Sobre este blog

La novela presentada en este blog tiene sus orígenes como fan-fic inspirado en el juego "Corazón de Melón" adoptando sus personajes, sin embargo, la historia es totalmente original y propiedad absoluta de la escritora bajo el seudónimo de "Elwing de Darok".

Esta producción cuenta con una novela hermana escrita por una muy buena amiga, que ha tenido una participación activa en la construcción de esta novelita/fanfic y, particularmente, en el personaje de Alex (y que pueden leer en el siguiente blog http://defrentealaverdadayc.blogspot.com.ar/ )

Todo el contenido de este blog es propiedad de sus respectivos autores, no se pretende hacer plagio sino dar a conocer una producción aún en gestación, por lo tanto, no pretendo obtener crédito por producciones ajenas (imágenes, canciones, etc.) que, de ser así requerido, serán removidas inmediatamente de esta página web.

Sin más aclaraciones pendientes, les agradezco profundamente el formar parte de este humilde proyecto que he decidido llevar adelante. Gracias a todos aquellos que se toman el trabajo de leer. Y un Gracias especial a mi Nee-Chan, quien fue testigo de los inicios de esta obra y decidió subirse a esta montaña rusa que hoy por hoy nos llena de satisfacciones.

Y sobre todo lo demás, quiero dedicarle estas palabras a mi hijo, mi fuerza y mi motor para seguir adelante, por vos lucho peque...


*Por el diseño de blogspot, las últimas publicaciones se ubican en la parte superior, por este motivo, la lista de capítulos en orden está colocada en el extremo izquierdo de la página.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Capítulo 10 – Cadenas -


Eran pasadas las 12 cuando <Él> se fue, Mini ya dormía en su cama. Lo acompañé a la puerta y luego de acariciar mi cabello besó suavemente mis labios sin lograr siquiera inmutarme, y se alejó caminando, con la promesa de regresar al día siguiente. Hacía varias horas ya, que yo no hablaba más que lo imprescindible. Volvía a descubrir en mí aquella niña temerosa, aquella que cenaba en silencio, que limpiaba en silencio, que vivía en silencio… temiendo decir algo que afectara el momento, temiendo enojarlo; sabiendo que incluso, muchas veces, el propio silencio que guardaba era la causa de la siguiente bofetada.
Entré a mi departamento, Mini seguía durmiendo, tranquila, en paz, feliz de haber visto a su familia cenar junta una vez más, las lágrimas volvieron a inundar mis ojos. Busqué en mi cajón, en el último cajón el paquete de cigarrillos que hacía meses no tocaba, saqué de la heladera aquella botella de vino que había sobrado de la última cena con Alex y me senté en el piso del balcón, mirando caer suavemente las gotas de lluvia.
“Y me encuentro así aquí, como tantas otras noches, en las oscuras profundidades de mi mente viendo caer mis sueños y mis esperanzas con la lluvia, descubriendo mi alma herida, un alma que ya no tiene ganas de vivir ni esperanzas para seguir. El sueño apesadumbra mis párpados que quieren cerrarse arrullados por la dulce melodía de las gotas de lluvia, lágrimas del cielo que con su sacrificio purifican la Tierra y regalan la Vida. Lágrimas en las que veo caer mis sueños y estrellarse contra el suelo en un continuo baile eterno que durará una noche y que existirá para siempre… Sueños que se desvanecen en el viento… Las voces del aire me rodean, suspiro creador que me envuelve en una danza sin fin y me eleva y me lleva hacia un mundo antiguo. Murmullo de hojas agitadas por la dulce brisa que mueve mis cabellos. Danza del aire que me envuelve en un momento sin espacio ni tiempo…”

