Tras ese momento de absoluta intimidad
comenzamos a separarnos el uno del otro y nuestras miradas se cruzaron
nuevamente, limpias ya de toda lágrima, en paz. Una sonrisa se dibujó entonces
en nuestros rostros y aparté la mirada avergonzada al encontrar sus dulces ojos
mirándome fijamente. -¿Mate o café?- dije mientras me incorporaba y me dirigía
a la cocina,
-Mate- fue su respuesta. Y así se pasó la
mañana, mate tras mate, entre alguna risa leve que incluso por momentos era
capaz de acallar la música que sonaba de fondo. Hasta que el reloj marcó las
11,30. –Tengo que ir al jardín a buscar a Mini- pensé en voz alta mientras
miraba el reloj.
-¿Te molesta si te
acompaño?- indagó Nath.
Bajamos a la calle, ya casi no llovía, y
caminando nos dirigimos hacia el jardín de infantes. Llegamos bastante rápido y
debimos esperar algunos minutos. Mi hijita corrió hacia mí al verme y luego de
darme un fuerte abrazo y un beso hizo lo mismo con Nath, lo que nos dejó a
ambos estupefactos.
Ella lo había visto unas cuantas veces, e
incluso habían jugado juntos una vez que nos encontramos por casualidad en el
parque. Nath tenía un don innato con los niños. Siempre era tan serio y formal
pero cuando estaba con Mini parecía un nene más, jugando y riendo
auténticamente y sin preocupaciones. Por alguna extraña razón, que ella
reaccionara de esta manera y precisamente hoy hacía que mi corazón sintiera un
gran alivio.
Mini comenzó a contarnos qué tal había
sido su día, y para cruzar la calle nos tomó a ambos de la mano. Un “Hey Sam”
desvió mi atención y me hizo temblar, no podía ser <Él>, pero lo era.
Llegó corriendo a nuestro lado, Mini le dio un beso y él la agarró a upa.
-¿Por qué viene éste a buscar a mi hija?-
-No veo cuál es el problema- contesté
rápidamente
-No te equivoques conmigo Samantha, vos
no sabés todavía de lo que soy capaz-
-¿Por qué mejor no hablamos en privado?-
lo interrumpió seriamente Nath.
<Él> lo miró con desdén y me dijo
con una mueca parecida a una sonrisa –Éste quiere cobrar de nuevo parece- y
luego dirigiéndose a Nath -¿Por qué no te buscás una vida y dejás de meterte en
mi familia?-
-Mami…- dijo Mini con preocupación en su
inocente rostro.
–No pasa nada hijita, papá y Nath están
hablando, nada más- dije intentando mantener a mi hija a salvo de la situación
–Vení a upa de mamá-
Ella extendió sus brazos hacia mí pero
<Él> dio media vuelta sobre sus pasos y comenzó a caminar en la dirección
contraria. Mini lloraba llamándome, mientras Nath y yo intentábamos por todos
los medios que me entregara a mi hija deseando al mismo tiempo preservarla del
mal momento. Los otros padres que estaban recogiendo a sus hijos fueron
testigos de la situación y algunos, junto con el portero y el profesor de
educación física del jardín intercedieron, logrando que al fin me devolviera mi
pequeña hijita que lloraba de miedo mientras se aferraba a mis brazos.
<Él> se alejó murmurando -Esto no va a quedar así-
Y tenía razón, no podía quedar así. La
asistente social del jardín me llamó a su despacho y al enterarse de la
situación me rogó encarecidamente que lo denunciara; yo nunca había querido
hacerlo antes, pero esta vez había ido demasiado lejos, poniendo incluso a Mini
en riesgo. Así que me decidí a hacerlo definitivamente.
Salí del despacho y me dirigí al patio de
juegos donde Nath hamacaba a Mini que reía sin parar. El mal rato había pasado.
Los tres fuimos a la comisaría más cercana y presentamos la denuncia.
-No es buena idea que te quedes en tu
casa- dijo Nath -¿Podés quedarte con alguien esta noche? con Alexa quizás-
asentí con la cabeza sin agregar una palabra. –Las invito a almorzar- continuó
–conozco un lugar que va a gustarles, sirven unos helados enormes - dijo
mirando con complicidad a Mini que festejó alegremente. Y luego agregó en voz
baja, como adivinando lo que pasaba por mi mente –Queda en el salón principal
de un shopping, no va a atreverse a aparecer en un lugar así- sonreí aliviada y
allí fuimos.
Nunca había estado en un lugar como ese, ¡era
enorme!. Mini miraba señalando a todos lados, mientras Nath sonreía, imagino
que debido a la apariencia de “chicas de campo” que dábamos al estar tan
absortas por la imponencia del lugar.
Almorzamos unas hamburguesas y el ansiado postre no nos defraudó.
Comimos hasta más no poder. Luego nos dirigimos a un salón de juegos donde
había un carrusel al que Mini se dirigió a toda marcha, siempre había tenido
debilidad por las calesitas de todo tipo y ese carrusel era hermoso.
Ver a mi hijita reír, con sus ojitos repletos de alegrías y al fin
sin preocupaciones me devolvió el alma al cuerpo. –Gracias- le susurré a Nath
mientras el carrusel giraba y giraba frente a nosotros. Él sonrió y se acercó
un poco más a mí, abrazándome suavemente por la cintura, al fin volvía a
sentirme bien. Así nos quedamos, los dos en silencio, el tiempo que duró la
vuelta de la calesita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario