a recordar todo el tiempo en que mi vida estuvo en pausa, cuando vivía por inercia, cuando sólo mi hija me mantenía viva, cuando sólo vivía para escapar, para darle un futuro mejor, ahorrando centavo tras centavo para poder irme. Internet era mi único escape de la realidad, y finalmente fue mi salvación. Estaba confinada a las 4 paredes de su casa y mi pc era la única ventana que me daba aire, y fue a través de ella que conseguí mi trabajo actual y mi departamento.
Aún recuerdo aquella tarde cuando con Mini abandonamos para siempre esa prisión. <Él> fue a trabajar y 2 horas más tarde mi hija y yo subimos al tren que nos llevaría a nuestra nueva vida. La mezcla de alegría y miedo que me inundaba era indescriptible, mientras Mini observaba todo con la inocencia de su corta edad. Sin embargo, ella era plenamente consciente de la situación, aunque uno a veces tiende a creer lo contrario.
Pero las cosas no siempre salen como uno las planea y, de hecho, bastante tiempo habíamos podido vivir en paz. ¿Por qué no podía continuar su vida? ¿Por qué tenía que seguir arruinando la nuestra? Podría haberme matado si lo hubiese querido, pero no lo hizo, ¿sería que aún en su mente perversa tenía previstos más “castigos” para mí? Ya no podía vivir tranquila, no sabía hasta donde sería capaz de llegar.

Abrí los ojos con pesadez, terminé de bañarme, me vestí y salí del baño. Nath estaba sentado en la cocina con su notebook encendida, estaba chateando con Alex. Sonrió al verme y me dejó hablar con ella y con mi hijita que me extrañaba bastante. Quedé con Alex para ir a buscarla temprano en la mañana y me despedí de ellas cuando Nath trajo a la mesa una fuente de tallarines con tuco. Cenamos y nos fuimos a la cama. Hablamos largo rato, Nath acariciaba mi cabello mientras su pecho me servía de almohada, y sus latidos eran mi canción de cuna, al final caí dormida.

domingo, 7 de julio de 2013

Capítulo 23 – Pesadilla -

Los viernes entraba una hora más tarde a dar clases, así que ese día llevé a Mini al jardín, compré unas cosas de vuelta a casa y me puse a ordenar un poco el departamento antes de irme. Miré el reloj, se me había hecho tarde, tenía sólo 10 minutos para llegar al instituto. Me puse un saquito y cuando estaba por agarrar el maletín sonó el timbre ¿a esta hora?. Abrí la puerta y un empujón me tiró contra el piso.
-Qué te pensás que sos, paseando de la manito con ese pelotudo y con mi hija. Me tenés harto pendeja-
Intenté gritar, no pude. Intenté ponerme de pie, un golpe me devolvió al suelo. Sólo pude cerrar mis ojos y rogar.
No sé cuánto tiempo pasó desde que se fue, tampoco sé decir con exactitud cuánto tiempo estuvo golpeándome. Mi mente se extravió y cuando abrí los ojos, estaba sola. Un punzante ardor se agudizó en lo profundo de mi alma, y me derrumbé en llanto. Estaba devastada, no era nada. No importaba qué tan lejos intentara escapar, él tenía total dominio sobre mi vida y mi muerte, aún hacía lo que quería y yo aún no podía ser libre, de hecho, empezaba a sospechar que nunca lo sería.
El sonido del timbre me despertó de mi letargo, me acurruqué aún más sobre mí misma, estaba aterrada.
-Sam, soy yo, Nath. ¿Estás bien? Hace 2 horas que te estoy llamando al celular, por favor abrime-
El llanto me desbordó una vez más, no podía abrirle, no podía permitir que me viera de ese modo. Y, además, no podía permitir que otro hombre se acercara a mí. Recordé todos esos viejos miedos, ¿y si Nath era como él? ¿y si la pesadilla se volvía a repetir?. Por eso no podía enamorarme, por eso no tenía que haberme acercado tanto a Nathanael.
-Sam, por favor, sé que estás ahí, por favor, confiá en mí-
 No, Nath era distinto, él siempre me cuidaba y siempre estaba ahí cuando más lo necesitaba.
Intenté pararme, un fuerte dolor en mi costado derecho me hizo volver a caer, recordé una patada, la última antes de irse. Me apoyé en una silla y me puse de pie –Pasá- grité antes de dejarme caer en la cama.
Nath entró y su cuerpo se paralizó al ver las gotas de sangre en el piso y luego corrió hacia mí. Me acarició con dulzura y desesperación. –Sam ¿qué pasó?-
Desvié la mirada -¿No es obvio?-
Sus ojos se llenaron de ira y nuevamente de dolor y preocupación. Corrió mi pelo y me dio un tierno beso en la frente. Luego fue al baño y trajo un balde con agua y una esponja. Poco a poco fue lavando mis heridas. Miré entonces el reloj.
–Tengo que ir a buscar a Mini al jardín-
-Tranquila, yo me encargo- Tomó su teléfono –Mierda, no tengo batería, ¿puedo usar el tuyo?-
Asentí y le señalé mi bolso sobre la mesa, marcó un número –Alex… ¿Castiel?, no cortes, soy Nathanael… ¿podés decirle a Alex que vaya a buscar a la nena de Sam al jardín y la cuide un par de horas?... ¡Por una vez en tu vida no seas tan cabeza dura! ¡Sam no está bien! … Gracias, te debo una.-  cortó y me acarició nuevamente. –Ya está solucionado, Alex va a cuidar a Mini. Ahora tenemos que ir al hospital-
Llamó un taxi y me ayudó a incorporarme, apenas podía mantenerme en pie. Guardó las llaves de mi departamento, mi celular y mi documento en su campera y me alzó en sus brazos. Bajó llevándome así los 4 pisos por escalera. Varios vecinos nos miraron con preocupación, en especial porque, según me enteré después, algunos habían escuchado mis gritos.
Cuando llegamos a la vereda, el taxi nos estaba esperando. Nath me ayudó a entrar con cuidado y se sentó a mi lado. Para complicar aún más las cosas, el hospital de la zona estaba de paro, hacía meses que el gobierno no enviaba suministros y los médicos, enfermeros y auxiliares no habían cobrado aún sus sueldos. Así que el camino se hizo más largo que lo esperable.
Apenas era consciente de lo que sucedía a mi alrededor, me sentía débil, muy débil, pero sobre todo vulnerable. Incluso vulnerable ante Nath, él era mi guardián, mi protector, y yo, la nena tonta a la que tenía que rescatar siempre de sus propios fantasmas. El vaivén del auto me estaba adormeciendo, recosté mi cabeza en el hombro de Nath y cerré los ojos, él me acariciaba y me hablaba dulcemente para que no me durmiera.
Llegamos al fin al hospital, a pesar de mis quejas, Nath me cargó en sus brazos nuevamente. Una vez dentro me depositó con cuidado en una silla y fue hacia mesa de entrada. Bastante tiempo después volvió. –Hay que esperar un rato más- se sentó a mi lado, con su brazo rodeó mi cuerpo y me llevó dulcemente a recostarme en su hombro mientras me acariciaba con ternura.

Tras una larga espera, desde la guardia gritaron mi apellido y me atendieron. Tenía algunos golpes fuertes y varios cortes, pero nada que revistiera gravedad. Una policía de la división de familia, entró a la habitación y se acercó a hablarnos, tomó nuestros datos y los testimonios de lo sucedido, así como el diagnóstico de los médicos.