Una silueta en
la puerta nos devuelve a la realidad, es Dimitri, mi padre, quien nos mira con
cierto recelo. Me pongo de pie y me dirijo hacia él, y en un acto que ni yo
misma esperaba lo abrazo y lloro en sus brazos. Me siento protegida, como una
nena que se despierta en la noche tras una pesadilla. –Te recuerdo Padre-
Puedo sentir su
corazón acelerando su ritmo, mientras sus brazos me estrechan aún más fuerte
contra él. Cuando nos separamos, Nath no se encuentra más allí. Lo busco
desesperada con la mirada, inquieta. Mi padre intenta distraerme hablándome del
jardín, mostrándome flores y plantas exóticas.
Caminamos
algunos minutos, no sabría decir cuántos, y llegamos al Templo. Mi mirada se
fija en el Tyet dibujado en el frontispicio y soltando la mano de mi padre me
siento arrastrada hacia adentro, me aíslo del mundo, atravieso la puerta y
llego hasta una piedra piramidal azul que hace los modos de altar. Elevo mi
mirada al cenit, el techo es de cristal por lo que puedo ver el cielo nocturno.
Una ráfaga de viento me envuelve, una voz femenina me susurra “bienvenida a
casa hija” y caigo en trance.
Abro los ojos,
todo vestigio de mi vida como Samantha ha quedado en el recuerdo, soy Selene.
Salgo del Templo y encuentro a mi padre sentado bajo un árbol, luce tranquilo.
Corro a abrazarlo lo más rápido que puedo.
-¡Padre! ¡ya
recuerdo! ¡recuerdo todo!- grito alegremente mientras él me abraza y sonríe
feliz. -Eso quiere decir que…- mi mente se pierde otra vez en mis propios
pensamientos y mi rostro se vuelve tosco una vez más. -¿Qué pasó con mi vida
como Sam? Todos los que conocí, todos los que amé, Mini, mi hijita, quiero a mi
hijita conmigo, no puedo renunciar a ella, no pudo haber sido un sueño, yo la
llevé en mi interior, la tuve en mis brazos, ella es real, lo sé, lo sé en lo
profundo de mi ser.- Caigo llorando al piso, Dimitri se agacha a mi lado
–Hija, hay algo
que te he ocultado, ya es tiempo de que lo sepas- levanto mi mirada repleta de
lágrimas y lo miro a los ojos, puedo ver el dolor surcar los suyos, nos
sentamos bajo un árbol y él comienza a narrar la historia –Tu madre fue una
sacerdotisa, al igual que tu mi niña. La Hija de los Dioses la trajo a este
Templo cuando era una bebita recién nacida, nunca supimos quiénes eran sus
padres. Ella creció aquí, en este mismo jardín. Y fue aquí donde la descubrí
cuando yo rozaba los 22 años y ella los 11. Nos convertimos en amigos muy
cercanos, llegamos a llamarnos hermanos, y a medida que los años pasaban, ese
amor fraternal fue creciendo hasta convertirse en amor verdadero. Pero ella era
una sacerdotisa, era un bien demasiado preciado para que un aprendiz de
guerrero la poseyera. Así que cada noche, en silencio, nos encontrábamos en una
pequeña cascada en el bosque, sí hija, la misma cascada donde vos te
encontrabas con Nathanael.- dijo adivinando mis pensamientos tras la sorpresa
que no pude disimular.
-Así como yo
siempre lo supe, la Hija de los Dioses también lo supo entonces, pero por
alguna razón guardó silencio. Al igual que hoy, una guerra nos mortificaba en
aquel entonces. Esta ciudad no es una fortaleza, nunca estuvo preparada para la
batalla, pero es el corazón y el alma de los pueblos libres y por eso fue
entonces, como lo es ahora, codiciada por aquellos que pretenden el control
sobre todos y todo. Al final, la guerra tocó estas puertas- suspira y el dolor
en sus ojos se vuelve más profundo, me dedica una mirada y acaricia mi rostro
antes de continuar -Sos tan parecida a ella, el día que naciste las murallas
cayeron, yo partí a la guerra, pero nada podía detener al enemigo. Cuando todo
parecía perdido, ella caminó al frente de batalla y entregó su vida a los
Dioses a cambio del fin de la guerra. Una potente luz brotó entonces iluminando
la noche y cuando se extinguió, el enemigo había desaparecido y ella se
encontraba tendida en el suelo, muriendo.
Corrí hacia ella
y le prometí que iba a protegerte de todo mal. Entonces me dijo que tú estabas
atada a su mismo destino, que cargabas el mismo don y el mismo peso. Hija mía,
tú hablas de Mini, tu hija. Cuando cumpliste once años lo supe, las fronteras
de este mundo no son barrera para tu espíritu como tampoco lo eran para tu
madre. Ella vivió su vida en dos mundos distintos, viajando en sueños de uno a
otro, no sabiendo nunca cuál era el real y cuál el de ensueño. Esa noche me lo
confesó, ninguno es más real que otro, pero sólo en tu interior sabrás a cuál
perteneces.-
Una gruesa gota
corre ahora por mi mejilla derecha, estoy pasmada, no puedo emitir sonido, no
sé qué decir, qué sentir. ¿Acaso debo elegir entre este paraíso mágico y el
mundo capitalista? La elección no sería difícil si no fuera por Mini, jamás voy
a renunciar a mi hija. Mini… ¿estará atada ella también a este crudo destino?.
Ya no sé qué hacer ni que pensar, siento un gran peso en mi alma.
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