-Buenos días hermosa-
-¿Qué? ¿dónde estoy?-
-Jaja, todavía estás dormida Sel,
arriba, vamos, que ya es tarde-
-¿Sel?-
-Selene, ¿estás bien?-
-Sí, yo… tuve un sueño-
-Tranquila, todo está bien ahora, acá
estoy-
Miro a mi alrededor, estoy en la
habitación que visité tantas veces en sueños ¿estoy soñando? Esta vez todo se
siente distinto, ¿esto es real? No, no puede ser, esto es un recuerdo, un
recuerdo aún más vívido que los anteriores. Sí, definitivamente eso debe ser.
Pero, yo estaba en el instituto, no recuerdo haberme acostado a dormir.
Nath me está mirando con preocupación,
será mejor que siga la corriente hasta que pueda despertar. Sonrío y lo beso.
-Disculpame Amor, no quería
preocuparte, tardé más que lo habitual en despertarme por completo, sólo fue
eso.-
Él sonríe, parece convencido y me besa
tiernamente. Esos besos, se sienten tan cálidos, tan dulces, tan míos, tan
nuestros. Amo la forma en que me besa, es capaz de detener el tiempo, y en esos
instantes, no me importa en qué dimensión nos encontremos, somos sólo él y yo,
más allá de los nombres que nos dieron al nacer. Más allá de los límites del
espacio y el tiempo.
Una amplia sonrisa se dibuja en
nuestros rostros. -¿Vamos?- me dice. Asiento y salgo de la cama. Miro
cuidadosamente alrededor, no puedo permitir que se dé cuenta que no conozco
demasiado el lugar en el que me encuentro. Voy hacia el ropero ¡Wau! ¡qué belleza! ¡estos vestidos
son hermosos!
-Que rara te levantaste hoy- me dice
riendo mientras yo disimulo muy mal mi asombro. Elijo un vestido al azar y me
visto. Él me toma de la mano y me lleva frente a un espejo donde me indica que
me siente, destrenza mi cabello y comienza a peinarme, con cuidado cepilla cada
uno de mis mechones. Realmente parece disfrutarlo, algo me dice que esto es
parte de una especie de ritual cotidiano.
Salimos de la habitación y bajamos por
unas escaleras de madera hasta llegar a una acogedora cocina-comedor. Nath se
acerca a la cocina a leña para encenderla al tiempo que me alcanza una jarra
vacía, dudo un momento, y ante su mirada inquieta me dejo llevar, abro la
puerta y salgo. Es un día hermoso, el sol brilla alto en el cielo y la
temperatura es ideal. Miro a mi alrededor, la pequeña cabaña está situada en la
ladera de una montaña de piedra gris azulada, a los costados de la entrada hay
canteros con hermosas flores de colores y más allá una pequeña y gastada bomba
manual, voy hacia ella con la intención de obtener agua para el desayuno y algo
me paraliza. ¿Será posible? Al costado de la casa hay un árbol, un magnífico
sauce que con las puntas de sus ramas que bailan al compás del viento acaricia
suavemente la fina hierba, y en su rama más fuerte, cuelga un columpio.
Lo conozco, no es la primera vez que
estoy acá, recuerdo a Nath sentado en ese columpio, me recuerdo sentada en sus
piernas, me recuerdo ¿embarazada?, es raro, porque en esta dimensión todo
parece indicar que no tengo hijos, que Mini aún no ha llegado a mí. Siento un
abrazo por la espalda que me devuelve a la realidad ¿a la realidad?, Nath corre
mi cabello y besa mi mejilla.
–¿Segura que estás bien?- asiento con
una sonrisa y lo beso, ¡me encanta besarlo!