Así fueron pasando uno, dos, tres
días, una semana, un mes, y poco a poco mi espíritu empezaba a aquietarse, el
miedo comenzaba a dormirse en mi interior mientras los vestigios de mi pasado
volvían a quedar allá, bien lejos, donde debían estar.
Mi relación con Nathanael se
estrechaba día a día, su departamento quedaba cerca del jardín de Mini así que
todas las mañanas nos encontrábamos en la puerta para ir juntos al instituto, y
luego, al mediodía, íbamos juntos a buscarla. Ella tenía adoración por Nath, y
él sabía cómo ganarnos, nunca faltaban los chocolates en su maletín lo que
nuestro corazón agradecía y la balanza nos echaba en cara.
Hacía unos 15 días que casi no veía a
Alex, entre su trabajo que la envolvía completamente y su misión de conquistar
a Castiel, estábamos algo alejadas y últimamente los preparativos para la
fiesta de “halloween” que estaba organizando la tenían literalmente
desaparecida del mapa, en especial por eso, llegué a sugerirle como tema de la
fiesta: “El triángulo de las Bermudas”, no sé si me habría hecho caso o no, ya
que, como siempre, mantenía sus fiestas en absoluto misterio dejando a todo el
mundo pasmado apenas entraba al salón. Pero esta vez su fiesta no contaría con
mi presencia.
Era 28 de octubre cuando Nath me
preguntó sobre el evento, al parecer Alex había hecho una invitación masiva vía
facebook y el rubio preceptor no había sido una excepción.
–Yo no voy- le dije, y ante su mirada
de asombro agregué –es que no creo en halloween, es decir, no creo en que esta
fecha sea para grandes y ruidosas fiestas- seguía mirándome con cierta
incertidumbre, no pude evitar reírme –es complicado, ¿sabés algo del origen de
halloween?-
-Algo nórdico, si no recuerdo mal,
pero no mucho más que eso- me contestó
-Exacto, halloween, mejor dicho,
Samhain es el Año Nuevo Celta, una celebración de fines y comienzos de ciclos,
un momento de reflexión, en definitiva, no es una noche para fiestas ruidosas y
gente disfrazada de monstruos-
-Eso es interesante, y… ¿tenés pensado
hacer algo?-
-De hecho sí- dije rápidamente,
arrepintiéndome un poco luego, esta siempre fue para mí una celebración muy
íntima, ¿será buena idea hacerlo partícipe?¿y si piensa que estoy loca?¿y si se
asusta y se aleja de mi? aunque… –es
complicado, y no quiero que pienses que estoy loca, bueno, más loca de lo que
ya sabés que estoy- ambos reímos. –Pero bueno, si realmente querés pasar una
noche de “halloween” distinta, y realmente querés conocer una parte de mí que
casi nadie ha visto, te espero el 31 antes que anochezca en mi casa, ponete
ropa cómoda y en lo posible algo formal, sólo espero que no te asustes de mí-
Sonrió –Nunca voy a asustarme de vos-
Y el sábado 31 llegó, esa mañana fui
con Mini a comprar las últimas cosas que necesitábamos y comenzamos los preparativos
para esa noche. Ella estaba muy entusiasmada, a pesar que desde antes de nacer
conocía mis costumbres de esa fecha era la primera vez que participaría
activamente.
Horneamos una tarta de manzanas,
almorzamos una ensalada y luego de lavar los platos y limpiar bien la casa nos
dimos un buen baño con sales y nos colocamos la ropa adecuada. Ambos vestidos
habían sido hechos a pedido: el de Mini blanco, de brodery hasta los tobillos,
con algo de vuelo, un lazo en la espalda y mangas cortas acampanadas. El mío
negro, de jersey de seda y encaje, corsette y pollera campana larga hasta los
tobillos, mangas anchas que cubrían parte de mis manos. Mini llevaba unas
sandalitas blancas, yo y como de costumbre, mis pies descalzos. Una vez
vestidas tomé un lápiz delineador y dibujé en el rostro de mi niña los motivos
geométricos que cubrirían su ser y la protegerían de cualquier alma perdida que
pudiera colarse esa noche, luego hice lo mismo conmigo misma.
Una vez listas, buscamos los
materiales, ya eran las 5:30 de la tarde, pronto comenzaría a anochecer y para
entonces tendría que estar todo listo. Colocamos el mantel blanco en el piso
frente al balcón, en sus extremos y en dirección a los cuatro puntos cardinales
pusimos los elementos en coponcitos de vidrio preparados para tal fin: agua al
oeste, fuego (vela) al sur, aire (vara de incienso) al este y tierra (sal) al
norte; en el medio el copón de cristal lleno de agua purificada y cargada con
la energía de la última luna llena y unas gotas de agua de azahar y de aceite
de mirra, y girando a su alrededor las tres largas cintas: una blanca, una roja
y una negra.
En eso estábamos cuando sonó el
timbre, era Nath. Hubiera pagado por fotografiar su rostro al verme, una
expresión entre incertidumbre, sorpresa, curiosidad y risa lo cruzó en un flash
y al ver el altarcito improvisado esa impresión se hizo aún más profunda en su
rostro.
-Estás a tiempo- le dije – todavía no
es de noche, podés irte si querés-
Negó con la cabeza –Quiero quedarme-
Le pedí que se descalzara en la
entrada, tomé su mano y lo llevé al baño, lavó sus manos y su rostro. Estaba
perfecto, se había puesto una camisa negra y un pantalón de vestir holgado del
mismo color, era exactamente la ropa que había imaginado para él. Luego le pedí
que se sentara en una silla y mientras Mini lo miraba divertida sentada a su
lado, dibujé cuidadosamente las líneas de protección en su rostro. Él me miraba
hacer, con una mirada profunda y tranquila, como si confiara plenamente en mí.
Todos mis miedos iban desapareciendo con cada trazo, era él el indicado para
compartir este ritual, siempre había estado yo sola, esta noche seríamos tres…
tres… un ritual de tres… esa frase surcó de pronto mi mente, alguien la había susurrado
en mi mente la noche del 31 de octubre del año anterior.
#nota de la autora: este capítulo y el siguiente los escribí
en las cercanías del 31 de octubre del 2012 como una especie de “especial
halloween” aunque hoy por hoy, están entre mis capítulos favoritos del fic y
algunas menciones que se hacen en estos capítulos serán importantes para
entender el desarrollo futuro del fic. Esta es mi manera personal de ver
halloween, espero que los disfruten.
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