Sobre este blog

La novela presentada en este blog tiene sus orígenes como fan-fic inspirado en el juego "Corazón de Melón" adoptando sus personajes, sin embargo, la historia es totalmente original y propiedad absoluta de la escritora bajo el seudónimo de "Elwing de Darok".

Esta producción cuenta con una novela hermana escrita por una muy buena amiga, que ha tenido una participación activa en la construcción de esta novelita/fanfic y, particularmente, en el personaje de Alex (y que pueden leer en el siguiente blog http://defrentealaverdadayc.blogspot.com.ar/ )

Todo el contenido de este blog es propiedad de sus respectivos autores, no se pretende hacer plagio sino dar a conocer una producción aún en gestación, por lo tanto, no pretendo obtener crédito por producciones ajenas (imágenes, canciones, etc.) que, de ser así requerido, serán removidas inmediatamente de esta página web.

Sin más aclaraciones pendientes, les agradezco profundamente el formar parte de este humilde proyecto que he decidido llevar adelante. Gracias a todos aquellos que se toman el trabajo de leer. Y un Gracias especial a mi Nee-Chan, quien fue testigo de los inicios de esta obra y decidió subirse a esta montaña rusa que hoy por hoy nos llena de satisfacciones.

Y sobre todo lo demás, quiero dedicarle estas palabras a mi hijo, mi fuerza y mi motor para seguir adelante, por vos lucho peque...


*Por el diseño de blogspot, las últimas publicaciones se ubican en la parte superior, por este motivo, la lista de capítulos en orden está colocada en el extremo izquierdo de la página.

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miércoles, 30 de octubre de 2013

