El alba nos
descubre abrazados, acostados en el pasto al refugio de la montaña.
-Tenemos que
irnos, debíamos haber llegado anoche y van a empezar a preocuparse- me dice
mientras ensilla nuevamente a Trueno.
Atravesamos el
bosque que cada vez se hace menos espeso y tras media hora de caminata llegamos
a una muralla. La rodeamos hasta encontrar una enorme puerta grabada con
símbolos que, aunque no puedo descifrar, en lo profundo de mi ser comprendo.
La puerta
comienza a abrirse y entramos. La ciudad es hermosa, está construida en piedra
blanca y la Naturaleza se abre camino con sus enredaderas y sus flores
componiendo un paisaje propio de un libro de hadas. Caminamos en silencio por
las angostas calles hasta llegar a una construcción más elegante que las
anteriores. Castiel nos espera recostado contra una pared mientras una doncella
camina inquieta frente a él.
-¡Selene!- Grita
ella al verme, corre hacia mí y me abraza muy efusivamente.
-¿Alex?- digo al
darme cuenta que esta joven de largo cabello y vestido elegante es idéntica a
mi amiga, bueno, sólo en sus rasgos, Alex nunca usaría ropa tan formal y
femenina.
-Sel, me alegra
que me recuerdes, pero por favor, no me llames por mi primer nombre que ¡lo
odio!- ante mi mirada de incertidumbre me dice con preocupación –Soy Desi,
Desireé, ¿no te acordás?- niego con la cabeza, no tengo forma de mentirle. Ella
suspira y de la mano me lleva hacia adentro.
Siendo honesta,
este asunto de que todo el mundo esté esperando que yo recuerde cosas está
empezando a molestarme, pero lo que más me molesta es que nadie se toma el
trabajo de explicarme qué es lo que está pasando y qué es lo que pretenden que
recuerde.
Llegamos a un
balcón donde un hombre de cabellos largos y castaños se encuentra sentado,
observando el infinito. Nath y Cas se quedan en la puerta mientras Alex/Desireé
se acerca a él y le dice algo al oído.
Él se pone de
pie, Desireé amaga una pequeña reverencia y Nath y Cas se arrodillan, yo
permanezco firme, el asombro me paraliza, en especial cuando él gira y me mira,
sus labios esbozan una sonrisa y sus ojos lucen cansados pero aliviados al fin.
Se acerca a mí y me toma de las manos. –Selene, hija mía, ¿me recuerdas?- Mis
labios se separan, intento decirle que sí, que reconozco su rostro aunque
juraría que nunca antes lo había visto, pero el sonido se rehúsa a abandonar mi
garganta. Él suspira entonces –Tu mente aún se encuentra vagando a través de
las fronteras del mundo-
Mi rostro cambia
en una mueca de interrogación y finalmente grito las palabras que ahogo desde
el momento en que desperté en esta realidad -¡¿Alguien puede explicarme qué
corno está pasando acá?! ¡¿Qué es lo que se supone que tengo que recordar?! ¡Por
qué todos parecen conocerme y yo no logro hacerlo?! ¡¿Quién soy?! ¡¿Qué está
pasando con mi mente?!- Mis rodillas no son capaces de seguir soportando el
peso de mi alma y caigo envuelta en llanto al piso, Nath se acerca y me abraza,
por lo que el Lord le dedica una mirada cargada de ira. -¿No fuiste capaz de
explicarle lo que estaba pasando antes de traerla aquí? Dejar que te la
llevaras fue un error muy grande que no cometeré de nuevo-
-No quería
atormentarla con fantasmas del pasado, cada día recupera un poco más de memoria
y con el tiempo suficiente, ella misma podría haber recordado todo- contesta
sumisamente Nath
-Ahora esa
opción no existe, repara tu error y ponla al tanto de la situación. ¡Salgan
todos de mi vista ahora mismo!- dice el Lord antes de volver a su silla y a su
letargo, su mirada recupera ese profundo pesar y esa dureza que indica que ha
sufrido mucho. Nath me levanta con cuidado y entramos nuevamente a la casa.
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