Estábamos llegando a la cabaña de
vuelta de nuestro paseo de compras, cuando escuchamos una muy fuerte discusión.
Corrimos lo suficientemente rápido para ver a Nath y Castiel insultándose bajo
la lluvia, tenían las ropas desacomodadas, por lo que no puse en duda que la
pelea hubiese sido más que verbal. Cuando Castiel nos vio giró sobre sí y entró
a la cabaña, Alex corrió tras suyo llevando las bolsas de compras.
Nath se me acercó y cabizbajo se
disculpó por habernos arruinado el fin de semana. Negué con la cabeza –No pasa nada, ¿estás bien?- dije mientras lo
cubría con mi paraguas. Asintió levemente y en silencio. -¿Damos una vuelta?-
agregué. Comenzamos a caminar sin rumbo fijo, por los senderos pedregosos y
bajo esa garúa que constantemente golpeaba el paraguas que nos cubría. Lo miré
de reojo, él caminaba en silencio, cabizbajo y con la mirada perdida.
Llegamos a una pequeña gruta y nos
sentamos al abrigo de la sierra, mientras la lluvia poco a poco iba parando.
–Disculpá- reiteró.
–Está todo bien, pero, ¿puedo saber
qué pasó?, no es la primera vez que pelean y hay que ser muy ingenuo para no
notar lo mal que se llevan, si querés contarme, claro-
Nath suspiró –Es una larga historia-
-Tiempo es lo que sobra- agregué
rápidamente mientras lo miraba con una sonrisa y cerraba el paraguas.
Él finalmente me miró a los ojos y una
leve sonrisa se dibujó en su rostro antes de volver a mirar sus pies. Así supe
que él y Castiel eran amigos desde muy pequeños, vivían en el mismo edificio y
se habían criado prácticamente juntos, Nath, Cas, Dante y Amber. A medida que
los años pasaron, la amistad entre Cas y Amber fue convirtiéndose en algo más,
en mucho más, y cuando ella tenía 13 años y él 16 se pusieron de novios. Pero
las malas compañías influyen demasiado, y a medida que la popularidad de ella
aumentaba en la escuela, la relación con sus amigos de la infancia descendía
proporcionalmente. Nath suspiró. Ella
estaba fuera de control.
Un día llegaron como de costumbre a la
escuela y notaron cómo sus compañeros los señalaban y se reían por lo bajo.
Amber recorrió el pasillo con la cabeza baja. Más allá de eso el día
transcurrió normalmente. Al finalizar la jornada, Nath y Amber volvieron solos
a su casa ya que Castiel y Dante tenían clases en el Conservatorio. La casa
estaba sola, su padre había salido y probablemente no regresaría hasta entrada
la noche. Luego de almorzar, Amber salió con unas amigas y Nath se puso a hacer
los deberes. No había pasado una hora cuando escuchó llamar violentamente a la
puerta, era Castiel, buscaba a Amber totalmente fuera de sí.
Nath suspiró una vez más, y su mirada
se hundió aún más en el punto infinito más allá de sus pies; ella lo engañaba,
lo había convertido en el hazmerreír de la escuela y Castiel había ido a
exigirle explicaciones. Y a pesar del profundo dolor y desesperación que
brotaban por sus ojos, Nath no pudo hacer otra cosa que interceder a favor de
su hermanita. Discutieron, incluso llegaron a golpearse en el pasillo del
edificio, hasta que fueron separados por los vecinos. Desde ese día, esa
profunda amistad que los había unido desde niños se convirtió en rencor y
Castiel poco a poco se fue cerrando en sí mismo hasta convertirse en la fría
persona que es hoy.
Volvió a respirar profundo y guardó
silencio unos instantes antes de mirarme nuevamente a los ojos. Se notaba muy
perturbado y con un dejo de arrepentimiento que lo carcomía desde entonces.
Nunca habían tenido oportunidad de aclarar la situación y cada una de sus
conversaciones terminaba indefectiblemente en discordia.
Hacía unos minutos que la lluvia había
vuelto a caer sobre nosotros, pero apenas nos habíamos dado cuenta. Las gotas
se escurrían por sus rubios mechones, recorriendo su rostro y estrellándose
finalmente contra el suelo, el cielo lloraba las lágrimas que el dolor de su
pecho no lograba liberar.
Me puse de pie en una actitud que
podría esperarse de Alex mas no de mí. -¿Y qué esperan para hablar y arreglar
las cosas? ¿o piensan pasar la vida entera resentidos por una pelea de
adolescentes de la que ni siquiera tienen la culpa? Aprovechen este finde que
Alex es como mi hermana, así que se van a tener que seguir viendo las caras si
quieren estar con nosotras- me arrepentí cuando era demasiado tarde de la
última frase, pero lo olvidé por completo cuando él soltó una breve carcajada.
-¡Vamos! – le dije –que el día está hermoso y Alex ya debe estar comiéndole la
cabeza a Cast por lo mismo-
Ya sin poder contener la risa dijo
-¿Día hermoso? Desde que llegamos que no para de llover-
-Con este calor la lluvia es una
bendición, ¿damos una vuelta? Total, ya estamos empapados-
Asintió divertido y de la mano
caminamos durante largo rato, mientras las gotas de lluvia caían
acompasadamente sobre nuestras cabezas.
Era casi de noche cuando volvimos a la cabaña.
Castiel había estado encerrado durante todo el día en el dormitorio, así que
Nath no pudo entrar para sacar ropa seca, fue imposible contener las risas
cuando salió del baño usando mi bata rosa.
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