Capítulo 32 – Revelaciones -

Camino por inercia mientras Nath me guía de la mano por los extensos pasillos. Esto está superando todos los límites, va mucho más allá de un viaje astral, es todo tan real, se siente tan real, tengo miedo, tanto miedo. Extraño a mi hijita, ¿alguna vez volveré a verla?. Me siento prisionera, atrapada en esta realidad, en esta dimensión. Y confundida, sobre todo confundida. ¿Cuál es la realidad? Ya no puedo decir con certeza que mi vida como Samantha es la tangible y mi historia como Selene es el recuerdo. Estoy viviendo en el recuerdo, literalmente viviendo, en carne y hueso, sintiéndolo real. Cada día que pasa olvido algo de mi vida como Samantha, es como si poco a poco me fuera alejando de esa realidad. Pero tengo que seguir luchando, no puedo renunciar a mi vida. No voy a renunciar a Mini.
Atravesamos una puerta, nos encontramos en un balcón con piso de mármol blanco y mucha vegetación alrededor que lo aísla de vistas externas, solo quedamos Nath y yo. Él me suelta y camina unos pasos hasta apoyar sus manos en la baranda, agacha su cabeza, parece estar lidiando con los pensamientos en su mente, eligiendo las palabras justas. Me acerco entonces a él, coloco mi mano en su hombro, él levanta su rostro y me mira, sus ojos revelan un profundo pesar, lo abrazo y él me aprieta con fuerza contra su pecho, como si en ese abrazo pudiésemos escapar de la realidad, pero no podemos. Nuestros cuerpos se alejan lentamente, su mirada es ahora más calma, pero aún revela una profunda tristeza.
Me lleva hacia un banco blanco que hay en un costado y nos sentamos.
-Perdoname- dice entonces; mi mirada se llena de interrogantes, él sigue hablando con la mirada perdida en un punto más allá de sus pies, recuerdo esta situación, es la misma en la que estuvimos aquella vez, cuando me confesó aquello que opacaba su espíritu, pero esta vez algo era sustancialmente distinto, esta vez su confesión me inmiscuía por completo.
-Perdón Sel- reitera mirándome, esta vez a los ojos; los suyos están húmedos, luchando contra las lágrimas que ahogan su corazón, aprieto con más fuerza su mano y con una leve sonrisa asiento con la cabeza indicándole que todo está bien, y que continúe.
-Tendría que haberte dicho esto antes, mucho antes, pero no me atreví, no tuve el coraje. No podía arriesgarme a perderte- levanta sus enormes ojos de miel y me mira, un escalofrío recorre mi alma. -Sel… esta es tu casa, ese hombre, Dimitri, es tu padre. Y yo… yo no soy más que un extranjero, un exiliado, no soy digno de tu amor, no soy digno de mirar siquiera a los ojos a una sacerdotisa. Pero aquella noche… ver tu silueta iluminada apenas por la luna… había algo en vos que me obligó a seguirte… -
Me siento confundida, completamente perdida, ¿una sacerdotisa? como Samantha tuve siempre una percepción distinta del mundo, aún desde niña, pero nunca creí que alguna vez tendría el nivel suficiente para tener el honor de convertirme en sacerdotisa. La incertidumbre en mis ojos lo hace suspirar y continúa.
-Hace mucho tiempo desde aquella noche, tres años exactamente. Hacía poco que la invasión había vuelto a comenzar y yo llegué a esta ciudad, a devolverle a tu padre el favor que me había hecho 8 años antes, al darme refugio cuando mi ciudad fue destruida. Me puse a su servicio y Castiel fue mi compañero y maestro en el arte de la guerra. Dimitri procuró esconderte bien de mis ojos, jamás había sabido siquiera que tenía una hija, hasta aquella noche. –
Hace una larga pausa y suspira una vez más antes de continuar, parece buscar las palabras correctas con la paciencia y el compromiso con que un músico hila las notas, como temiendo pronunciar algo incorrecto, o quizás, intentando suavizar una realidad que se niega a aceptar y que yo tengo miedo de conocer.
-Sel, muchas noches después de esa nos encontramos en ese lugar. Pero la guerra se aproximaba más y más y debí partir. Pensaba en vos cada día, en tus ojos, en tu pelo bañado por la luz de luna. Cada noche veía la Madre Celestial y te sentía cerca, conmigo en la distancia. Y una noche volviste a mí. Habías tenido una visión donde me herían y habías cabalgado en secreto para advertirme. Llegaste justo cuando éramos emboscados y…-
Su voz se quiebra, sus ojos están llorosos, los míos también, un profundo pesar oprime ahora mi corazón -¿qué pasó entonces?- pronuncio ansiosa con un nudo en la garganta mientras unas lágrimas escapan de la contención de mis ojos. Ahora quien parece quebrarse es su espíritu, y por primera vez veo caer lágrimas de sus ojos.
–Una flecha iba hacia mí, no sé cómo hiciste para percibirla o para moverte tan rápido pero… te hirieron Sel, te hirieron y vi la luz escaparse de tus ojos. Esa flecha era mi destino, no el tuyo. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te pusiste delante?- sus ojos ya no pueden contener sus lágrimas y cae sollozando sobre mi regazo. 
Nos quedamos así, en este momento que se suspende en el tiempo, una suave brisa sopla aislándonos aún más del mundo. Levanto su rostro y miro sus ojos, un profundo remordimiento lo carcome por dentro, mi mirada se serena –¿Así perdí la memoria?- asiente levemente y quita su vista de la mía, levanto su rostro hasta encontrarnos nuevamente frente a frente, y lo beso con toda la fuerza de mi espíritu.
Nuestros labios se separan en un suspiro, dibujo una sonrisa y sus labios me regalan, al fin, otra de vuelta, sus ojos se ven más aliviados. –El amor que siento por vos fue capaz de sobrevivir a todos mis demás recuerdos, te amo y esa es la única certeza en mi vida de ensueño. No te sientas mal mi Amor. Todo está bien, estamos juntos y vamos a estarlo para siempre.-
Sus ojos se vuelven sombríos nuevamente y suspira antes de perder su mirada, otra vez, en el punto infinito tras sus pies –Tu padre jamás me perdonó eso, mucho menos lo que vino después-
Debo confesar que no esperaba eso, ¿después? ¿hay algo peor?

–Llegamos cuando estaba amaneciendo, cuando él vio te vio así, con apenas un hilo de vida en mis brazos, la desesperación lo inundó. Te arrancó de mí y te mantuvo alejada, en secreto, no sabía si estabas viva siquiera, la oscuridad me carcomía y cada día moría un poco más de mí. Una mañana, Desireé vino a despertarme, Castiel iba con ella pero esperó afuera mientras hablábamos, respiré al saber que te encontrabas bien, despierta y sana, pero sin memoria. Tu padre te mantenía encerrada en la casa y la tristeza te estaba destruyendo, no comías, no dormías y luego… tomaste el cuchillo que venía con la cena y esa noche en tu cuarto cortaste tus muñecas. Desireé ante eso hizo lo que creyó correcto y recurrió a mí y me ayudó a llegar esa noche a tu cuarto, y entonces la luz y la alegría volvió a tus ojos y a mi vida. Te besé y te amé como nunca antes esa noche, y las siguientes. Hasta que me rogaste que te sacara de ahí. Con la ayuda de Castiel y Desireé escapamos y te llevé al único lugar seguro que conocía, la que había sido la casa de mis abuelos.-