Finalmente, después de 10 horas de
viaje, llegamos a Córdoba. Uno de los organizadores del evento nos estaba
esperando en la estación. Esa noche la pasaríamos en Córdoba Capital, ya que la
agenda de Alex para el día siguiente estaba completa. Pero para los días
siguientes, ella había alquilado una cabaña en un pueblo a unos 20 minutos.
Cenamos en el hotel con más sueño que
hambre y nos acostamos temprano. Las habitaciones eran dobles, por lo que los
chicos volvieron a acuchillarse con las miradas al descubrir que deberían
compartirla. Por alguna extraña razón, Alex parecía disfrutar poner de mal
humor a Castiel (lo que no era demasiado difícil) y el pobre Nath era su
herramienta predilecta para hacerlo.
Aún no sabíamos a qué se debía la
tensión entre ellos, pero era claro que aquella primera impresión durante la
fiesta no había sido errónea, cada vez que se miraban volaban chispas y el aire
podía cortarse con cuchillo. Hablamos bastante del asunto Alex y yo antes de
quedarnos dormidas, bueno, antes que ella se durmiera porque su última frase me
dejó preocupada bastante tiempo, ella estaba dispuesta a averiguar qué pasaba
entre ellos costara lo que costara.
Me despertó un sacudón, Alex estaba
levantada y lista para ir al evento aunque aún faltaban algunas horas, y debo
decir que despertar a manos de una chica de pelo multicolor y con orejas de
gato es una experiencia que hace que te preguntes ¿estoy despierta o sigo
durmiendo? o ¿qué me fumé anoche?.
Después de desayunar partimos hacia la
convención en el auto del mismo organizador que nos había ido a buscar a la
estación la noche anterior. Mi amiga llevaba consigo una mochila enorme que por
algún motivo me daba desconfianza (y con razón) ya que al descubrir mi intriga
la abrió develando el secreto, estaba repleto de sombreros de la forma y color
que se pudiera imaginar.
A penas pusimos un pie en el evento la
perdimos de vista. Por lo que quedé a cargo del dúo macabro. Nath se mostraba
muy relajado y disfrutando todo lo que podía del paseo, incluso compró en un puesto
de recuerdos un peluche con forma de osito panda para Mini. Castiel era un tema
aparte. Yo no había tenido hasta ese momento demasiado trato con él y sabiendo
lo mal que se llevaba con Nath me resultaba muy incómoda la situación de estar
en cierto modo mediando entre ellos, aunque casi no se hablaran, lo que en gran
medida me evitó el tener que lidiar con la pelea que esperé con temor todo el
día pero que por suerte nunca llegó; mientras cuidaba también mis palabras para
no alterar el susceptible humor del pelirrojo. Todo fue mejor durante la
conferencia de Alex, de hecho, nos quedamos los tres de piedra, ya que quien
hablaba no parecía ser nuestra amiga. Era medida en sus comentarios, hacía las
bromas justas y si no hubiese sido por las orejas de pikachu que llevaba en su
cabeza, habría pasado por una persona muy seria y centrada (nada más lejos de
la realidad).
Eran pasadas las 8 cuando nos
encontramos nuevamente los cuatro. Alex estaba muy feliz pero destruida de
cansancio, por lo que le pidió al organizador que había sido nuestro chofer
todo este tiempo que nos hiciera el favor de alcanzarnos a la cabaña, aunque el
sueño la venció a medio camino. Unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a
golpear sobre el auto, confirmando aquel pronóstico con el que el cielo había
amenazado todo el día.
El lugar donde Alex había hecho las
reservas era verdaderamente un paraíso terrenal. Se accedía por un camino de
piedra y rodeando una pequeña colina y pasando un pequeño planterío se
encontraba la cabaña. Pero había olvidado un pequeño detalle, en la casa no
había más comida que yerba. Así que preparamos el mate y con las galletitas que
nos habían quedado en las mochilas tuvimos nuestra segunda cena.
Pero la mayor sorpresa fue a la hora
de irnos a acostar. No sólo porque la casa contaba con dos habitaciones, sino
porque en ambas había una cama de dos plazas. Alex me tomó del brazo y
señalando una habitación dijo –Esta es la nuestra nee-chan-
Los chicos intercambiaron miradas y
Castiel comenzó a lanzar improperios al aire dirigidos directamente a Alex e
indirectamente a Nath. Sin embargo, nadie pudo refutar la lógica de Alex al
decir que ahí no había parejas por lo que lo correcto sería dormir separados
por género.
Finalmente y después de tantas
vueltas, nos acostamos.
Desperté de un salto cuando aquel
pelirrojo despeinado y en pijama irrumpió con los ojos llenos de ira en nuestra
habitación. Un almohadazo en la cara que partió del fuerte y preciso brazo de
mi amiga lo hizo retroceder unos pasos y luego, con la almohada bajo el brazo
dio un portazo y se alejó refunfuñando. Alex me miró entonces muerta de risa.
Al parecer, mi amiga no había tenido mejor idea que configurar el teléfono del
pobre chico para que sonara la alarma a todo volumen a las 5 de la mañana.
Desperté por segunda vez a las 9 y
media de la mañana en el borde de la cama y destapada. Alex aún estaba dormida,
con un brazo en el piso, abrazando las mantas con el otro y cruzada a lo ancho
de la cama.
Me levanté con cuidado para no
despertarla, y luego de vestirme y arreglar un poco mi pelo fui a la cocina.
Nath me recibió con un mate alejando por un momento la vista de su libro.
-¿Ya descubrieron al asesino?- dije
riendo .
-Están presentando las evidencias, al
parecer el tipo que atraparon hace 2 capítulos era un chivo expiatorio-
contestó divertido pero con pasión en los ojos.
Un abrazo por la espalda que me hizo
perder el equilibrio me sobresaltó, Alex ya estaba despierta y con sus energías
renovadas. –Hoy vamos de compras nee-chan, pero solas, estos dos tienen que
hablar- dijo guiñándome un ojo mientras Castiel se detuvo de golpe al entrar a
la cocina y escuchar esas palabras, murmuró por lo bajo y se sentó en el sillón
a tocar su guitarra.
Un par de mates después, Alex y yo
tomamos un paraguas, ya que la leve llovizna que había empezado la noche
anterior no parecía tener intenciones de parar, y partimos hacia la parada de
colectivo que nos llevaría a la capital.
Jaja "¿estoy despierta o sigo durmiendo? o ¿qué me fumé anoche?"
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