La alarma sonó a las 7 de la mañana,
lentamente abrí los ojos y lo primero que vi fueron esos hermosos ojos de miel,
somnolientos aún, mirándome. Me acarició con dulzura, y me besó suavemente. Yo
lo besé entonces y beso tras beso, la situación pasó a mayores. Mi cuerpo
estaba bastante dolorido pero hasta el mayor dolor parecía extinguirse con el
roce de su piel.
Finalmente nos levantamos, y tomamos
una ducha juntos. Mientras yo preparaba el café para el desayuno vestida con su
bata, él fue a la habitación de su hermana y tras revolver bastante volvió con
un jean y una blusa marrón con detalles turquesa. –Probate esto, no es muy
lindo pero creo que es de tu talle- Le di un beso en la mejilla y tomé la ropa,
el jean me quedaba bastante bien, pero la remera era algo grande. Volví a la
cocina y di una vuelta, intentando hacer un modelaje exagerado, Nath se atoró
con la tostada que estaba comiendo al intentar contener la risa.
Después de desayunar fuimos hasta el
departamento de Alex. Mini aún dormía y mi amiga estaba en pleno malhumor
matutino. Nuevamente tuve que convencerla para que no buscara a mi atacante
para hacer justicia por mano propia. Tomamos unos mates y ella me recordó la
fiesta de esa noche, lo había olvidado por completo. Era la cena de fin de
curso que todos los años realizaba el instituto para los docentes y personal
auxiliar y administrativo. Comencé a dudar si asistir o no pero Alex insistió
en que sería bueno para despejarnos y debí admitir que tenía razón.
Mini se despertó a las 9 y media y
cuando me vio corrió a abrazarme, su carita mostraba una gran preocupación al
verme así lastimada, pero intenté minimizar la situación. Después de que
desayunara su leche con cereales la llevé nuevamente a la habitación para
hablar a solas con ella. No quería tomar ninguna decisión sin consultarla
antes. Hablamos de todo lo que había ocurrido ese año, de nuestra vida en
nuestra ciudad de origen con su padre, de las cosas que habíamos vivido con <él>,
de nuestra partida… -Papá te pego de vuelta ¿no mami?- me congelé, ella
realmente entendía lo que había pasado, y no era de extrañar, ya que había sido
testigo de los golpes que él me propinaba cuando vivíamos juntos. No pude
contener las lágrimas y la abracé. Luego comencé a hablar de Nath, a Mini le
caía realmente muy bien; finalmente, le pregunté su opinión sobre pasar unos
días en casa de él. Ella se quedó en silencio, y luego hizo una pregunta que me
paralizó -¿Nath va a ser mi nuevo papá?-
-Nath es un amigo muy cercano hijita,
que nos quiere mucho. Tu papá es tu papá, no importa lo que pase y él te ama y
te va a amar siempre. Nath no va a reemplazarlo nunca.- Mi voz se quebró, eran
tantas las ocasiones en las que deseaba haber elegido distinto, haberle dado un
buen padre a Mini, ya que era ella quien, en definitiva, cargaba el mayor peso
de mis errores. Nos abrazamos y fuimos a la cocina donde Alex y Nath tomaban
mates. Y minutos más tarde salimos los tres hacia mi departamento.
Armé las valijas con nuestras
pertenencias que no eran tantas, ya que los muebles eran del departamento, puse
llave con nostalgia y nos despedimos de mi vecina Lucía. Mientras Nath llamaba
a un remis, fui hasta el departamento de la dueña que vivía en la planta baja, para
devolverle las llaves y anunciarle mi mudanza. La noticia del ataque que había
recibido había llegado a sus oídos y dándome su bendición me pidió que la
visitara de vez en cuando para que Mini jugara con su nieto.
Guardé silencio todo el camino, Nath
llevaba a Mini a upa y ella nos contaba de las peripecias que había pasado con
Alex, Castiel y Demonio. Una vez en el departamento, Nath la llevó a la
habitación de Ámber -¿Te gusta tu dormitorio Peque? Es todo para vos- Mini no
podía contener la alegría, me acerqué a Nath y le pregunté si su hermana
estaría de acuerdo –Ella tiene su departamento en La Plata, casi no viene a
Capital, sólo para algún cumpleaños y las fiestas de fin de año, Mini va a
aprovechar mejor la pieza- me dijo con una sonrisa mientras sacaba de los
cajones las pocas pertenencias de su hermana que quedaban y las guardaba en
una caja que luego colocó sobre el
ropero. –Listo, oficialmente es tu pieza- le dijo a Mini con complicidad.
Guardé la ropita de mi hijita en los cajones y cuando terminé Nath nos esperaba
con el almuerzo listo. Después de comer, Mini fue a jugar a su nueva habitación
y Nath y yo acomodamos mis cosas en su cuarto.
Finalmente, un nuevo mecanismo estaba
en marcha, cuáles serían los resultados era imposible decirlo con certeza, sólo
me quedaba tener fe.
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