Las 21 era el horario en el que la
fiesta comenzaba, 21:20 Alex pasó a buscarnos con Castiel en un auto que había alquilado.
Unos minutos más tarde entramos al gimnasio del instituto donde se habían
dispuesto las mesas y una improvisada pista de baile. Melody se acercó a
saludarnos y nos presentó a su novio, a la hora de la cena nos sentamos con
ellos.
La directora fue entonces y preguntó a
Alex por su acompañante, quien le resultaba “tenebrosamente familiar”, reímos y
Nath confirmó las sospechas de Aída asintiendo con la cabeza. Fue entonces
cuando su aguda mirada se clavó en nosotros y después de engrandecer mi ego hablando
de lo bonita que era mi hijita codeó a Nath y le dijo por lo bajo antes de irse
–Te queda bien el papel de papá-.
La cena transcurrió entre risas,
charlas y algún que otro vaso que se volcaba sobre la mesa. Luego del postre,
comenzó el baile. Alex saltó de la silla, y nos instó a acompañarla, pero nadie
le hizo caso, por lo que tomó a la directora de un brazo y la llevó a la pista.
Mini dormía en mis brazos, con todo el asunto de la mudanza no había dormido
siesta y estaba agotada, Nath habló con el profesor de educación física que me
dio una colchoneta que colocamos sobre dos sillas para que mi hijita estuviera
más cómoda, y Nath la tapó con el saco de su traje para que no tuviese frío.
Aída y Alex regresaron después de un
rato, ambas despeinadas y con una botella de vodka. A pesar de mi insistencia
ambas parecían haberse puesto como meta emborracharnos a Melody y a mí. Un par
de copas más tarde, las cuatro bailábamos en la pista. De ahí en más no sabría
decir con exactitud qué fue lo que pasó. Recuerdo que Aída insistía con que
Nath y yo confirmáramos nuestra relación, y recuerdo una canción bastante vieja…
Bailé con todas mis energías y luego
caminé hacia donde el rubio preceptor estaba sentado charlando con el profesor
de historia. Me senté sobre sus piernas y lo besé ardientemente, justo antes de
arrastrarlo a la pista de la corbata. Una vez allí guiñé un ojo a Aída y dije
-¿Esta es suficiente confirmación?- Ella asintió con una sonrisa, satisfecha.
La mañana siguiente desperté casi en un sueño. Boca abajo, desnuda
en su cama, su respiración en mi oído al tiempo que el peso de su cuerpo
retozando sobre mi espalda fueron razones más que suficientes para ponerme de
buen humor -buen día- dije sonriendo –buen día- contestó mientras sus dulces
labios se alimentaban con cada centímetro de mi cuello. Intenté acariciar su
cabello, no pude, algo me impedía mover las manos. Una corbata azul, su
preferida, sujetaba mis muñecas a la cabecera de la cama, con la soltura
suficiente para no lastimarme de modo alguno, pero con la firmeza necesaria
para que no pudiera liberarme.
El placer comenzó a recorrer mis venas al tiempo que él comenzaba
a moverse sobre mí, el roce de su piel
me embriagaba completamente. Sus manos iban y venían sobre mi cuerpo y el
sonido de su respiración se hacía cada vez más y más intenso. En la posición
que me encontraba no tenía más remedio que entregarme al placer absoluto que
este hombre provocaba en mí.
–Sos mía- susurró, mientras yo me sentía cada vez más y más presa
de mis instintos animales. –Soy tuya, suya, mi señor, mi Amo- dije jadeando
casi, sin poder controlar mis palabras.
Controló mi cuerpo hasta lograr que alcanzáramos el momento
cúlmine, juntos. Y quedé allí acostada en la cama, inmóvil, sintiendo el peso
de su cuerpo extasiado sobre el mío. Y allí nos quedamos durante minutos
enteros, entregándonos al placer tras el placer, a la intimidad más allá de la
intimidad.
-Te Amo- susurró en mi oído, antes de colocarse a mi lado y
mirándome a los ojos mientras corría un rebelde mechón de pelo de mi rostro
repitió –Te Amo-
Sonreí, apenas podía creer lo que estaba sucediendo, intenté
besarlo cuando sentí nuevamente su corbata sosteniendo mis manos sobre mi
cabeza. Él se percató y estiró sus brazos con el fin de desatarme –Te Amo-
pronunciaron esta vez mis labios. Un profundo beso nos unió mientras con mis
manos, ya libres, lo abrazaba fuertemente, acercándolo un poco más a mí, como
si temiese soltarlo, como si temiese despertar y que todo fuera un sueño, como
si temiese que algo lo arrancara de mi, que algo arruinara ese momento. Pero
nada de eso pasó.
Sólo dos personas, anónimas para el resto del mundo, se descubrían
unidas con los lazos del sentimiento más profundo que podían anhelar, solos en
el universo, el uno para el otro, más allá de todo tiempo y espacio, más allá
de toda realidad ajena a ese instante que permaneció detenido en el tiempo.
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