Esperamos a los
chicos para cenar todo el tiempo que pudimos, pero parecía que su
“conversación” tenía para rato aún, así que preparamos una pizza y la comimos
sentados en el piso de la galería, esta sería nuestra última noche aquí, mañana
al mediodía emprenderíamos el largo viaje de vuelta a la rutina diaria. La
lluvia nos había aguado todo el fin de semana, pero podría decirse que había
sido algo bueno, ya que de otra manera no hubiésemos podido conocernos tanto.
Después de cenar
nos quedamos unos largos minutos contemplando la lluvia, todo era tan pacífico,
nuestras almas se llenaban del sonido de la noche; sólo lamentaba no haber
podido ver las estrellas. Una mirada fue suficiente para saber que era hora de
irnos a dormir; limpiamos un poco y fuimos a la habitación. Nath se bañó
primero, mientras yo terminaba de acomodar mis maletas, luego fue mi turno.
Cuando volví al dormitorio, él estaba recostado sobre la cama tendida, en
pijama y leyendo la tercera novela policial desde que habíamos salido de casa.
Lo miré
divertida y me respondió la mirada con una sonrisa repleta de incertidumbre
-No no no- le
dije riéndome –no quiero quedarme dormida tan pronto, esta vez la lectura la
elijo yo- él no pudo evitar soltar una carcajada al oír mis palabras,
recordando aquella vez que nos habíamos quedado dormidos en el piso de mi
departamento leyendo una de sus novelas policiales.
-¿Qué proponés
entonces?- dijo mientras marcaba la página y cerraba el libro.
Me di vuelta y
busqué en mi bolso de mano el paquete que había comprado esa mañana que los
encontramos peleando. –Esto- le dije extendiéndoselo. Agarró el paquete
intrigado y con una sonrisa rompió el papel y leyó en voz alta “El faro del fin
del mundo” de Julio Verne. Entonces
extendió su brazo sobre la almohada, mientras con la cabeza me hacía una
seña para que me sentara a su lado, y así lo hice, bueno, no exactamente.
Comencé sentada a su lado, pero a medida que el tiempo pasaba y los calambres
propios de las posiciones incómodas nos atacaban sin piedad, me descubrí
sentada entre sus piernas y con mi espalda apoyada en su pecho.
Llevábamos casi
media novela leída cuando ocurrió, sus brazos disminuyeron la tensión dejando
colgar el libro de sus manos, mientras su rostro buscaba refugio en mi hombro.
Incliné mi torso, él levantó su cabeza y nos encontramos uno frente al otro,
sin ninguna otra barrera entre nosotros más que el aire que exhalaban nuestros
pulmones, sentí el roce de su aura contra la mía, y en un momento sin tiempo
nos fundimos en un beso, un beso tan ansiado, donde todo lo ajeno dejó de
existir, donde no había más realidad que la de ese instante, donde todo, al
fin, era perfecto.
Nuestros rostros
fueron alejándose poco a poco, nuestras miradas se cruzaron y sonreímos
sonrojados. Giré sobre mí misma y lo abracé fuertemente, quedando con mi cara
contra su pecho. Permanecimos en silencio largo rato, uno en brazos del otro, casi
temiendo hacer algo que rompiera ese momento de perfección. Él acariciaba mi
cabello y yo me hundía más y más en el acompasado sonido de sus latidos.
Levanté mi mirada
lentamente, hasta encontrarme nuevamente ante sus dulces ojos ambarados, una
hermosa sonrisa se dibujó en su rostro. Lo besé una y mil veces, y una y mil
veces me correspondió. Así, gota a gota dejamos correr por nuestras venas la
pasión y la lujuria contenidas desde aquella primera mirada.
Sus caricias,
tímidas al principio, comenzaron a recorrer sin permiso mi piel, mientras sus
besos me embriagaban de pasión. Y la ropa se volvió una barrera demasiado
molesta. Sus manos firmes las arrancaron de mi piel, mientras que las mías,
algo torpes por la mezcla de timidez y ardor lo liberaron lentamente de las
suyas.
Entonces sus
besos abandonaron mi boca y corrieron por mi cuello, mientras sus manos, ya sin
recaudos, me envolvieron en caricias que me ataban con cuerdas invisibles a su
cuerpo. Y la danza continuó, y antes de darme cuenta me encontré en su poder,
embriagada de deseo, dejándome llevar por ese hombre a un paraíso terrenal en
el que no había más que dos mortales fusionados en uno.
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