Era lunes, la rutina volvía a empezar,
alisté a Mini para el jardín, revisé una última vez mi maletín para asegurarme
que no olvidaba nada y salimos de casa. Nath nos esperaba como cada mañana en
la puerta del jardín, Mini corrió a abrazarlo en cuanto lo vio. La despedimos
en la puerta y caminamos hacia el instituto. Y así de “divertido” como el día
comenzó, continuó: firmar mi asistencia, una hora de clases en cuarto, recreo
de 5 minutos que sólo alcanzaba para una vuelta de mate en preceptoría, una
hora de clase en segundo y luego, una hora libre esperando el horario para la
clase de quinto.
Dejé mi maletín en preceptoría y con
un bolsito de mano donde llevaba mis artículos personales (billetera, celular,
pañuelo, etc.) fui hasta la panadería de la esquina a comprar algunas facturas
para acompañar el mate. Entonces recordé que ese día aún no había encendido mi
celular, apenas lo hice comenzó a sonar, tenía 4 llamadas perdidas de Alex y un
mensaje “Onnanoko, xq tenés el cel apagado? Llamame cuando veas esto!!!”
Me preocupé, ¿le habría pasado algo?,
marqué su número y la llamé tres veces hasta que finalmente contestó. El matiz
de su voz indicaba claramente que
acababa de despertarse, y la demora se debía (como siempre) a que su teléfono
estaba sepultado en papeles. Después de darme un buen reto mitad en castellano
y mitad en japonés por despertarla y por haber tenido el teléfono apagado (a
las 2 de la mañana, cuando ella me había llamado) me contó que la habían
invitado a dar una conferencia en Córdoba el fin de semana siguiente, y que
como sus editores no podían asistir, tenía
3 entradas disponibles, una era (obviamente) para Castiel, y las otras
eran para Nath y para mí
–Salimos el jueves después del
mediodía, no acepto un no- fue lo último que dijo antes de cortar.
Volví al instituto rápidamente. Al
entrar en preceptoría no pude contener la risa al ver a Nath, quien me miró con
desconcierto. –La loca de Alex- dije como intentando disculparme por mi
exabrupto.
-¿Qué hizo ahora?- agregó él,
entendiendo en parte mi inesperada carcajada.
-Es que…- miré hacia los costados, dos
preceptoras y el profesor de historia me miraban fijamente -nada, no importa-
dije finalmente.
Nath no indagó más sobre el asunto,
puse las facturas sobre la mesa y entre mates esa hora libre se pasó demasiado
rápido.
Salí de dar clases, Nath me esperaba
en la puerta de preceptoría, este día él había terminado temprano. Nos
despedimos de los que quedaban aún en la escuela y salimos del instituto hacia
el jardín de infantes, a buscar a Mini.
-¿Ahora podés contarme qué hizo Alexa?-
dijo con una amplia sonrisa. Me causó gracia, pero por otro lado, conocía muy
bien a mi amiga como para estar segura que ese pretendía ser más que un viaje
entre amigos. Pero ya había abierto la boca, así que no tenía más remedio que
contarle la verdad. Casi sin darle importancia a las palabras y mirando todo el
tiempo hacia adelante dije rápidamente. -Tiene que dar una conferencia en
Córdoba, y como tiene 2 pasajes disponibles me llamó para invitarnos-
Nath me miró con sorpresa –¿A vos y a
Mini?-
-No, Mini va a pasar este finde con
sus abuelos, mis padres, en mi pueblo. Hace bastante que no la ven y me
llamaron hace unos días para combinar aprovechando el finde largo. Así que
estoy sola.-
- Entonces la invitación es para…-
-Para vos y para mí- dije rápidamente
sin dejarlo terminar la frase mientras sentía que mis mejillas ardían y apuraba
el paso para intentar disimularlo lo mejor posible.
-Bueno, hace bastante que no me tomo
unos días libres-
Lo miré sorprendida, él me sonreía
cálidamente y algo en sus ojos me dio tranquilidad, quizás todo resultara bien
después de todo.