Hacía poco más de tres meses que me encontraba dando clases en el
instituto. Estaba feliz, los chicos (en general) cumplían con los objetivos,
sólo tenía algunos inconvenientes de disciplina en el 5to, pero por lo demás
todo iba viento en popa. Además, cuatro días a la semana tenía horas
intermedias sin clases que pasaba en la biblioteca o en preceptoría.
Era una ya entrada noche de jueves, y contrario a lo que uno
esperaría de una jornada de mediados de junio, hacía calor. Antes de acostarme
revisé mi casilla de email, tenía un mensaje de Alexa diciéndome que al día
siguiente iba a estar en la capital, que nos encontráramos para almorzar y
ponernos al día. Hacía cinco años que no nos veíamos.
Nos conocimos en el secundario, éramos tan parecidas y tan
distintas que asustaba a veces, ella siempre fue mucho más libre, actuaba por
impulso y no se ponía tabúes, para ella el límite estaba tras el horizonte; esa
era nuestra principal diferencia, yo era, y aún soy, mucho más reservada y
discreta, así que gracias a ella y a su espíritu libre viví momentos y
aventuras que perdurarán para siempre en mi memoria y que no puedo evitar
sonreír al recordar. Al terminar el secundario, yo decidí estudiar el
profesorado como había planeado desde la primaria. Ella amaba la cultura
oriental y como hablaba muy bien el inglés, durante el secundario se dedicó a
dar clases particulares y con el dinero ahorrado se fue a Japón. Allí su
principal hobbie se convirtió en su forma de vida, los bocetos en su cuaderno
se convirtieron en mangas y varios de ellos resultaron muy exitosos en Europa.
Contesté el mail, apagué la pc y me acosté, tenía clases temprano por la mañana
al día siguiente.
Todo transcurrió con normalidad ese día en el instituto, antes de
irme, devolví unos libros en la biblioteca y fui a firmar mi asistencia en
preceptoría, sólo estaba Nathanael, siempre era el último en irse. Lo ayudé a
ordenar unas planillas de calificaciones y salimos del instituto cuando ya no
quedaba casi nadie. La conversación estaba tan entretenida que fue casi un
shock sentir a esa chica abrazándome por la espalda, ¡era Alex! No sé cuánto
tiempo estuvimos abrazadas en silencio, esos largos 5 años lejos parecían
desvanecerse, nada había cambiado, teníamos algunas ojeras más y una que otra
cana, pero éramos las mismas chicas que pasaban noches enteras entre rock,
video-juegos y anime.
Tras ese interminable abrazo, me dirigí a Nath que había
permanecido en silencio y sonriendo durante todo ese tiempo, y le presenté a mi
amiga. Alex lo saludó tan entusiasta como siempre y le dijo: -Esta noche
organizo una fiesta por mi regreso, ¡tenés que ir!- y le entregó una tarjeta.
Cuando el asombro por la inesperada invitación pasó, él sonrió y asintió con la
cabeza –Es una fiesta cosplay, el tema es “Vuelta a la prepa”- agregó ella y
guiñándome un ojo dijo–para recordar viejos tiempos-. Yo estaba paralizada, no
había cambiado en nada, es más, juraría que se había vuelto aún más
extrovertida, mientras que yo cada día caminaba un paso más en la dirección
contraria, cerrando poco a poco mi corazón. Un dejo de nostalgia cruzó mis
ojos, yo en algún momento también había sido una chica alegre y sin
preocupaciones, empecé a sentir que había envejecido demasiado rápido…
Cuando volví a la realidad, los dos me estaban mirando. –Seguís
soñadora como siempre- se rió Alex; Nath me sonrió y dijo –Nunca fui a una
fiesta de este estilo, ¿cómo debo ir vestido?.- A Alex se le iluminaron los
ojos, diseñar vestuarios cosplayers era su especialidad. Sospechando las ideas
de vestuario que ella podría tener dije –Alex, él es un chico discreto, no creo
que quiera usar alguno de los trajes en los que vos seguramente estás pensando-
ella me miró de costado y bufó de la misma manera que lo hacía cuando éramos
chicas, lo que fue tiernamente cómico –Vestite como quieras- le dije a Nath
–con camisa y corbata vas a estar bien-.
Nos despedimos hasta la noche de él, y caminamos hasta mi
departamento, recordando viejos tiempos, poniéndonos al día en definitiva.
-¿Sabés qué traje quiero que usemos?- me dijo de repente; yo me quedé en
blanco, como cada vez que ella decía una frase similar, era tan vasta su
imaginación que podía esperarme cualquier cosa. –El uniforme de colegiala, el
que usamos para ir a nuestro primer evento anime, ¿te acordás?- ¡cómo no iba a
recordarlo!, ese había sido uno de los días más felices de mi adolescencia. El día
del evento salimos muy temprano en colectivo hacia capital, era un festival por
el día de la primavera; aún hacía algo de frío, lo que fue bueno al fin ya que
los tapados disimulaban el traje que llevábamos debajo. Aunque una vez dentro
del complejo parecíamos personas normales al lado de tan extravagantes
vestuarios; creo que desde ese momento Alex se convirtió completamente en una
Otaku. Yo le tenía tanto cariño a ese traje que había sido de las primeras
cosas que había empacado cuando dejé mi pueblo para venir a capital.
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