Unos suaves golpecitos tras de mí me obligaron a abrir los ojos, lastimados por las luces del alba. Cuando dirigí mi mirada hacia el interior mi pequeña hija me sonreía tras el cristal, abrazando su osito preferido. Tras un largo abrazo, la ayudé a vestirse y le preparé su taza de leche con cereales.
Mientras ella desayunaba fui al baño, las bolsas bajo mis ojos develaban la pesadumbre que sentía en la profundidad de mi alma. No lo dudé, tomé mi teléfono y llamé a la escuela dando parte de enferma, aunque me descontaran el día, no podía estar frente a un curso en esas condiciones.
Me di una ducha rápida mientras mi hijita terminaba, busqué una vieja remera, recuerdo de mi primer concierto en 2004, Good Charlotte se leía bien grande en el frente mientras en la espalda, la letra de una vieja canción describía mis sentimientos una vez más… S.O.S. “It’s anybody listening?... I can’t make this on my own so I’m giving off myself, It’s anybody listening?”.
Trencé mi cabello, me calcé un jean y unas viejas zapatillas y llevé a mi hijita al jardín. Volví caminando, sintiendo la suave brisa que perduraba tras la tormenta en mi rostro. Creí haber escuchado mi nombre, pero esa suave voz no fue capaz de arrancarme de mi letargo. Llegué a mi casa, me saqué las zapatillas en la entrada, cambié mis jeans por el short de un pijama y me recosté en la cama.
Una media hora habría pasado cuando escuché que llamaban a la puerta, me mantuve en silencio, no estaba de humor para aguantar visitas, mucho menos a esa hora y mucho menos de improviso. Pero la persona tras la puerta no se rendía fácilmente; llamó una, dos, tres veces más antes que mi celular sonara, delatándome, un mensaje decía: “Sam, soy Nath, estoy afuera, ¿podemos hablar?” no pude hacer más que abrir la puerta, su rostro lucía entre aliviado por verme bien y perturbado al ver mis fachas. Ni siquiera dije hola, bajé la mirada y le hice una seña para que entrara.
-Son para vos- escuché mientras cerraba la puerta, al darme vuelta noté que me extendía una caja enorme de chocolates, no pude evitar sonreír.
-Te agradezco todo esto, que hayas venido y el regalo, pero tenés que volver a la escuela, van a descontarte el día si faltás- le dije apresuradamente.
-¿Creés que un día de salario me importa más que verte bien?- dijo mirándome fijamente a los ojos unos segundos antes de bajar su rostro, pensando quizás si había sido diplomática esa frase. Sonreí levemente, de la mejor manera que podía
 –Ponete cómodo- le dije mientras llenaba la pava con agua y la colocaba sobre el fuego.
Hablamos demasiado y de demasiadas cosas, nunca antes me había abierto tanto con alguien, ni siquiera a Alex le había contado todo lo que había sucedido en esos 5 años que habíamos estado alejadas. Él escuchaba pacientemente, asintiendo con la cabeza, guardando silencio, dándome lo que mi alma pedía a gritos a través de mi remera: comprensión y un hombro donde llorar.
Cuando mi espíritu estuvo en calma él rompió el silencio
-¿Sabés?- dejó caer como si estuviera dudando si decir algo o guardar silencio –creo entender en parte la forma en que te sentís-. Levanté mi mirada hasta alcanzar sus ojos, ahora él se notaba cansado, hundiéndose en lo profundo de sus memorias, recordando algo doloroso. Sus labios se despegaron poco a poco y comenzó a contarme su historia…
Su madre había muerto en un accidente cuando él tenía apenas 11 años y su hermana 8. Nath había insistido en ir al conservatorio a pesar de la fuerte tormenta y ella decidió acompañarlo. Un bache en el asfalto, un charco de agua y un semáforo que cambió a verde compusieron la ecuación que la alejaría para siempre. Ella era una mujer muy dulce, con duendes en los dedos a la hora de tocar el piano y con una sonrisa capaz de acabar con el mayor de los dolores.  Tras su partida, su padre se fue hundiendo más y más en la oscuridad, y así, poco a poco el dolor se convirtió en locura, y la bebida en su único consuelo. Sólo sonreía al ver a su hija, Ámber, quien era la viva imagen de su madre. Pero su semblante se teñía de odio al mirar al niño que según él le había arrancado a su amada. Casi de forma imperceptible comenzaron los malos tratos, y finalmente los golpes.
Cualquier docente sabe que un chico con problemas en la casa tiene problemas en la escuela. Lo que en su caso se había convertido en un círculo vicioso, el mal desempeño en la escuela enojaba más y más a su padre, y los constantes malos tratos en su casa influían directamente en sus calificaciones y en la relación con sus compañeros.
Poco a poco comenzó a ver la escuela como un escape, se inscribió en todas las actividades extracurriculares que pudo y comenzó a pasar gran parte del día en la biblioteca, estudiando. Cualquier cosa era mejor que estar en su casa. Sus calificaciones mejoraron notablemente, y llevó orgulloso su primer 10, pero nada era suficiente para un hombre perdido en su propio sufrimiento y autocomplacencia. Mirándolo por sobre el hombro menospreció el asunto, achacando que sacar buenas notas era su obligación, ya que la escuela era su única responsabilidad.
Los años pasaban pero las cosas no mejoraban, cuando terminó el secundario y contrario a los designios familiares empezó el profesorado, con la firme intención de ayudar desde su lugar de docente a los chicos que se encontraran en una situación como la que él vivía. Apenas tuvo el porcentaje de materias necesario para ejercer, llevó su currículum al instituto donde había estudiado y fue aceptado como profesor suplente, lo que le permitió comenzar a ahorrar. Cuando uno de los profesores se jubiló, la directora no dudó en llamarlo y así fue como, aún faltándole un año de carrera, obtuvo sus primeras horas provisionales. No lo pensó dos veces, armó su maleta, alquiló un pequeño departamento y junto a su hermana abandonaron la casa que tanto dolor les causaba. Ella siguió visitando a su padre hasta que terminó el secundario y fue a estudiar a La Plata, él nunca volvió a verlo.
El silencio inundó entonces la habitación, ambos con la mirada perdida en el infinito. Nuestros ojos se volvieron a encontrar y nada pudo detener ese abrazo contenido durante demasiado tiempo, las lágrimas comenzaron a aflorar. Y nos mantuvimos así, uno en brazos del otro, en un instante detenido en el tiempo, mientras la lluvia comenzaba nuevamente a caer.

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